domingo, 17 de mayo de 2015

Lo que era Melbourne acabó en la GORJ


La vida puede dar muchas vueltas en el transcurso de cuatro días. Vuelves de una isla incomunicada , mirando tus emails en una furgoneta que te lleva de vuelta, y descubres el email en respuesta a una solicitud de trabajo que enviaste un mes antes, para probar. Eso es lo que pasó. Respondí inmediatamente, disculpándome y haciéndome el interesante diciendo que es que estaba en un isla haciendo el gamberro cuatro días, acampando con un camping gas en sitios impresionantes. Bueno, ¡es que soy intereante! Todo esto mientras un alma caritativa me ofrecía llegarme a Cairns, punto final a la Costa Este para mí, esa misma tarde. Más tarde me quedaría en su casa a dormir, discurriendo y debatiendo los problemas del mundo acompañado de buena cerveza y buena música. Ya sé que quiero ser como Chris de mayor.

Al día siguiente tenía una entrevista por Skype con Josh. Todo esto surge en Cairns, una ciudad en temporada baja, meca de todos los deportes: submarinismo en la gran barrera, paracaidimso, puenting, rafting, kayak (nunca sabré la diferencia), trekking, hiking... Todos los (-ing). El hostel es muy relajadito para el ambiente que me han pintado de Cairns, que es como Party City o Sin City. Hamacas en el patio, una piscinita... Aprovecho para mi paz y tranquilidad. Leer, no hacer nada, dar una vuelta, volver a no hacer nada, conversar, unas cervecitas, actualizar el blog... y desde una hamaca y con un café me entrevisto con Josh. Todo fluye. Todo va debuti, así que es viernes y el lunes me dirá algo. Descubro un rocódromo en el paseo de la playa. Escalo, me relajo, me pongo nervisoso con la entrevista del YHA Hostel Franz Josef, duermo mal... jajaja. Mi cabeza es rara.

El domingo por la mañan vuelo a Melbourne. Cairns a sido un estado de tránsito. Mi cabeza está en Nueva Zelanda. Muy en Nueva Zelanda. Mi cabeza es kiwi. Suave y peluda. En el aeropuerto conozco a una brasileña. Volamos juntos a Melbourne y se le pasa algo por la cabeza. Existe algo que se llama Great Ocean Road. Se trata de la carretera de la costa que une Melbourne con Adelaide. Retorcida y peligrosa carretera, a la par que bella y llena de paradas para ver la costa, ver las montañas, el bosque... Un placer.

Misión: Alquilar un coche
Pros: Echo de menos conducir
Contras: No sé si aceptarán mi licencia – Primera vez conduciendo por la izquierda y sentado en la derecha – Dinero

Al llegar a Melbourne preguntamos en Europcar en el aeropuerto y nos dicen que no hay ningún problema con mi carnet. Saltamos de emoción. Primera prueba superada. Parece que ponermos rumbo a la Great Ocean Road.

Pero primero tengo que contactar y quedar con mi couchsurfer. Stefan es un crack donde los haya. Cuando le cuento el plan me dice que por el ni puto problema. Que me vaya a la Ocean Road y que disfrute. Pero empezamos disfrutando en Melbourne. Es domingo por la noche y nos vamos con sus amigos a cenar a un chino en el que nos ponemos hasta las cejas. Ahhh, comida china y un montón de vegetarianos en el grupo. !Ummm! Deliciosa comida. !Qué placer más excepcional! Después nos espera uno de esos momentos que solo Couchsurfing te puede dar: Una velada jugando al Risk de la Guerra de las Galaxias. Sí, amigos de la fuerza y de los rebeldes. Duke Obi Wan es la contraseña del Wifi en casa de Stefan, así que se sabía por donde iban los tiros. Además... todos se saben todos los planetas, naves, bichitos de las figuritas... todo. Fue muy divertido... No me sentí para nada fuera de la fuerza. Bueno, es que yo jugaba con el imperio. Y me sirvió para emborracharme un poco para dormir a gusto, porque al día siguiente me daban una respuesta sobre el curro en Franz Josef.

Buenos días de un lunes 11 de Mayo. Me despierto a las ocho y, obviamente, nada en mi teléfono. Espero remoloeando en la cama lo que finalmente es un email de Josh, el que mi hizo la entrevista. Solamente quiere pedirme las referencias de mis anteriores trabajos, así que deduzco que hasta el día siguiente nada me va a dar noticias de mi curro. Pero media hora después de responderle me manda otro email diciéndome que el curro es mío. Franz Josef Glacier. Hostel y montañas. ¡Ni en sueños! Llamo a Mel, la brasileña. Le digo que el desayuno hoy lo pago yo. Sonrío por la calle como un tonto. Vamos a visitar Melbourne. Después, nos vamos a alquilar un coche. ¡Nos vamos a la Great Ocean Road! Un camino de ida y vuelta. El martes ida. El miércoles vuelta, devolver el coche a las 18.00 y al aeropuerto, que a las 23.00 salgo para NZ.

La Great Ocean Road tiene todo lo que le falta a la Pacific Road en la Costa Este Australiana. Lluvia, más bosque, acantilados, un temporal desproporcionado, curvas (¡y qué curvas!)... alquilar el coche no nos supone problema, y en mi primer día conduciendo por la izquierda intento no liarla yendo despacio. Pero el sindrome europeo me lleva a situar mi volante derecho a la parte izquirda del carril, por lo que normalmente invado el carril de mi izquierda. No muchas pitadas, pero se va haciendo de noche y, nada más dejar a Mel en su hotel se me acaba la batería del móvil. Eso significa que o paro en una gasolinera a comprar un cargador o me arriesgo a intentar llegar a casa de Stefan por mi mismo. Casa de Stefan significa... Fuenlabrada (Heidelberg). Guiado por mi brújula de muñeca (gracias de nuevo padres. Hasta para esto es últil). Un par de veces saltándome la salida en la autopista y teniendo que dar la vuelta. Intuición y memoria marcan mi camino, pero... ¿Qué memoria en una autovía por la que he pasado de pasajero una vez cuando Stefan me recogió con su hermano el día anterior? Pues sí, sí, mi memoria funciona rara, pero funciona, porque recuerdo que es por aquí y por allá, y cuando ya estoy en Heidelberg solamente me falta preguntar por la estación de tren y desde allí me dirijo directo a casita. Stefan y su hermano Chris flipan. Cervcitas y nos vamos a un bar vegano en el que tienen bufet y pagas la voluntad. Oh my god! ¡Qué rico! ¡Qué buena idea! Aunque sé que la mitad de las ideas aquí, en Madrid no funcionarían por la gorronería de la gente. Como dejar un puesto de plátanos vacío con una balanza y un cartel “2$ el kilo”. Y tu vas, te pesas lo que quieres, y pagas lo que es. Allí harían falta bastantes lecciones de matemáticas, una reja electrificada alrededor de los platanos y una caja fuerte. Pero aquí va.

Es martes y voy a buscar a Mel en nuestro flamante Hyundai i20, al que hemos bautizado como “Handy Candy” o “Práctico Caramelo”, porque tiene un montón de cosas prácticas, como usb para la música, es pequeño y es rojo. Handy Candy nos saca de Melbourne volando como un caramelo propulsado desde una boca escupidora. Nuestra primera parada en Geelong para desayunar, y aqui la gente es más amable que en cualquier lugar que haya visto antes. ¡Vaya que si lo son! La chica del bar donde vamos a desayunar es un encanto. Ya no sé si es que en los curros de atención al público se lo exigen, o si simplemente son así con su madre también. Pero lo que ya me sacó una carcajada es cuando cada vez que se refería al desayuno “breakfast” decía “breaky”. Como “desayunqui”. “¿Qué tal el desayuniqui?” “¿Qué queréis de desayuniqui?” “¿Queréis algo más de desayuniqui?” Ahhh! ¡Qué cursi y que maja! ¡Qué me la como!

Después empieza un día que solamente quedará plasmado por imágenes en mi memoria, por una carretera superdivertida de conducir, con un extremadamente buena banda sonora que yo pongo y que Mel agradece a cada canción. Hacemos paradas en diversos lugares. Algunos muy majos, como aparcamientos a pie de carretera llenos de pick-ups y furgos de surferos. Paras, ves unas cuantas olas y surferos, y te piras. Muy divertido, la verdad. Paramos a ver un bosque en el que si andas un poco puedes ver koalas. Y casi no nos hace falta ni andar. Solamente hasta donde están enfocando los objetivos. De paso también encontramos muchos japoneses con pan en las manos y numerosas cacatúas y diversos pájaros de colores posados sobre hombros, manos, cabeza. Vi a un japonés con siete pájaros en total intentando sacars un selfie. ¿Australia es irreal? ¿O Japón?

Twelve Apostols es una costa como Praia de as Catedrais pero muuucho más alta. Y hay temporal. Se llama de los Doce Apóstoles porque hay doce rocas como doce islas en la playa, que cuando sube la marea son doce torreones en la mar. Las fotos explican la belleza del lugar, pero la diversión de caminar y que el viento te eche para atrás, de ver a chinitos que no pueden andar, tumbados como la torre de Pisa para tomar una foto, o con los pelos mirando a Mordor... Fue muy, muy divertido. Y después de eso dormimos en un hostel que en verano es de surferos y en verano es de fracasados que tienen que pasar la noche allí y, oye, el día ha merecido la pena en su plenitud. Un aplauso para Handy Candy.

Al día siguiente la vuelta está faltal planeada y casi llegamos tarde a la oficina de Europcar. Siempre hay que dejar la gasolina para el final, porque hay que devolverlo con el depósito lleno, y si no te cobran un pastizal. Con esto y todo ya íbamos tarde y ponte tú a buscar una gasolinera en Melbourne en hora punta. Echamos gasolina finalmente. No voy a hablar de cómo iba Handy Candy por la Costa Sur Australiana cuando pusimos el GPS por primera vez y nos dijo que íbamos a llegar a las 17.45 y nos quedaban 16.00. Hora límite las 18.00, sin parar ni a mear. Handy Candy era un Freson Rebelde por las carreteras australianas. Misión cumplida. Uno de los mejores viajes del mundo. Gracias Mel por la propuesta, la ejecución y la puesta en escena. Y bien merecidas dos cervezas en un bar superguapo justo en frente de la oficina de Europcar.

De ahí al aeropuerto. Los aeropuertos tienen el inconveniente de causarte inquietud. La policía causa inquietud. Facturación causa inquietud. Inmigración causa inquietud. Los baños causan inquietud ¿habré entrado al de tías? Los sandwiches causan inquietud ¿será vetariano VEGETARIANO, o de esos vegetarianos con atún? La zona de fumadores causa inquietud. Al ir a facturar existen maquinitas de facturación automática. Un menda me ve con cara de pardo y me echa un cable (qué frase más de castiza). Me dice que tengo que ir al mostrador, porque el apellido de la reserva no coincide con mi pasapore. Los epañoles tenemos dos apellidos, que a veces se toman como uno entero, o a veces solamente toman el primero. Las máquinas toman todo, así que los escáners son muy meticulosos, pero las personas no. El caso es que empieza mi inquietud. Da igual. Pagaré por un nuevo billete si hace falta. QUIERO IR A NUEVA ZELANDA. En inmigración de nuevo la tarea del multiescaneo de mi pasaporte por muchos operarios de frontera. ¿Va a volver a Australia? ¿Saca del país más de 10.000$ en efectivo? Qué tenga un buen viaje... Como sigáis así no vuelvo, y lo de los 10.000... ¡ni que el cambio del dólar astraliano fuera una maravilla!

Siguiente parada... Nueva Zelanda. Por fin este gato se va a por kiwis (con un retraso en el despegue de una hora).

- Al escribir esto ya es mi cuarto día en Nueva Zelanda -
Mike!!!

Queda bastante clarito

Franklin St. Central Station - Melbourne

una mezcla de todo en Mel. viejo, nuevo, tranvía, gente... Eso es Melbourne

El coche Mel Gibson en Mad Max en Mel Bourne. Museo de la Televisión


Hay más tipos de Kit Kat que de zapatos!

La movida llegó hasta aquí

Y de hecho, era lunes

Graffiteando también se desayuno

Sulley




!Todo te mata aquí!
Algunos apóstoles

Algunos otros...

London Bridge
¡Joder con los apósotoles!



Deja tu coche y sal a bailar

Luchando contra el viento por la mejor foto


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