domingo, 24 de mayo de 2015

En mi jardín hay un glaciar (Franz J - Wanaka - Fox Glacier)

Es algo complicado sacar algo de emocionante, o algo más emocionante de lo normal, o algo que reslate cuando lo que resalta es el paraje. Cuando tu jardín de atrás es el bosque, y a una hora de tu casa hay un glaciar. No sé muy bien cómo enfocar el blog de ahora en adelante. No sé muy bien cómo continuar contando aventuras cuando la vida es una aventura. Pero lo intentaré. Y si no, esto se convertirá en un blog de fotografía con pies de foto.

Llegué a NZ a las cinco y media de la mañana, con una hora de retraso. ¡Qué maravilla es que un vuelo salga a las 00:30 y llegue tres horas más tarde, con dos horas más de diferencia! Pero te hace el día que aduanas sea un paseo por el parque. Yo ya estaba asustado con todo. Es un poco un aburrimiento tener el miedo y la congoja de si te van a dejar entrar o no... Pero el señor agente solamente me hizo unas preguntas, las de rigor: “¿Qué visado tienes, cuánto tiempo, cuánto dinero...? Y me pasó con el departamento de “¿Qué traes ahí dentro?”. Ni comida, ni botas, porque he reventado mis Asolo en Australia... :( . Se llevan mi tienda de campaña. Aquí son muy meticulosos con las plagas y la entrada de especies invasoras, así que supongo que la abrieron, miraron si traía bichitos y me la devolvieron precintada. ¡Ya estaba en NZ!

Han sido muchas personas las que me han escuchado, oído, hablado, comprendido, apoyado... con esto de NZ. Fue un sueño que se fraguó hace dos años. Me acuerdo en estos momentos de las personas que se han comido mis momentos de enseñar fotos de Wanaka diciendo “yo voy a estar allí”. Se me cae un poco la lagrimilla pensando en cómo ha salido todo. Pensando en cómo todo el mundo ha visto esta idea crecer, y tenerla delante. Estar dentro. No estar en Wanaka, pero estar en Franz Josef... Bueno, que eso. Que me dieron el trabajo y tengo curro de recepcionista en un hostel en las montañas. Para quien me conozca... ¿Algo más se puede pedir? Sí, una familia momentanea.

Llegué a Christchurch, a casa de mi Couchsurfing, y la llave no estaba donde tenía que estar. La puerta de alante esta cerrada. La puerta de atrás estaba cerrada. La zapatilla donde se supone que tenía que estar estaba vacía. Al menos, el trayecto desde el aeropuerto hasta allí, aunque largo, había estado repleto de amabilidad kiwi. La conductora del bus del aeropuerto me dijo exactamente cómo llegar, y me aconsejó andar cinco minutos fuera del aeropuerto para que en vez de 8$ el bus me costara 3$. Y la conductora que me cogió fuera, al decirle qué bus tenía que coger después, fue supersimpática. Y el otro conductor también. ¡Bienvenido a kiwilandia! Y esa casa estaba cerrada. Y encontré un cobertizo en el que resguardarme de la lluvia. Con un enchufe para mi teléfono incluído para mandarle un mensaje a Lex. ¡Hay una llave de reserva en otro cobertizo! Siestón y papeleo...

Tengo una lista de tareas que supera la ficción. Abrir una cuenta del banco, sacarme el número para pagar mis impuestos, compras varias (botas, más botas...), comprar un coche... Sí, amigos de la comedia. Me he comprado un coche y se llama Fury (Furia). Todo esto en dos días. Y unas apasionantes tortillas de patata con vino y cerveza en casa de Lex. Y mucho intercambio de libros y películas. Y poner el rumbo a Franz Josef. Suerte que la mitad de mis tareas se pueden hacer en la oficina de correos. He podido hacer la transferencia del coche, el número de impuestos, la cuenta del banco, la tarjeta de débito... todo en la oficina de correos. ¡Qué competentes!

Una carretera apasionante a lomos de Fury. Bueno, en el asiento en realidad. Cruzo Arthur Pass y me siento el más afortunado del mundo. Me tomo un café en un bar de carretera. Escucho Extremoduro en Fury, con un cassette acopla, mi móvil acoplado a un chisme de estos del parabrisas, y la ventanilla a medioabrir. El aire de la West Coast empieza a rozar mi mejilla. Disfruto del paisaje, del camino, de la conducción, y llego a mi nuevo hogar. Cinco meses.

La llegada y la primera semana ha sido un poco caótica porque ha habido mierdas internas y un tío de recepción se ha acabado largando. Ese es un buen resumen. Pero por lo que a mí respecta... Todo controlado. Tengo una habitación para mí solo en una casa al lado del hostel. Somos cuatro ahora. Emma, Sarah, Mark y yo. Creo que es una buena familia. Creo que va a ser muy divertido. Ya hemos organizado varias cenas, hemos salido de cervezas al único bar de la ciudad, hemos redecorado el salón... Y nos hemos comprado un Risk para el duro invierno. ¡ Y una bici para los días soleados! Asentando el invierno aquí, que es frío pero no muy húmedo. Asentando que mi jardín de atrás sea un glaciar. Asentando que voy a hacer paracaidismo, puenting, kayak, quads, viajes en helicóptero y escalada en hielo gratis. Porque todas las actividades que ofrecemos y vendemos son gratis para nosotros. Ahhh! Locura!

Mi primer fin de semana lo he pasado en Wanaka. Aquel pueblo que fue mi sitio predilecto desde internet. Mi ventana a NZ. Pero acabó siendo, por suerte, Franz Josef. Un Franz Josef que ahora veo con cariño, con futuro y con familia. Postiza, pero familia. Fury hace las veces de autobús de todos. La recepción la siento muy cómoda. Josh, mi jefe, un crack. Mark, un galés que le gustan los dardos y vino para acá porque su padre nació aquí. Emma, una kiwi sin complejos. Sarah, una canadiense con la que creo que me voy a andar todos los caminos habidos y por haber. Y “Milkshakes” (Batidos), nuestro gato, que ya duerme conmigo en el sofá.

Más allá de aventurillas cotidianas, dejo paso a fotos. Hoy he inagurado el invierno con un repollo rehogado con patatas y cebolla. Una tortilla que se pegó a la sartén acabó siendo un revuelto que acabó en el horno gratinado con queso. Y las torrijas están al caer. Creo que no lo voy a pasar mal.

Furia de camino a mi nuevo hogar

Después de hacerme la foto me di cuenta de que íbamos muy conjuntados


La broma de camino a Roberts Point

A la izquierda de la cascada hay un mínimo punto blanco que es un helicóptero. Este sitio no me deja de recordar a Parque Jurásico

Franz Josef Glacier - Destacado con un cículo un helicóptero, para destacar la magnitud del lugar. Franz Josef ha retrocedido tres kilómetros en un siglo. A pesar de nuestros esfuerzos por destruir el planeta y sus maravillas, también se trata de un ciclo de congelación y descongelación, que estamos acelerando. En seis años su morrena ha retrocedido 600m. Aún así, acojona.

Franz Josef Glacier

Cam, Mark, Sarah, Emma y Jun

Lago Hawea, de camino a Wanaka


Lago Wanaka desde el Mt. Roy (1516m)

Lago Wanaka desde el Mt. Roy (1516m)

Lago Wanaka desde el Mt. Roy (1516m) No he sabido elegir la mejor panorámica, así que he puesto todas

De vuelta a casa después de un maravilloso finde en Wanaka



De camino a Fox Glacier después de un día de curro. Un paseo por el parque después de currar.

Fox Glacier (con la boca completamente abierta)

Esto y mucho más es lo que me depara vivir en Franz Josef. Todos estáis invitados. Creo que merece la pena algún esfuerzo. Solamente digo eso.

domingo, 17 de mayo de 2015

Lo que era Melbourne acabó en la GORJ


La vida puede dar muchas vueltas en el transcurso de cuatro días. Vuelves de una isla incomunicada , mirando tus emails en una furgoneta que te lleva de vuelta, y descubres el email en respuesta a una solicitud de trabajo que enviaste un mes antes, para probar. Eso es lo que pasó. Respondí inmediatamente, disculpándome y haciéndome el interesante diciendo que es que estaba en un isla haciendo el gamberro cuatro días, acampando con un camping gas en sitios impresionantes. Bueno, ¡es que soy intereante! Todo esto mientras un alma caritativa me ofrecía llegarme a Cairns, punto final a la Costa Este para mí, esa misma tarde. Más tarde me quedaría en su casa a dormir, discurriendo y debatiendo los problemas del mundo acompañado de buena cerveza y buena música. Ya sé que quiero ser como Chris de mayor.

Al día siguiente tenía una entrevista por Skype con Josh. Todo esto surge en Cairns, una ciudad en temporada baja, meca de todos los deportes: submarinismo en la gran barrera, paracaidimso, puenting, rafting, kayak (nunca sabré la diferencia), trekking, hiking... Todos los (-ing). El hostel es muy relajadito para el ambiente que me han pintado de Cairns, que es como Party City o Sin City. Hamacas en el patio, una piscinita... Aprovecho para mi paz y tranquilidad. Leer, no hacer nada, dar una vuelta, volver a no hacer nada, conversar, unas cervecitas, actualizar el blog... y desde una hamaca y con un café me entrevisto con Josh. Todo fluye. Todo va debuti, así que es viernes y el lunes me dirá algo. Descubro un rocódromo en el paseo de la playa. Escalo, me relajo, me pongo nervisoso con la entrevista del YHA Hostel Franz Josef, duermo mal... jajaja. Mi cabeza es rara.

El domingo por la mañan vuelo a Melbourne. Cairns a sido un estado de tránsito. Mi cabeza está en Nueva Zelanda. Muy en Nueva Zelanda. Mi cabeza es kiwi. Suave y peluda. En el aeropuerto conozco a una brasileña. Volamos juntos a Melbourne y se le pasa algo por la cabeza. Existe algo que se llama Great Ocean Road. Se trata de la carretera de la costa que une Melbourne con Adelaide. Retorcida y peligrosa carretera, a la par que bella y llena de paradas para ver la costa, ver las montañas, el bosque... Un placer.

Misión: Alquilar un coche
Pros: Echo de menos conducir
Contras: No sé si aceptarán mi licencia – Primera vez conduciendo por la izquierda y sentado en la derecha – Dinero

Al llegar a Melbourne preguntamos en Europcar en el aeropuerto y nos dicen que no hay ningún problema con mi carnet. Saltamos de emoción. Primera prueba superada. Parece que ponermos rumbo a la Great Ocean Road.

Pero primero tengo que contactar y quedar con mi couchsurfer. Stefan es un crack donde los haya. Cuando le cuento el plan me dice que por el ni puto problema. Que me vaya a la Ocean Road y que disfrute. Pero empezamos disfrutando en Melbourne. Es domingo por la noche y nos vamos con sus amigos a cenar a un chino en el que nos ponemos hasta las cejas. Ahhh, comida china y un montón de vegetarianos en el grupo. !Ummm! Deliciosa comida. !Qué placer más excepcional! Después nos espera uno de esos momentos que solo Couchsurfing te puede dar: Una velada jugando al Risk de la Guerra de las Galaxias. Sí, amigos de la fuerza y de los rebeldes. Duke Obi Wan es la contraseña del Wifi en casa de Stefan, así que se sabía por donde iban los tiros. Además... todos se saben todos los planetas, naves, bichitos de las figuritas... todo. Fue muy divertido... No me sentí para nada fuera de la fuerza. Bueno, es que yo jugaba con el imperio. Y me sirvió para emborracharme un poco para dormir a gusto, porque al día siguiente me daban una respuesta sobre el curro en Franz Josef.

Buenos días de un lunes 11 de Mayo. Me despierto a las ocho y, obviamente, nada en mi teléfono. Espero remoloeando en la cama lo que finalmente es un email de Josh, el que mi hizo la entrevista. Solamente quiere pedirme las referencias de mis anteriores trabajos, así que deduzco que hasta el día siguiente nada me va a dar noticias de mi curro. Pero media hora después de responderle me manda otro email diciéndome que el curro es mío. Franz Josef Glacier. Hostel y montañas. ¡Ni en sueños! Llamo a Mel, la brasileña. Le digo que el desayuno hoy lo pago yo. Sonrío por la calle como un tonto. Vamos a visitar Melbourne. Después, nos vamos a alquilar un coche. ¡Nos vamos a la Great Ocean Road! Un camino de ida y vuelta. El martes ida. El miércoles vuelta, devolver el coche a las 18.00 y al aeropuerto, que a las 23.00 salgo para NZ.

La Great Ocean Road tiene todo lo que le falta a la Pacific Road en la Costa Este Australiana. Lluvia, más bosque, acantilados, un temporal desproporcionado, curvas (¡y qué curvas!)... alquilar el coche no nos supone problema, y en mi primer día conduciendo por la izquierda intento no liarla yendo despacio. Pero el sindrome europeo me lleva a situar mi volante derecho a la parte izquirda del carril, por lo que normalmente invado el carril de mi izquierda. No muchas pitadas, pero se va haciendo de noche y, nada más dejar a Mel en su hotel se me acaba la batería del móvil. Eso significa que o paro en una gasolinera a comprar un cargador o me arriesgo a intentar llegar a casa de Stefan por mi mismo. Casa de Stefan significa... Fuenlabrada (Heidelberg). Guiado por mi brújula de muñeca (gracias de nuevo padres. Hasta para esto es últil). Un par de veces saltándome la salida en la autopista y teniendo que dar la vuelta. Intuición y memoria marcan mi camino, pero... ¿Qué memoria en una autovía por la que he pasado de pasajero una vez cuando Stefan me recogió con su hermano el día anterior? Pues sí, sí, mi memoria funciona rara, pero funciona, porque recuerdo que es por aquí y por allá, y cuando ya estoy en Heidelberg solamente me falta preguntar por la estación de tren y desde allí me dirijo directo a casita. Stefan y su hermano Chris flipan. Cervcitas y nos vamos a un bar vegano en el que tienen bufet y pagas la voluntad. Oh my god! ¡Qué rico! ¡Qué buena idea! Aunque sé que la mitad de las ideas aquí, en Madrid no funcionarían por la gorronería de la gente. Como dejar un puesto de plátanos vacío con una balanza y un cartel “2$ el kilo”. Y tu vas, te pesas lo que quieres, y pagas lo que es. Allí harían falta bastantes lecciones de matemáticas, una reja electrificada alrededor de los platanos y una caja fuerte. Pero aquí va.

Es martes y voy a buscar a Mel en nuestro flamante Hyundai i20, al que hemos bautizado como “Handy Candy” o “Práctico Caramelo”, porque tiene un montón de cosas prácticas, como usb para la música, es pequeño y es rojo. Handy Candy nos saca de Melbourne volando como un caramelo propulsado desde una boca escupidora. Nuestra primera parada en Geelong para desayunar, y aqui la gente es más amable que en cualquier lugar que haya visto antes. ¡Vaya que si lo son! La chica del bar donde vamos a desayunar es un encanto. Ya no sé si es que en los curros de atención al público se lo exigen, o si simplemente son así con su madre también. Pero lo que ya me sacó una carcajada es cuando cada vez que se refería al desayuno “breakfast” decía “breaky”. Como “desayunqui”. “¿Qué tal el desayuniqui?” “¿Qué queréis de desayuniqui?” “¿Queréis algo más de desayuniqui?” Ahhh! ¡Qué cursi y que maja! ¡Qué me la como!

Después empieza un día que solamente quedará plasmado por imágenes en mi memoria, por una carretera superdivertida de conducir, con un extremadamente buena banda sonora que yo pongo y que Mel agradece a cada canción. Hacemos paradas en diversos lugares. Algunos muy majos, como aparcamientos a pie de carretera llenos de pick-ups y furgos de surferos. Paras, ves unas cuantas olas y surferos, y te piras. Muy divertido, la verdad. Paramos a ver un bosque en el que si andas un poco puedes ver koalas. Y casi no nos hace falta ni andar. Solamente hasta donde están enfocando los objetivos. De paso también encontramos muchos japoneses con pan en las manos y numerosas cacatúas y diversos pájaros de colores posados sobre hombros, manos, cabeza. Vi a un japonés con siete pájaros en total intentando sacars un selfie. ¿Australia es irreal? ¿O Japón?

Twelve Apostols es una costa como Praia de as Catedrais pero muuucho más alta. Y hay temporal. Se llama de los Doce Apóstoles porque hay doce rocas como doce islas en la playa, que cuando sube la marea son doce torreones en la mar. Las fotos explican la belleza del lugar, pero la diversión de caminar y que el viento te eche para atrás, de ver a chinitos que no pueden andar, tumbados como la torre de Pisa para tomar una foto, o con los pelos mirando a Mordor... Fue muy, muy divertido. Y después de eso dormimos en un hostel que en verano es de surferos y en verano es de fracasados que tienen que pasar la noche allí y, oye, el día ha merecido la pena en su plenitud. Un aplauso para Handy Candy.

Al día siguiente la vuelta está faltal planeada y casi llegamos tarde a la oficina de Europcar. Siempre hay que dejar la gasolina para el final, porque hay que devolverlo con el depósito lleno, y si no te cobran un pastizal. Con esto y todo ya íbamos tarde y ponte tú a buscar una gasolinera en Melbourne en hora punta. Echamos gasolina finalmente. No voy a hablar de cómo iba Handy Candy por la Costa Sur Australiana cuando pusimos el GPS por primera vez y nos dijo que íbamos a llegar a las 17.45 y nos quedaban 16.00. Hora límite las 18.00, sin parar ni a mear. Handy Candy era un Freson Rebelde por las carreteras australianas. Misión cumplida. Uno de los mejores viajes del mundo. Gracias Mel por la propuesta, la ejecución y la puesta en escena. Y bien merecidas dos cervezas en un bar superguapo justo en frente de la oficina de Europcar.

De ahí al aeropuerto. Los aeropuertos tienen el inconveniente de causarte inquietud. La policía causa inquietud. Facturación causa inquietud. Inmigración causa inquietud. Los baños causan inquietud ¿habré entrado al de tías? Los sandwiches causan inquietud ¿será vetariano VEGETARIANO, o de esos vegetarianos con atún? La zona de fumadores causa inquietud. Al ir a facturar existen maquinitas de facturación automática. Un menda me ve con cara de pardo y me echa un cable (qué frase más de castiza). Me dice que tengo que ir al mostrador, porque el apellido de la reserva no coincide con mi pasapore. Los epañoles tenemos dos apellidos, que a veces se toman como uno entero, o a veces solamente toman el primero. Las máquinas toman todo, así que los escáners son muy meticulosos, pero las personas no. El caso es que empieza mi inquietud. Da igual. Pagaré por un nuevo billete si hace falta. QUIERO IR A NUEVA ZELANDA. En inmigración de nuevo la tarea del multiescaneo de mi pasaporte por muchos operarios de frontera. ¿Va a volver a Australia? ¿Saca del país más de 10.000$ en efectivo? Qué tenga un buen viaje... Como sigáis así no vuelvo, y lo de los 10.000... ¡ni que el cambio del dólar astraliano fuera una maravilla!

Siguiente parada... Nueva Zelanda. Por fin este gato se va a por kiwis (con un retraso en el despegue de una hora).

- Al escribir esto ya es mi cuarto día en Nueva Zelanda -
Mike!!!

Queda bastante clarito

Franklin St. Central Station - Melbourne

una mezcla de todo en Mel. viejo, nuevo, tranvía, gente... Eso es Melbourne

El coche Mel Gibson en Mad Max en Mel Bourne. Museo de la Televisión


Hay más tipos de Kit Kat que de zapatos!

La movida llegó hasta aquí

Y de hecho, era lunes

Graffiteando también se desayuno

Sulley




!Todo te mata aquí!
Algunos apóstoles

Algunos otros...

London Bridge
¡Joder con los apósotoles!



Deja tu coche y sal a bailar

Luchando contra el viento por la mejor foto


jueves, 7 de mayo de 2015

Hinchinbrook Island, de vuelta a donde me gusta


La resaca supera la ficción, igual que la realidad a veces, pero tengo que salir de Townsville sea como sea. Un paseito de 20 minutos bajo el Sol no ayuda demasiado, pero mucha agua y un sandwich para la espera hacen más amena la llegada de mi siguiente carro. Un coche amarillo, marca australiana Holden, para y me ofrece sacarme de la ciudad. Al menos estaré en la carretera principal. De camino hace una llamada, y al teléfono su exmujer. Está de visita en Townsville para ver a sus hijos.

Necesitas el coche – dice él.
No, ¿por qué? - suena la voz de ella al otro lado del teléfono.
Voy a echar gasolina y me voy a Ingham. Nos vemos a la hora de comer.
¿Todo bien? - suena preocupada.
Sí, sí. Todo perfecto. Solo quiero dar una vuelta. Luego nos vemos – colgando el teléfono y mirando a la carretera.
¿Acabas de querer decir que me vas a llevar a Ingham? - pregunto con vergüenza.
Yeh, fuch it. It's my good day. Siempre he querido llevar a alguien y siempre iba lleno.
Es mi día de suerte – digo yo.

De camino nos encontramos con otra autoestopista que metemos en el coche también. Es su día de hacer el bien, eso por supuesto. El camino acaba en Ingham, donde un camión lleva a esta chica hasta Cairns del tirón, y yo parto en seguida en un viaje de 50km a Cardwell, puerta de entrada a Hinchinbrook Island. Un parque de caravanas donde también residen diferentes jovenzuelos que trabajan en la plantación de plátanos me reciben durante dos días. Cerveza y conciertos en el pueblo dan la bienvenida en un viernes que para la “Banana Family” es un nuevo viernes de alcohol y desenfreno. Yo me uno a unas risas, pero estoy desacostumbrado y abandono rápido.

Llegó el día de Hinchinbrook, y con él mi nerviosismo por acercarme a esa isla mágica. Tengo ganas de verla, tocarla y sentirme parte de ella como de Fraser Island. Aunque sé que esta será diferente. Tres kilómetros separan Kookaburra, donde resido, de Hinchinbrook Port. Es domingo y todas las almas que habitan Kookaburra (Banana Family), menos la chica de la limpieza y un señor que apaña su barco para una jornada marítima, duermen.

Durante el tiempo que he estado en Australia solamente he estado en la costa. Para luego ir y decir que yo soy más un tío de montaña. La verdad es que he echado de menos bastante la montaña. Pero el caso es que he decidido tirarme a la costa esta vez. Y creo que es la vez que más tiempo seguido he estado cerca del mar. en esto pueblos, poblados, ciudades y carreteras que he estado frecuentando he podido ver infinidad de caravanas, remolques caravana, caravanas con remolque y barco, coces con remolque y barco... y es que aquí hasta el más tonto tiene una caravana, y el menos tonto tiene un barco. Son mucos los que viajan en caravana instalándose en campings, se lleva mucho lo de ir de camping dos semanas. No es que se lleve; es un estilo de vida. Viajan también con el barco, lo que pueden, para explorar nuevas costas, nuevos arrecifes... Y es este Kookaburra Park el lugar que los junta a todos, y a un puñado de currelas con el WHV o de otras Commonwealth con permiso de trabajo para la banana. Pero a mí que no me pongan a recoger bananas. Yo he venido a otra cosa.

He venido a patear Hinchinbrook. Después de 45 minutos caminando bajo el sol de la mañana camino al puerto, lo diviso. Se trata de un embarcadero, un muelle mínimo, con una rampa de acceso. Al salir del barco veo a un señor gordo, con camisa hawaiana muy apropiada para un navegante local. Este señor des... ¿como será el verbo apropiado? El verbo de marinero... bueno, pues descarga de su remolque un barquito que dice Hinchinbrook Cruises Tel. 449Blablabla. Mi papel dice que ese es el barco que me tiene que llevar a Hinchinbrook. Bajo al embarcadero para preguntarle al “hawaiano” y le digo: “parece que en mi papel viene el mismo nombre que en su barco. Yo creo que usted me llevará a esa isla”. Le digo señalándola. “Exacto. Y parece que vas a tener cuatro días precisos...
… Perdón. Pausa en el relato. Aquí en la isla las mesas de merendero, y también los cofres para guardar la comida, son muy parecidos a Fraser Island. El caso es que ahora son las 16.07 de la tarde y estoy solo en una playa que bien podría ser la de Tom Hanks en “Naúfrago”. Me e metido a una de estas mesas merendero a escribir y pr el rabillo del ojo, de vez en cuando, me desconcentran un par de siluetas que se mueven, creyendo que son animales. En realidad son todo el rato un par de bragas de flores que alguien dejó colgadas de una rama y se olvidó. Le dan un toque de intriga al ambiente. ¿Serán de la Sra. Wilson? ¿O de Tom Hanks?

Bien, ese hombre y ese barco que os comentaba me van a llevar a Hinchinbrook. Todo el mundo llega, algunos incluso tarde. Acabamos por salir a las 9.00, pero nada más arrancar el motor se para. Y los intentos para volver a ponerlo en marcha no parace que vayan a hacer nada nunca. El capitán del navío dice que instaló el día anterior no sé que sensor de presión de combustible que debe de ser bastante sensible y no hace muy bien sus labores. Tres cuartos de hora tardamos para que venga y nos remolque un menda con una lancha motora tipo CSI Miami, pero el tipo no es Horacio ni mucho menos. No es ni parecido a Cocodrilo Dundee. Es más un moreno de pueblo tatuado. Pero nos lanza al muelle para pasar al plan B, que venga un menda, pruebe otra vez el Plan A, más tarde un Plan C, y al final todo vuelva a la normalidad. Nuestro capitán está rojo, las plameras de su camisa hawiana van a convertirse en un incendio, pero nadie debe preocuparse porque el sudor que mana del capitán pondrá fin a la catástrofe del palmeral de su camisa.

Rodeamos Hinchinbrook por el Norte, acercándonos a una bahía repleta de manglar. Me recuerda a quel manglar de México. O a un famoso “manglar” descendiendo el río Sella en piragua, cuando mi amigo Javi creía que al yo gritar “manglar” cuando veía ramas en el agua me refería a “remar” en algún tipo de acepción marina de la palabra “manglar”. Creo que siempre que vea un manglar me acordaré de ese momento. Una pasarela nos transporta desde la orilla del mangalr a tierra firme, y ahí cada grupito comienza a su ritmo.

Hay dos “bushwalkers”, traducido como “caminante de bosque”. Bushwalker es algo así como senderista de bosque. Alquien que le va acampar, que le piquen los mosquitos, pasar calor... y ya de paso apreciar vistas y sensaciones increíbles. Luego hay una pareja de mi edad que van superenamorados de la vida. Tres marujas “bushwalkers” que van junto a los dos “bushwalkers” y otros tres por libre. Uno de estos tres por libre será mi mejor amigo luego. Chris.

Desde la playa que caminamos desde el principio se ven el Bowen y el Thumb, dos picos de más de 1.000m que salen propulsados en vertical desde la playa. Paredes de 400m los sujetan en lo altos, y nubes cubren sus crestas con pelucas blancas todo el día. Pitt, uno de los más profesionales, ha hecho el camino varias veces (15 veces. Eso es más que varias). Una de ellas subió al Bowen. “Vengo a Hinchinbrook una vez cada año, pero el Bowen una vez y no más – faltó decir “Santo Tomás”. ¿Como sería eso en inglés? “One and no more, Roger Moore” o “One and no more, Baltimore”. Pitt (le he puesto un nombre ficticio, pero Pitt le pega muchíiisimo) es una de esas personas que te da consejos de acampada mientras atraviesa una botella a lo largo con una cuerda. “Es para las ratas. Al colgar las cosas para que se sequen, o hasta la comida, cuando las ratas intentan llegar a ella se resbalan en la botella dando vueltas”. Como humor amarillo, pienso para mí. “De aquí no pasan” dice sonriente dándole un manotazo a la botella, que da vueltas.

An sido tres horas de andadura, ya a las 13.00 estábamos en Little Ramsey. Buscar agua, creer que un pez grande en el arroyo es un cocodrilo, comer, balarme en el mar y echarme una siesta en la arena despertándome totalmente desorientado ha sido todo lo que he hecho en mi primer día en la isla. He descubierto una nueva raza de insecto para odiar. Las “sandflies”. No dejan marca, pero pican en el momento. ¡Exterminio!

En mi segundo día he despertado en el campamento viejuno con los paisanos y las paisanas ya desayunando o desayunados. Aquí las caminatas son más flojas que en Fraser. Es más el disfrute. No llueve. Es mejor. “Te puedes bañar aquí, en el río”, me dice Pitt. Y la conversación deriva en unos minutos a que “hace un par de años vimos un cocodrilo aquí mismo”. ¡No me puedes decir que me bañe y luego que has visto cocodrilos, Pitt! ¡No es ni medionormal! Y me recuerda acto seguido la historia de Warren McDonald, un tipo que hace diez años intentó subir al Bowen y en su pernoctación en tienda fue a mear. ¡Fin de la historia! No. Fue a mear, y al abrazarse a una roca para no caer al río y seguir su camino a su baño la roca se cayó con él al río aplastándole las piernas. Su compi fue corriendo a la playa cayéndose varias veces en el camino. Fue al puerto donde nos dejaron a nosotros el primer día pero no encontró a nadie y esperó al día siguiente. Tardaron dos o tres días en ir a por Warren. Cuando llegaron, el doctor dijo que no saldría de esta por el shock al quitarle la piedra de encima. El tío no solo resistió, si no que sigue haciendo hazañas locas como subir montañas en silla de ruedas y ser un mito, escribir libros sobre ello y el poder de superación. ¡Madre, qué notas más loco!

Acabo de descubrir un aspecto alucinante de mi escoliosis. Al tener la espalada abombada y estar boca arriba, esta se endereza creando una pompa de aire entre la espalda y la esterilla. Esta pompa se va vaciando en forma de pedorreta ventósica, y lo mismo de vuelta a la posición original cualdo el aire recupera el terreno dentro, entre la espalda y la esterilla. Todo eso, más el sudor, crean las más fascinantes pedorretas cada vez que me muevo. (mis vecinos de acampada están lejos. Reflexiones de lo absurdo).

Es cierto que en esta isla me siento menos único. Pero la identidad única, o el sentirse único, es una acumulación de hechos, de historias, aventuras y desventuras. La vida que elegimos (o la que no) nos hace únicos. Lo demás son conjeturas, y la base algo que adornado seguro que dan lugar a una novela de toque rosa romántico o en otros casos aventurera. Pero siempre seremos únicos y especiales.

Y este segundo día me hace único al cruzar ríos saltando de rama en piedra como nunca había hecho antes por mi estupidez y torpeza extrema. En la más remota selva, donde me siento en todas las selvas del mundo y en Hinchinbrook a la vez. Donde las playas se tornan en infinitas ciudades de cangrejos. Donde los lagartos monitos no me asustan nunca más. Donde la torpeza me deja sin linterna y el móvil es la luz que alumbra mi camino. Sol en la noche, agua dulce en el mar. (Mago de Oz). Cruzando troncos que cruzan ríos. Vuelvo a la locura del sudor eterno, transpirando felicidad y agotamiento.

El tercer día de la aventura cuenta con una pequeña lección-receta de envidia.

Primera receta. Para empezar bien el día: Prueba a levantarte un día en el que falten diez minutos para que salga el sol. Que tu despetardor estuviera programado para ello, para ver su salida, solo para eso, pero que cuando ha sonado has pulsado el NO de NO REPETIR la alarma. Sal corriendo hacia la playa en busca del Este. Corre por la playa hasta que en el horizonte des con un haz de luz más rojizo-anaranjado que el resto del cielo, adivinando que por ahí saldrá el sol. Entonces es el momento de mirar atrás y ver cómo dos montañas, las dos con peluca blanquecina, se elevan únicas por encima de todo lo que ves desde tus pies, la arena, y el manglar. Observa el amancer como si fuera el único y el último y, después, ve a desayunar lo que llevas comiendo los tres últimos días para el desayuno y la comida (la cena es una manzana), y aún así siénte pleno y feliz. Camina 600m con tu mocila de caracol y báñate solo en unas cascadas. Nunca ha sido lo tuyo tirarte de cabeza, pero pruebas. Eres un miedica, pero sigues probando. Y a tu alrededor, truchas que te observan, te merodean y te rozan por docenas. Después cómete una manzana y echa a andar, que es un nuevo día

Segunda receta. Para llegar a tu destino: De segundo plato te ofrezco caminar 10km más 2km de propina por probar un camino. Sube al punto más alto de la semana, desde donde se ve Magnetic Island, esa isla que desechaste por no tener mucho que hacer. Bien, prepara bien las dosis de agua y anacardos, porque te harán falta. Prepárate para tropiezos, telas de araa en tu cara y mariposas negras y verdes fosforecentes que solo aparecen en las revistas. Sube y baja las colinas que se te presentes, porque al final del... ¡No! ¡Espera! Supera uno más de tus manías,. Detente y no cruces el río del todo. ¿No ves que esta piedra es perfecta? Quédate en bañador y entra al río. Diamantina Creek está fresca. Los pies te lo agradecen, y la piedra mohosa te toboganiza hacia el fondo del río sin remedio (¿con cocodrilos?). No. Los cocos son más de estuario. ¡Grita!

Tercera receta. Para terminar un buen día (a las 15.30 de la tarde): Prueba a tirarlo todo al lado de un árbol y corre hacia donde se escucha el agua caer. Y también intenta correr en la misma dirección desde donde pone “cascadas” en los carteles. Detente un instante a contemplar el precioso panorama. Da rienda suelta a la tesitura por un ratito. Camina o lánzate. Hoy es tu día. ¿Qué es eso? Las trucas aquí son tiburonescas, y hasta ves una tortuga entre ellas. Zambúllete con ellas, e intenta salir escalando la mohosa piedra, utilizando las dotes de escalada, de aquel deporte que una vez fue tuyo (tampoco más de un metro en vertical, sin hacer alardes de la mejor escalada del mundo). Prepara la comida, monta tu tienda de campaña, todo mientras los mosqutos te fríen, y vuelve a baarte una vez más antes de que el sol deje de tintar el musgo de verde y la sombra lo convierta todo en negro.

Creo que muchos de los ingredientes, evitandos nombres propios, están al alcance de todos, en muchos momentos. Se pueden cambiar “andar” por “bicis” o “cascada” por “lago”. “Tortuga” por “cualquier tipo de fauna”. Esto es simplemente un día que puede ser parte del finde de cualquiera. Un empuje a salir del sofá, estés donde estés.

Creo que me quedaré un rato más aquí, escuchando el agua caer y viendo las truchas nadar, que se han convertido en el fuego delante del que te quedas embelesado de vez en cuando. El resto son imágenes en mi retina. Un Chris que me llevará a Cairns nada más salir de la isla, y buena compañía en mi primera noche en Cairns, donde me quedé en su casa y cenamos tailandés y cerveza con buena conversación. Quedan buenas personas en el mundo.

Y desayunando (Gracias Logan por la fotazo)

Y más selfies

Little Ramsey Bay


Enamorado de los selfies




Mariposas galácticas

Pies fresquitos


WTF - What The Fuck

La salida de la luna

Y la salida del sol

Trucheando

Pelicaneando