jueves, 30 de abril de 2015

1.000 km en horizontal – 24,6 metros en vertical




Me despido de Hervey Bay y de Woodshed Backpackers Hostel con un poco de morriña. Es de esos sitios en lo que si el tiempo fuera infinito, no dudaría en quedarme. La pareja que lo lleva es un encanto. Me han ofrecido trabajo para la temporada alta en verano, pero para entonces estaré en Nueva Zelanda. Tendré que mirar mi Working Holiday Visa para Australia para el año siguiente. Me han dicho que siempre habrá un hueco en verano para mí. Eso es de ser majetes...

Harbour Road en dirección al Oeste me lleva hacia la Bruce Hwy, que es un tramo más de la A1, autovía que va desde Melbourne hasta Cairns. Esa autovía que todo el mundo conduce de un lado para otro, vaya a donde vaya en la Costa Este. Esa autovía que a mí tan bien me viene para todos mis destinos, y que me voy a acaba tatuando en la frente. Espero, como siempre, a lo inesperable. Espero con mi cartel: “Spaniard goes north”. A los moteros les hago más hincapié, amagando con saltar en su moto. Me pitan y sonríen. Algunos gritan palabras incomprensible con el la velocidad, el aire y el acento. Al motero le correos le he hecho especial gracia. Un señor con una silla de ruedas eléctrica, de este tipo de modelos que están a matacaballo entre una silla de ruedas y un carrito de golf y una cortacésped de ir sentado encima. Un señor en una de esas me mira. Le pregunto gritando “¿Me llevas?”. Sonríe abiertamente y me responde “Cuando yo ande, te la regalo”. Reímos a la vez y me desea buena suerte. Habrá que tomárselo con humor.

Shirley es una mujer jubilada. A la voz de “¿Do you need a lift?” me da la bienvenida a su coche. Solamente va a Bundaberg, pero me puede sacar de Hervey Bay y ponerme en la A1, donde la gente ya va al sur y al norte indiscriminadamente. En esos 60 ó 70 km gozo de la compañía de una de las mejores personas del mundo. “A mí, si me dicen de hacer lo mismo que hacía de joven ahora, no lo hago ni loca...” Se refiere a una de esas veces en las que acampaba con su marido y sus hijos en el norte de Queensland, arriba del todo de Australia, en estos ríos anegados de “crocs” (cocodrilos) y se bañaban sin saber ni siquiera que estaban allí. Les iba a buscar el Sheriff del condado, sacándoles con prisa del río. “No lo sabíamos. Éramos jóvenes”. Yo le recuerdo una frase de Joe Simpson que dice que “cuando somos jóvenes nos falta la experiencia, pero nos falta el valor. Cuando crecemos tenemos la experiencia, pero nos hacemos cobardes”. No quiero que eso me pase. Shirley me alenta para que no caiga en eso. Su número de teléfono, junto a un dibujo de Fraser Island, están en mi libreta. No será fácil de olvidar.

En Appletree Creek me despido de ella. Es un pueblo que no tiene más que un bar, un Memorial Centre, donde en una pizarra atrasada pone que el día anterior celebraron ANZAC Day. Se trata del aniversario del día en que Australia y Nueva Zelanda comenzaron su participación en la Primera Guerra Mundial, enviando sus tropas a Gallipolli. No se trata del día nacional de Australia, pero cerca está. Desfiles y concentraciones se podían ver por la tele. En Hervey Bay sobrevolaron aviones de combate. Todos los War Memorial del país son objeto de encuentros, discursos, etc... y en Camberra estuvo Prince Charles de Inglaterra. Todo un acontecimiento que yo pasé en la playa en buena compañía. En Hervey, como dije, dejé buena gente.

Ahí, en Appletree Creek, no parece que vaya a tener muy buena suerte. Un señor sale del memorial y me ofrece un té, pero son las 11.30 de la mañana y yo tengo que hacer todos los kilómetros posibles. Mi plan es hacer todo lo que pueda entre ese domingo y el lunes para llegar a Ayr. Me sonríe y me desea buena suerte. No quiero que se lo tome a mal. Poco después una furgoneta destartalada hace un alto delante de mí. Normalemente la gente te mira, frunce el ceño, se lo piensa, te pasa, mira por el retrovisor, le das pena, y entonces es cuando paran. Pero esta vez para con premeditación. Un fontanero con una Mercedes destrartalada, polvorienta y llena de cachibaches del gremio me lleva hasta el desvío que le lleva a Gladstone. Me desposita allí deseandome buena suerte donde solamente me dará tiempo a comerme un sandwich antes de que Alan me recoja y me dé uno de los viajes de mi vida.

Presenemos la situación como un Ford Explorer que se sale de la carretera y para delante de mi. Esto es que sale de la carretera, sube un bordillo y se mete por el césped que hay delante de las casas y para justo delante de mí. Un todoterreno sucio, gris, con estos faros que de viejos ya son amarillos y semiopacos. Cuando abro la puerta para preguntarle hacia donde va me embriaga un olor a sudor y un acento indescifrable a la primera. No va hasta Ayr, que todavía está a 800km, pero va a mucho más de mitad de camino.

Alan es trabaja en ingeniaría civil, en minería. Es un currela de lo hidraúlico. Pantalones sucios. Polo de la empresa. Uñas negras. “Todo es aceite negro”. Al principio, como con casi todo el mundo, es mucho más mirar por la ventanilla que hablar con la gente, y más aún con Alan, que es más el tipo de persona con consejos como: “Ve a Arlie Beach. Está lleno de chochitos. Vas, pagas un par de cenas y unas cervezas, eres su gayumbazos, y follas seguro”. Así es Alan. En una de estas o te tiras del coche, o le ríes las gracias. Está casado y tiene una hija viviendo en Sydney. Es de esa especie que abunda. De esas personas que matarías por lo que dice, pero que en realidad no matarían ni una mosca, aunque defiendan la pena de muerte.

He aprendido un montón sobre la situación de la minería en Australia sin la necesidad de abrir un libro. Privatización de recursos, inversión extranjera, mano de obra, inmigración. Estoy leyendo un libro que se llama “No os volváis por donde habéis venido” que trata sobre cómo el modelo Australiano de inmigración ha evolucionados y por qué es como es. Y Alan es el perfecto ejemplo de nacionalista contrario a la multiculturalidad y la inmigración en el país.

De un tema a otra vamos saltando como liebres, y lo más interesante es cuando al final de cada discurso suyo, que yo escucho con atención, sucede la pregunta “¿Y en tu país cómo es?”. Y yo me quedo mirando al final de la carretera preguntándome cómo es España en cuestión de inmigración, minería, animales letales, animales no letales pero casi, pena de muerte... Y le respondo sobre nuestra política, y nuestros animalitos pacíficos, y nuestra no pena de muerte... Y Alan me mira fascinado. Es un paleto, pero muestra interés por las cosas. Le cogí cariño.

La ponencia que me hizo sobre animales australianos no tiene desperdicio ninguno, y yo no paraba de reír y de arquear mis cejas asombrado. Existe una especie de medusa llamada "stinger" o "Box Jellyfish". Chironex Fleckeri es la especie más mortal de medusa del mundo. Se trata de una medusa muy transparente, con cuerpo en forma de cubo y tentáculos de tres metros. Se dice que tiene veneno en sí para matar a 60 personas, pero las picaduras de sus tentáculos, que insertan minidardos con minidosis, en la mayoría de los casos no matan. Solamente provocan combulsiones, dolores infnitos que a penas pueden ser calmados con morfina y demás reacciones como espuma por la boca. El tratamiento de una picadura mortal tiene que ser tratado en un período de 2 a 5 minutos para evitar la muerte. Bien amigos, esta cosa está aquí en los meses de verano en las costas de Queensland, territorio en el que me encuentro. Una de las cláusulas de la escuela de buceo donde estoy es “Acepto el uso obligatorio de gorro, guantes, botas, etc... todo material en protección de la “stinger” en temporada de “stingers” y la exclusión de responsabilidades a la compañía”. No es temporada. No preocuparse. Pero, planteo ¿no es curioso que los animales más venenosos para el ser humano ni siquiera intenten comernos después? Este bicho se alimenta de camaroncitos y, por ejemplo, las tortugas son inmunes a su veneno.

Podemos seguir tirando del hilo, y como fabricantes de hilo están las arañas. Bien. Arañas existen varias, pero hay una especie negra con raya roja para el macho y con puntos rojos para la hembra que tiene veneno para 20 personas. Las más jodidas son las jóvenes, porque te muerden y te hincan todo el veneno que tienen dentro sin mesura. 10 minutos y estás fuera. No hay antídoto. Los adultos son más inteligentes en cierto sentido. Pican rápido con poco veneno y saltan hacia atrás para mirar si hay más depredadores, habiendo guardado veneno para otros posibles ataques.

Hay una especie de bicho con caparazón que anda por ahí, por el mar y las playas, que al pisarlo y sentirse amenazado sacará a través del caparazón un dardo que te atravesará el pie. 10 minutos después no estás para contarlo. Y existe una especia que no saben muy bien de dónde ha venido pero que antes no andaba por aquí del mismo estilo que no te mata. “Bien, mucho mejor”, parece que hay que decir. Este vendrá y te picará al sentirse amenazado igualmente. Tendrás una reacción alérgica que preferirás que te haya picado el anterior, el de los 10 minutos. O una stinger. Pero al tiempo se te pasará, porque no tiene antídoto pero se pasa. Hasta ahí todo bien, pero al cabo de unos meses, hasta años, volverá a aparecer la reacción para hacértelas pasar putas. Así hasta que te mueras. O te cortas el brazo, o a vivir con eso para toda la vida.

Así también tenemos cocodrilos que te acecharán durante un par de días si estás de acampada para ver cómo de peligroso eres y luego te comerán por la noche. Una especie que no ha cambiado desde la época de los dinosaurios por una sencilla razón: ya es perfecto. El canguro, bonito y apacible, con una cola dura como un coche y unas garras en las patas de atrás que apollado sobre su cola lanzará hacia tí y abrirá tus tripas de arriba a abajo. Igual que el koala, tranquilo y lento, pero capaz de dar “el abrazo del koala” si se ve amenzado. Gatos salvajes capaces de matar a un dingo destripándole y el diablo de tasmania, que obliga a relaciones sexuales a las hembras sometiéndolas y si estas no obedecen las mata. Todo esto y mucho más por aquí cerca...

“¿En tu país existe la pena de muerte? Qué pena. Aquí tampoco. Debería existir. Para asesinos en serie y violadores. Pero no para homicidas de tres al cuarto. A cualquiera en una pelea se le escapa un puñetazo mal dado, el otro tropieza, se da con la cabeza y se muere. O cualquier cosa. No, para eso no. asesinos en serie y violadores. ¿Sabes qué? Este es un buen país para la pena de muerte. Tenemos muchos animales peligrosos. Una pena de muerte con una piscina llena de “stingers”. Se abre la trampilla y...”.

Adan me deja en Sarina, un pueblo a 30km de Mackay, que cuenta con un hostel. Es de noche y no me gusta hacer autostop de noche. Creo que voy a tener que morir en Sarina. Suena a nombre llamativo y tierno, pero son las 7 de la noche y no sé yo. Pero Bruce ha venido a ver a sus amigos y vuelve para Mackay. Al día siguiente hay que trabajar. Buen tipo. Me deja en la puerta de un hostel que es un auténtico “shithole” como dicen aquí, en el que paso la noche y salgo disparado al día siguiente.

Un lunes a las 8.00 me despido de Mackay. Llegué el día anterior a las 20.00. ¡Huir! Me cuesta, no por esfuerzo pero si por tiempo, salir de la ciudad. El gran karma del día anterior se ve conrarrestado con el karma de este fatídico lunes. Cuando Alan me recogió me dejé el famoso cartel “Spaniard goes north”. Mi palo de andar ha debido quedar en algún sitio en Hervey Bay. No recuerdo cuando lo he visto la última vez Creo que allí. Mis gafas se han roto. Me he quitado la gorra para no se qué y me la he dejado olvidada en Mackay. He perdido una funda de un casco de música... En fin, el karma. Cada vez creo más en él.

Después de dos horas, haber sido echado de un sitio por la policía con gestos desde el otro lado de la calzada (dedito de autostop, negación con dedo índice, dedo corazón e índice hacia abajo haciendo el gesto de andar, dedo índice señalando fuera de la ciudad), de que un conductor me hiciese el “fuck you” con el dedo corazón... ¿Por qué es corazón el dedo del “fuck you”? Después de todo esto un amable caballero me ha sacado 50km fuera de la ciudad. “Los maderos están para joder”, me ha dicho. Empiezo a estar en territorio de sombreros de Croc Dundee, pickups con perros atrás, donde tiras la mochila y te montas alante como en las pelis, plantaciones de azúcar y muchas segadoras. Hervey Bay y donde estoy no he visto mucho más que eso. Y desde Rockhampton (Rocky para los amigos) se ha intensificado. Después del amable Croc Dundee ha venido un Kiwi en mi ayuda. Buen tipo. Gracias kiwi. Luego un hombre mayor, con cara de bonachón en Land Rover. Me recordaba a Paco “el Gordo”, para los de Valdeavellano. Su abuelo era de Cifuentes, un pueblo no sé dónde en España. Un pedacito de pan este hombre. Y después, por fin, la aventura de ir en furgoneta con dos furgoneteros backpackers holandeses. 100 km de historias de aventuras en una Volkswagen destartalada bebiendo cerveza de una nevera de camping que yo creo que calentaba. Gracias por esas cerves. Y mi recta final, ya en Ayr a 15km de Alva Beach, donde se encuentra Yongala Diving, una pareja de Fiji con sus dos críos han dado la vuelta y se han ofrecido a llevarme... ¡Buen Karma de nuevo! ¡En mi destino otra vez!

Ya en Alva Beach, solamente me queda esperar un par de días. No van al agua al día siguiente de mi llegada, por lo que me dedico a siestear y a caminar la playa arriba y abajo. La verdad es que es una playa no muy bonita, pero al final tiene un manglar que está desapareciendo en su parte más cercana a la orilla. Está como petrificado y seco. Y hay un par de coches encallados que me van abriendo camino hacia lo que es el verdadero encallamiento del día siguiente.

El Yongala SS (Southampton 1903) fue inagurado un buen día, justamente 112 años años antes de mi inmersión. Y digo justamente porque el 29 de Abril, el día de mi inmersión, es su cumpleaños. 112 añitos, y la verdad es que los aparente. Está cascado. Era su viaje número 99, el que nunca completó, cuando se dirigía desde Brisbane hasta Cairns. Salía de su parada en Mackay un 23 de Marzo de 1911 y, cuando todavía se le veía desde la orilla, se recibió un mensaje en el puerto de Mackay avisando de un ciclón que provenía de Townsville, unos 500km al norte. En aquella época se empezaban a instalar los lanzadores de señales inalámbricas, siendo el primero de Australia en Sydney, pero los receptores eran pocos. De hecho, el receptor del Yongala estaba por llegar desde la compañía fabricante en Inglaterra. El último avistamiento del Yongala es a mitad de camino, desde el Faro de Flat Top, con el tiempo empeorando por momentos. No como el Yongala SS, el Cooma si tuvo tiempo de recibir la noticia en Mackay, donde se resguardó de la tormenta durante un día entero.

La espera en Townsville se tornaba nerviosa. El Yongala SS no aparecía en su día previsto. Cuando el día 26 de Marzo apareció el Cooma antes que el Yongala SS en Townsville, se dio al Yongala SS por perdido y comenzaron las labores de búsqueda, que se convirtieron en la movilización de la marina y servicios de rescate por la búsqueda de un navío más importantes de la historia naval australiana. Sin resultados, se diopor concluda la búsqueda después de muchos días de rastrear la costa desde Townsville hasta Flat Top, donde fue visto la última vez. “Moonshine”, un caballo de carreras que embarcó en Mackay para dirigirse a Townsville fue, en aquel entonces, el único rastro del Yongala SS encontrado en un delta del Río Ross, cerca de Townsville.

Se convirtió en una historia trágica para Australia. La gente empezó a donar dinero para que se retomasen las labores de búsqueda, y para las familias afectadas. 1.000 libras serían entregadas a cualquiera que diera una pista de la situación del barco hundido. El Titanic australiano de la época.

En 1943 la Real Marina Australiana rastreaba la costa de arriba a abajo y al revés en busca de minas. Era la II Guerra Mundial. Esto lo hacían extendiendo dos cuerdas por debajo de los barcos a lo ancho con un peso. En caso de encontrar algo notarían tensión y lo arrastrarían. Eso fue lo que encontrarón, pero algo mucho más grande que una mina. En el momento no había presupuesto ni preocupación por un barco hundido 30 años antes. Ahora se trataba más de la guerra. Más tarde en 1947, también en un segundo rastreo de la Marina en la posguerra, se toparon otra vez con ella (en inglés los barcos suelen ser “she”) pero ahora estában recuperándose de la guerra. Yongala SS quedó en paz.

En 1958 Bill Kirkpatric, pescador, topó con el Yongala con su ancla. Habiendo escuchado de las historias del Yongala SS, habiendo sido esta una embarcación fantasma desde su desaparición de la cual se tenían avistamientos entre la niebla, o se podían escuchar las voces de los fallecidos (122. Todos). Atraído por esto Bill montó su propio rescate del Yongala SS, recuperando lo que era una placa de la caja fuerte de la cabina de mando. El número de placa se envió a Inglaterra, que tardó en contestar tres años diciendo que correspondía con la caja fuerte del Yongala SS. Queensland dijo que se encargaría de custodiar el barco hasta que Inglaterra respondiera, permitiendo a Bill llenarse de gloria y de fortuna después. Pero no fue así, pues en tres años mucha gente bajó allí abajo, y el bueno de Bill solamente se llenó de gloria, pero no de fortuna.

Hoy en día se sitúa a 12 millas marinas de la costa (media hora), entre esta y el arrecife de la Gran Barrera de Coral, en medio de donde antes no había nada más que arena. El coral encontró un lugar más cercano a la costa donde asentarse, dando hogar a muchísima fauna de la Gran Barrera. Muchos peces empezaron a creer que esto era casa cuando, después de nacer cerca de la orilla, volvían hacia el coral que tenían grabado en la memoria. Encontraban el Yongala SS y decían “qué bien, me habían dicho que mi piso estaba al doble de distancia”. No era su piso, era el Yongala SS, un nuevo arrecife artificial densamente poblado hoy en día. Una maravilla.

Después de esta historia, solamente dejaré paso a las fotos. Dejaré paso a lo que la escuela Yongala SS me ha dado la oportunidad de descubrir, con mucho tacto de humor por parte de su dueño y mucha profesionalidad. Dos inmersiones de casi 40 minutos cada una que no tienen precio. Bueno, sí, y bastante alto. Pero solamente se “yongala” una vez. O también he aprendido que “la vida son dos Yongalas y uno es hoy”. O al probarme el equipo decirme: “¿te acuerdas de la primera regla del submarinismo?” - de esto que te pones nervioso - “¡hay que estar guapo!” y me puso unas gafas de sol y me dijo que por eso mi traje era azul, mis aletas también, y mi tubo también. Sentido del humor. Me lo pasé en grande.

Dos peces mariposa y un Yongala
"Llévame al Yongala"

Disecado

Muerto el manglar...

... muerto el coche...

... muerto el salpicadero...

... muerto el que parecía un R19

Un cacho de mero de Queensland

Un pedazo de chimenea de barco "no paséis por debajo" nos decían en el barco en superficie. El primero en ir por debajo, el profe.

Se me ha colado el menú de Linux, pero es una bonita tortuga en el fondo igualmente


La muerte del Yongala SS crea una macrourbe submarina

En español, pez obispo, en inglés, "Bull ray". Mola mas "raya toro"


Yongala Historic Shipwreck

Una chimenea que da vida

Otra tortuguita



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