Me despido de Hervey
Bay y de Woodshed Backpackers Hostel con un poco de morriña. Es de
esos sitios en lo que si el tiempo fuera infinito, no dudaría en
quedarme. La pareja que lo lleva es un encanto. Me han ofrecido
trabajo para la temporada alta en verano, pero para entonces estaré
en Nueva Zelanda. Tendré que mirar mi Working Holiday Visa para
Australia para el año siguiente. Me han dicho que siempre habrá un
hueco en verano para mí. Eso es de ser majetes...
Harbour Road en
dirección al Oeste me lleva hacia la Bruce Hwy, que es un tramo más
de la A1, autovía que va desde Melbourne hasta Cairns. Esa autovía
que todo el mundo conduce de un lado para otro, vaya a donde vaya en
la Costa Este. Esa autovía que a mí tan bien me viene para todos
mis destinos, y que me voy a acaba tatuando en la frente. Espero,
como siempre, a lo inesperable. Espero con mi cartel: “Spaniard
goes north”. A los moteros les hago más hincapié, amagando con
saltar en su moto. Me pitan y sonríen. Algunos gritan palabras
incomprensible con el la velocidad, el aire y el acento. Al motero le
correos le he hecho especial gracia. Un señor con una silla de
ruedas eléctrica, de este tipo de modelos que están a matacaballo
entre una silla de ruedas y un carrito de golf y una cortacésped de
ir sentado encima. Un señor en una de esas me mira. Le pregunto
gritando “¿Me llevas?”. Sonríe abiertamente y me responde
“Cuando yo ande, te la regalo”. Reímos a la vez y me desea buena
suerte. Habrá que tomárselo con humor.
Shirley es una mujer
jubilada. A la voz de “¿Do you need a lift?” me da la bienvenida
a su coche. Solamente va a Bundaberg, pero me puede sacar de Hervey
Bay y ponerme en la A1, donde la gente ya va al sur y al norte
indiscriminadamente. En esos 60 ó 70 km gozo de la compañía de una
de las mejores personas del mundo. “A mí, si me dicen de hacer lo
mismo que hacía de joven ahora, no lo hago ni loca...” Se refiere
a una de esas veces en las que acampaba con su marido y sus hijos en
el norte de Queensland, arriba del todo de Australia, en estos ríos
anegados de “crocs” (cocodrilos) y se bañaban sin saber ni
siquiera que estaban allí. Les iba a buscar el Sheriff del condado,
sacándoles con prisa del río. “No lo sabíamos. Éramos jóvenes”.
Yo le recuerdo una frase de Joe Simpson que dice que “cuando somos
jóvenes nos falta la experiencia, pero nos falta el valor. Cuando
crecemos tenemos la experiencia, pero nos hacemos cobardes”. No
quiero que eso me pase. Shirley me alenta para que no caiga en eso.
Su número de teléfono, junto a un dibujo de Fraser Island, están
en mi libreta. No será fácil de olvidar.
En Appletree Creek
me despido de ella. Es un pueblo que no tiene más que un bar, un
Memorial Centre, donde en una pizarra atrasada pone que el día
anterior celebraron ANZAC Day. Se trata del aniversario del día en
que Australia y Nueva Zelanda comenzaron su participación en la
Primera Guerra Mundial, enviando sus tropas a Gallipolli. No se trata
del día nacional de Australia, pero cerca está. Desfiles y
concentraciones se podían ver por la tele. En Hervey Bay
sobrevolaron aviones de combate. Todos los War Memorial del país son
objeto de encuentros, discursos, etc... y en Camberra estuvo Prince
Charles de Inglaterra. Todo un acontecimiento que yo pasé en la
playa en buena compañía. En Hervey, como dije, dejé buena gente.
Ahí, en Appletree
Creek, no parece que vaya a tener muy buena suerte. Un señor sale
del memorial y me ofrece un té, pero son las 11.30 de la mañana y
yo tengo que hacer todos los kilómetros posibles. Mi plan es hacer
todo lo que pueda entre ese domingo y el lunes para llegar a Ayr. Me
sonríe y me desea buena suerte. No quiero que se lo tome a mal. Poco
después una furgoneta destartalada hace un alto delante de mí.
Normalemente la gente te mira, frunce el ceño, se lo piensa, te
pasa, mira por el retrovisor, le das pena, y entonces es cuando
paran. Pero esta vez para con premeditación. Un fontanero con una
Mercedes destrartalada, polvorienta y llena de cachibaches del gremio
me lleva hasta el desvío que le lleva a Gladstone. Me desposita allí
deseandome buena suerte donde solamente me dará tiempo a comerme un
sandwich antes de que Alan me recoja y me dé uno de los viajes de mi
vida.
Presenemos la
situación como un Ford Explorer que se sale de la carretera y para
delante de mi. Esto es que sale de la carretera, sube un bordillo y
se mete por el césped que hay delante de las casas y para justo
delante de mí. Un todoterreno sucio, gris, con estos faros que de
viejos ya son amarillos y semiopacos. Cuando abro la puerta para
preguntarle hacia donde va me embriaga un olor a sudor y un acento
indescifrable a la primera. No va hasta Ayr, que todavía está a
800km, pero va a mucho más de mitad de camino.
Alan es trabaja en
ingeniaría civil, en minería. Es un currela de lo hidraúlico.
Pantalones sucios. Polo de la empresa. Uñas negras. “Todo es
aceite negro”. Al principio, como con casi todo el mundo, es mucho
más mirar por la ventanilla que hablar con la gente, y más aún con
Alan, que es más el tipo de persona con consejos como: “Ve a Arlie
Beach. Está lleno de chochitos. Vas, pagas un par de cenas y unas
cervezas, eres su gayumbazos, y follas seguro”. Así es Alan. En
una de estas o te tiras del coche, o le ríes las gracias. Está
casado y tiene una hija viviendo en Sydney. Es de esa especie que
abunda. De esas personas que matarías por lo que dice, pero que en
realidad no matarían ni una mosca, aunque defiendan la pena de
muerte.
He aprendido un
montón sobre la situación de la minería en Australia sin la
necesidad de abrir un libro. Privatización de recursos, inversión
extranjera, mano de obra, inmigración. Estoy leyendo un libro que se
llama “No os volváis por donde habéis venido” que trata sobre
cómo el modelo Australiano de inmigración ha evolucionados y por
qué es como es. Y Alan es el perfecto ejemplo de nacionalista
contrario a la multiculturalidad y la inmigración en el país.
De un tema a otra
vamos saltando como liebres, y lo más interesante es cuando al final
de cada discurso suyo, que yo escucho con atención, sucede la
pregunta “¿Y en tu país cómo es?”. Y yo me quedo mirando al
final de la carretera preguntándome cómo es España en cuestión de
inmigración, minería, animales letales, animales no letales pero
casi, pena de muerte... Y le respondo sobre nuestra política, y
nuestros animalitos pacíficos, y nuestra no pena de muerte... Y Alan
me mira fascinado. Es un paleto, pero muestra interés por las cosas.
Le cogí cariño.
La ponencia que me
hizo sobre animales australianos no tiene desperdicio ninguno, y yo
no paraba de reír y de arquear mis cejas asombrado. Existe una
especie de medusa llamada "stinger" o "Box Jellyfish".
Chironex Fleckeri es la especie más mortal de medusa del mundo. Se
trata de una medusa muy transparente, con cuerpo en forma de cubo y
tentáculos de tres metros. Se dice que tiene veneno en sí para
matar a 60 personas, pero las picaduras de sus tentáculos, que
insertan minidardos con minidosis, en la mayoría de los casos no
matan. Solamente provocan combulsiones, dolores infnitos que a penas
pueden ser calmados con morfina y demás reacciones como espuma por
la boca. El tratamiento de una picadura mortal tiene que ser tratado
en un período de 2 a 5 minutos para evitar la muerte. Bien amigos,
esta cosa está aquí en los meses de verano en las costas de
Queensland, territorio en el que me encuentro. Una de las cláusulas
de la escuela de buceo donde estoy es “Acepto el uso obligatorio de
gorro, guantes, botas, etc... todo material en protección de la
“stinger” en temporada de “stingers” y la exclusión de
responsabilidades a la compañía”. No es temporada. No
preocuparse. Pero, planteo ¿no es curioso que los animales más
venenosos para el ser humano ni siquiera intenten comernos después?
Este bicho se alimenta de camaroncitos y, por ejemplo, las tortugas
son inmunes a su veneno.
Podemos seguir
tirando del hilo, y como fabricantes de hilo están las arañas.
Bien. Arañas existen varias, pero hay una especie negra con raya
roja para el macho y con puntos rojos para la hembra que tiene veneno
para 20 personas. Las más jodidas son las jóvenes, porque te
muerden y te hincan todo el veneno que tienen dentro sin mesura. 10
minutos y estás fuera. No hay antídoto. Los adultos son más
inteligentes en cierto sentido. Pican rápido con poco veneno y
saltan hacia atrás para mirar si hay más depredadores, habiendo
guardado veneno para otros posibles ataques.
Hay una especie de
bicho con caparazón que anda por ahí, por el mar y las playas, que
al pisarlo y sentirse amenazado sacará a través del caparazón un
dardo que te atravesará el pie. 10 minutos después no estás para
contarlo. Y existe una especia que no saben muy bien de dónde ha
venido pero que antes no andaba por aquí del mismo estilo que no te
mata. “Bien, mucho mejor”, parece que hay que decir. Este vendrá
y te picará al sentirse amenazado igualmente. Tendrás una reacción
alérgica que preferirás que te haya picado el anterior, el de los
10 minutos. O una stinger. Pero al tiempo se te pasará, porque no
tiene antídoto pero se pasa. Hasta ahí todo bien, pero al cabo de
unos meses, hasta años, volverá a aparecer la reacción para
hacértelas pasar putas. Así hasta que te mueras. O te cortas el
brazo, o a vivir con eso para toda la vida.
Así también
tenemos cocodrilos que te acecharán durante un par de días si estás
de acampada para ver cómo de peligroso eres y luego te comerán por
la noche. Una especie que no ha cambiado desde la época de los
dinosaurios por una sencilla razón: ya es perfecto. El canguro,
bonito y apacible, con una cola dura como un coche y unas garras en
las patas de atrás que apollado sobre su cola lanzará hacia tí y
abrirá tus tripas de arriba a abajo. Igual que el koala, tranquilo y
lento, pero capaz de dar “el abrazo del koala” si se ve amenzado.
Gatos salvajes capaces de matar a un dingo destripándole y el diablo
de tasmania, que obliga a relaciones sexuales a las hembras
sometiéndolas y si estas no obedecen las mata. Todo esto y mucho más
por aquí cerca...
“¿En tu país
existe la pena de muerte? Qué pena. Aquí tampoco. Debería existir.
Para asesinos en serie y violadores. Pero no para homicidas de tres
al cuarto. A cualquiera en una pelea se le escapa un puñetazo mal
dado, el otro tropieza, se da con la cabeza y se muere. O cualquier
cosa. No, para eso no. asesinos en serie y violadores. ¿Sabes qué?
Este es un buen país para la pena de muerte. Tenemos muchos animales
peligrosos. Una pena de muerte con una piscina llena de “stingers”.
Se abre la trampilla y...”.
Adan me deja en
Sarina, un pueblo a 30km de Mackay, que cuenta con un hostel. Es de
noche y no me gusta hacer autostop de noche. Creo que voy a tener que
morir en Sarina. Suena a nombre llamativo y tierno, pero son las 7 de
la noche y no sé yo. Pero Bruce ha venido a ver a sus amigos y
vuelve para Mackay. Al día siguiente hay que trabajar. Buen tipo. Me
deja en la puerta de un hostel que es un auténtico “shithole”
como dicen aquí, en el que paso la noche y salgo disparado al día
siguiente.
Un lunes a las 8.00
me despido de Mackay. Llegué el día anterior a las 20.00. ¡Huir!
Me cuesta, no por esfuerzo pero si por tiempo, salir de la ciudad. El
gran karma del día anterior se ve conrarrestado con el karma de este
fatídico lunes. Cuando Alan me recogió me dejé el famoso cartel
“Spaniard goes north”. Mi palo de andar ha debido quedar en algún
sitio en Hervey Bay. No recuerdo cuando lo he visto la última vez
Creo que allí. Mis gafas se han roto. Me he quitado la gorra para no
se qué y me la he dejado olvidada en Mackay. He perdido una funda de
un casco de música... En fin, el karma. Cada vez creo más en él.
Después de dos
horas, haber sido echado de un sitio por la policía con gestos desde
el otro lado de la calzada (dedito de autostop, negación con dedo
índice, dedo corazón e índice hacia abajo haciendo el gesto de
andar, dedo índice señalando fuera de la ciudad), de que un
conductor me hiciese el “fuck you” con el dedo corazón... ¿Por
qué es corazón el dedo del “fuck you”? Después de todo esto un
amable caballero me ha sacado 50km fuera de la ciudad. “Los maderos
están para joder”, me ha dicho. Empiezo a estar en territorio de
sombreros de Croc Dundee, pickups con perros atrás, donde tiras la
mochila y te montas alante como en las pelis, plantaciones de azúcar
y muchas segadoras. Hervey Bay y donde estoy no he visto mucho más
que eso. Y desde Rockhampton (Rocky para los amigos) se ha
intensificado. Después del amable Croc Dundee ha venido un Kiwi en
mi ayuda. Buen tipo. Gracias kiwi. Luego un hombre mayor, con cara de
bonachón en Land Rover. Me recordaba a Paco “el Gordo”, para los
de Valdeavellano. Su abuelo era de Cifuentes, un pueblo no sé dónde
en España. Un pedacito de pan este hombre. Y después, por fin, la
aventura de ir en furgoneta con dos furgoneteros backpackers
holandeses. 100 km de historias de aventuras en una Volkswagen
destartalada bebiendo cerveza de una nevera de camping que yo creo
que calentaba. Gracias por esas cerves. Y mi recta final, ya en Ayr a
15km de Alva Beach, donde se encuentra Yongala Diving, una pareja de
Fiji con sus dos críos han dado la vuelta y se han ofrecido a
llevarme... ¡Buen Karma de nuevo! ¡En mi destino otra vez!
Ya en Alva Beach,
solamente me queda esperar un par de días. No van al agua al día
siguiente de mi llegada, por lo que me dedico a siestear y a caminar
la playa arriba y abajo. La verdad es que es una playa no muy bonita,
pero al final tiene un manglar que está desapareciendo en su parte
más cercana a la orilla. Está como petrificado y seco. Y hay un par
de coches encallados que me van abriendo camino hacia lo que es el
verdadero encallamiento del día siguiente.
El Yongala SS
(Southampton 1903) fue inagurado un buen día, justamente 112 años
años antes de mi inmersión. Y digo justamente porque el 29 de
Abril, el día de mi inmersión, es su cumpleaños. 112 añitos, y la
verdad es que los aparente. Está cascado. Era su viaje número 99,
el que nunca completó, cuando se dirigía desde Brisbane hasta
Cairns. Salía de su parada en Mackay un 23 de Marzo de 1911 y,
cuando todavía se le veía desde la orilla, se recibió un mensaje
en el puerto de Mackay avisando de un ciclón que provenía de
Townsville, unos 500km al norte. En aquella época se empezaban a
instalar los lanzadores de señales inalámbricas, siendo el primero
de Australia en Sydney, pero los receptores eran pocos. De hecho, el
receptor del Yongala estaba por llegar desde la compañía fabricante
en Inglaterra. El último avistamiento del Yongala es a mitad de
camino, desde el Faro de Flat Top, con el tiempo empeorando por
momentos. No como el Yongala SS, el Cooma si tuvo tiempo de recibir
la noticia en Mackay, donde se resguardó de la tormenta durante un
día entero.
La espera en
Townsville se tornaba nerviosa. El Yongala SS no aparecía en su día
previsto. Cuando el día 26 de Marzo apareció el Cooma antes que el
Yongala SS en Townsville, se dio al Yongala SS por perdido y
comenzaron las labores de búsqueda, que se convirtieron en la
movilización de la marina y servicios de rescate por la búsqueda de
un navío más importantes de la historia naval australiana. Sin
resultados, se diopor concluda la búsqueda después de muchos días
de rastrear la costa desde Townsville hasta Flat Top, donde fue visto
la última vez. “Moonshine”, un caballo de carreras que embarcó
en Mackay para dirigirse a Townsville fue, en aquel entonces, el
único rastro del Yongala SS encontrado en un delta del Río Ross,
cerca de Townsville.
Se convirtió en una
historia trágica para Australia. La gente empezó a donar dinero
para que se retomasen las labores de búsqueda, y para las familias
afectadas. 1.000 libras serían entregadas a cualquiera que diera una
pista de la situación del barco hundido. El Titanic australiano de
la época.
En 1943 la Real
Marina Australiana rastreaba la costa de arriba a abajo y al revés
en busca de minas. Era la II Guerra Mundial. Esto lo hacían
extendiendo dos cuerdas por debajo de los barcos a lo ancho con un
peso. En caso de encontrar algo notarían tensión y lo arrastrarían.
Eso fue lo que encontrarón, pero algo mucho más grande que una
mina. En el momento no había presupuesto ni preocupación por un
barco hundido 30 años antes. Ahora se trataba más de la guerra. Más
tarde en 1947, también en un segundo rastreo de la Marina en la
posguerra, se toparon otra vez con ella (en inglés los barcos suelen
ser “she”) pero ahora estában recuperándose de la guerra.
Yongala SS quedó en paz.
En 1958 Bill
Kirkpatric, pescador, topó con el Yongala con su ancla. Habiendo
escuchado de las historias del Yongala SS, habiendo sido esta una
embarcación fantasma desde su desaparición de la cual se tenían
avistamientos entre la niebla, o se podían escuchar las voces de los
fallecidos (122. Todos). Atraído por esto Bill montó su propio
rescate del Yongala SS, recuperando lo que era una placa de la caja
fuerte de la cabina de mando. El número de placa se envió a
Inglaterra, que tardó en contestar tres años diciendo que
correspondía con la caja fuerte del Yongala SS. Queensland dijo que
se encargaría de custodiar el barco hasta que Inglaterra
respondiera, permitiendo a Bill llenarse de gloria y de fortuna
después. Pero no fue así, pues en tres años mucha gente bajó allí
abajo, y el bueno de Bill solamente se llenó de gloria, pero no de
fortuna.
Hoy en día se sitúa
a 12 millas marinas de la costa (media hora), entre esta y el
arrecife de la Gran Barrera de Coral, en medio de donde antes no
había nada más que arena. El coral encontró un lugar más cercano
a la costa donde asentarse, dando hogar a muchísima fauna de la Gran
Barrera. Muchos peces empezaron a creer que esto era casa cuando,
después de nacer cerca de la orilla, volvían hacia el coral que
tenían grabado en la memoria. Encontraban el Yongala SS y decían
“qué bien, me habían dicho que mi piso estaba al doble de
distancia”. No era su piso, era el Yongala SS, un nuevo arrecife
artificial densamente poblado hoy en día. Una maravilla.
Después de esta
historia, solamente dejaré paso a las fotos. Dejaré paso a lo que
la escuela Yongala SS me ha dado la oportunidad de descubrir, con
mucho tacto de humor por parte de su dueño y mucha profesionalidad.
Dos inmersiones de casi 40 minutos cada una que no tienen precio.
Bueno, sí, y bastante alto. Pero solamente se “yongala” una vez.
O también he aprendido que “la vida son dos Yongalas y uno es
hoy”. O al probarme el equipo decirme: “¿te acuerdas de la
primera regla del submarinismo?” - de esto que te pones nervioso -
“¡hay que estar guapo!” y me puso unas gafas de sol y me dijo
que por eso mi traje era azul, mis aletas también, y mi tubo
también. Sentido del humor. Me lo pasé en grande.
![]() |
| Dos peces mariposa y un Yongala |
| "Llévame al Yongala" |
| Disecado |
| Muerto el manglar... |
| ... muerto el coche... |
| ... muerto el salpicadero... |
| ... muerto el que parecía un R19 |
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| Un cacho de mero de Queensland |
![]() |
| Un pedazo de chimenea de barco "no paséis por debajo" nos decían en el barco en superficie. El primero en ir por debajo, el profe. |
![]() |
| Se me ha colado el menú de Linux, pero es una bonita tortuga en el fondo igualmente |
![]() |
| La muerte del Yongala SS crea una macrourbe submarina |
![]() |
| En español, pez obispo, en inglés, "Bull ray". Mola mas "raya toro" |
![]() |
| Yongala Historic Shipwreck |
![]() |
| Una chimenea que da vida |
![]() |
| Otra tortuguita |











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