La vida puede dar
muchas vueltas en el transcurso de cuatro días. Vuelves de una isla
incomunicada , mirando tus emails en una furgoneta que te lleva de
vuelta, y descubres el email en respuesta a una solicitud de trabajo
que enviaste un mes antes, para probar. Eso es lo que pasó. Respondí
inmediatamente, disculpándome y haciéndome el interesante diciendo
que es que estaba en un isla haciendo el gamberro cuatro días,
acampando con un camping gas en sitios impresionantes. Bueno, ¡es
que soy intereante! Todo esto mientras un alma caritativa me ofrecía
llegarme a Cairns, punto final a la Costa Este para mí, esa misma
tarde. Más tarde me quedaría en su casa a dormir, discurriendo y
debatiendo los problemas del mundo acompañado de buena cerveza y
buena música. Ya sé que quiero ser como Chris de mayor.
Al día siguiente
tenía una entrevista por Skype con Josh. Todo esto surge en Cairns,
una ciudad en temporada baja, meca de todos los deportes:
submarinismo en la gran barrera, paracaidimso, puenting, rafting,
kayak (nunca sabré la diferencia), trekking, hiking... Todos los
(-ing). El hostel es muy relajadito para el ambiente que me han
pintado de Cairns, que es como Party City o Sin City. Hamacas en el
patio, una piscinita... Aprovecho para mi paz y tranquilidad. Leer,
no hacer nada, dar una vuelta, volver a no hacer nada, conversar,
unas cervecitas, actualizar el blog... y desde una hamaca y con un
café me entrevisto con Josh. Todo fluye. Todo va debuti, así que es
viernes y el lunes me dirá algo. Descubro un rocódromo en el paseo
de la playa. Escalo, me relajo, me pongo nervisoso con la entrevista
del YHA Hostel Franz Josef, duermo mal... jajaja. Mi cabeza es rara.
El domingo por la
mañan vuelo a Melbourne. Cairns a sido un estado de tránsito. Mi
cabeza está en Nueva Zelanda. Muy en Nueva Zelanda. Mi cabeza es
kiwi. Suave y peluda. En el aeropuerto conozco a una brasileña.
Volamos juntos a Melbourne y se le pasa algo por la cabeza. Existe
algo que se llama Great Ocean Road. Se trata de la carretera de la
costa que une Melbourne con Adelaide. Retorcida y peligrosa
carretera, a la par que bella y llena de paradas para ver la costa,
ver las montañas, el bosque... Un placer.
Misión: Alquilar un
coche
Pros: Echo de menos
conducir
Contras: No sé si
aceptarán mi licencia – Primera vez conduciendo por la izquierda y
sentado en la derecha – Dinero
Al llegar a
Melbourne preguntamos en Europcar en el aeropuerto y nos dicen que no
hay ningún problema con mi carnet. Saltamos de emoción. Primera
prueba superada. Parece que ponermos rumbo a la Great Ocean Road.
Pero primero tengo
que contactar y quedar con mi couchsurfer. Stefan es un crack donde
los haya. Cuando le cuento el plan me dice que por el ni puto
problema. Que me vaya a la Ocean Road y que disfrute. Pero empezamos
disfrutando en Melbourne. Es domingo por la noche y nos vamos con sus
amigos a cenar a un chino en el que nos ponemos hasta las cejas.
Ahhh, comida china y un montón de vegetarianos en el grupo. !Ummm!
Deliciosa comida. !Qué placer más excepcional! Después nos espera
uno de esos momentos que solo Couchsurfing te puede dar: Una velada
jugando al Risk de la Guerra de las Galaxias. Sí, amigos de la
fuerza y de los rebeldes. Duke Obi Wan es la contraseña del Wifi en
casa de Stefan, así que se sabía por donde iban los tiros.
Además... todos se saben todos los planetas, naves, bichitos de las
figuritas... todo. Fue muy divertido... No me sentí para nada fuera
de la fuerza. Bueno, es que yo jugaba con el imperio. Y me sirvió
para emborracharme un poco para dormir a gusto, porque al día
siguiente me daban una respuesta sobre el curro en Franz Josef.
Buenos días de un
lunes 11 de Mayo. Me despierto a las ocho y, obviamente, nada en mi
teléfono. Espero remoloeando en la cama lo que finalmente es un
email de Josh, el que mi hizo la entrevista. Solamente quiere pedirme
las referencias de mis anteriores trabajos, así que deduzco que
hasta el día siguiente nada me va a dar noticias de mi curro. Pero
media hora después de responderle me manda otro email diciéndome
que el curro es mío. Franz Josef Glacier. Hostel y montañas. ¡Ni
en sueños! Llamo a Mel, la brasileña. Le digo que el desayuno hoy
lo pago yo. Sonrío por la calle como un tonto. Vamos a visitar
Melbourne. Después, nos vamos a alquilar un coche. ¡Nos vamos a la
Great Ocean Road! Un camino de ida y vuelta. El martes ida. El
miércoles vuelta, devolver el coche a las 18.00 y al aeropuerto, que
a las 23.00 salgo para NZ.
La Great Ocean Road
tiene todo lo que le falta a la Pacific Road en la Costa Este
Australiana. Lluvia, más bosque, acantilados, un temporal
desproporcionado, curvas (¡y qué curvas!)... alquilar el coche no
nos supone problema, y en mi primer día conduciendo por la izquierda
intento no liarla yendo despacio. Pero el sindrome europeo me lleva a
situar mi volante derecho a la parte izquirda del carril, por lo que
normalmente invado el carril de mi izquierda. No muchas pitadas, pero
se va haciendo de noche y, nada más dejar a Mel en su hotel se me
acaba la batería del móvil. Eso significa que o paro en una
gasolinera a comprar un cargador o me arriesgo a intentar llegar a
casa de Stefan por mi mismo. Casa de Stefan significa... Fuenlabrada
(Heidelberg). Guiado por mi brújula de muñeca (gracias de nuevo
padres. Hasta para esto es últil). Un par de veces saltándome la
salida en la autopista y teniendo que dar la vuelta. Intuición y
memoria marcan mi camino, pero... ¿Qué memoria en una autovía por
la que he pasado de pasajero una vez cuando Stefan me recogió con su
hermano el día anterior? Pues sí, sí, mi memoria funciona rara,
pero funciona, porque recuerdo que es por aquí y por allá, y cuando
ya estoy en Heidelberg solamente me falta preguntar por la estación
de tren y desde allí me dirijo directo a casita. Stefan y su hermano
Chris flipan. Cervcitas y nos vamos a un bar vegano en el que tienen
bufet y pagas la voluntad. Oh my god! ¡Qué rico! ¡Qué buena idea!
Aunque sé que la mitad de las ideas aquí, en Madrid no funcionarían
por la gorronería de la gente. Como dejar un puesto de plátanos
vacío con una balanza y un cartel “2$ el kilo”. Y tu vas, te
pesas lo que quieres, y pagas lo que es. Allí harían falta
bastantes lecciones de matemáticas, una reja electrificada alrededor
de los platanos y una caja fuerte. Pero aquí va.
Es martes y voy a
buscar a Mel en nuestro flamante Hyundai i20, al que hemos bautizado
como “Handy Candy” o “Práctico Caramelo”, porque tiene un
montón de cosas prácticas, como usb para la música, es pequeño y
es rojo. Handy Candy nos saca de Melbourne volando como un caramelo
propulsado desde una boca escupidora. Nuestra primera parada en
Geelong para desayunar, y aqui la gente es más amable que en
cualquier lugar que haya visto antes. ¡Vaya que si lo son! La chica
del bar donde vamos a desayunar es un encanto. Ya no sé si es que en
los curros de atención al público se lo exigen, o si simplemente
son así con su madre también. Pero lo que ya me sacó una carcajada
es cuando cada vez que se refería al desayuno “breakfast” decía
“breaky”. Como “desayunqui”. “¿Qué tal el desayuniqui?”
“¿Qué queréis de desayuniqui?” “¿Queréis algo más de
desayuniqui?” Ahhh! ¡Qué cursi y que maja! ¡Qué me la como!
Después empieza un
día que solamente quedará plasmado por imágenes en mi memoria, por
una carretera superdivertida de conducir, con un extremadamente buena
banda sonora que yo pongo y que Mel agradece a cada canción. Hacemos
paradas en diversos lugares. Algunos muy majos, como aparcamientos a
pie de carretera llenos de pick-ups y furgos de surferos. Paras, ves
unas cuantas olas y surferos, y te piras. Muy divertido, la verdad.
Paramos a ver un bosque en el que si andas un poco puedes ver koalas.
Y casi no nos hace falta ni andar. Solamente hasta donde están
enfocando los objetivos. De paso también encontramos muchos
japoneses con pan en las manos y numerosas cacatúas y diversos
pájaros de colores posados sobre hombros, manos, cabeza. Vi a un
japonés con siete pájaros en total intentando sacars un selfie.
¿Australia es irreal? ¿O Japón?
Twelve Apostols es
una costa como Praia de as Catedrais pero muuucho más alta. Y hay
temporal. Se llama de los Doce Apóstoles porque hay doce rocas como
doce islas en la playa, que cuando sube la marea son doce torreones
en la mar. Las fotos explican la belleza del lugar, pero la diversión
de caminar y que el viento te eche para atrás, de ver a chinitos que
no pueden andar, tumbados como la torre de Pisa para tomar una foto,
o con los pelos mirando a Mordor... Fue muy, muy divertido. Y después
de eso dormimos en un hostel que en verano es de surferos y en verano
es de fracasados que tienen que pasar la noche allí y, oye, el día
ha merecido la pena en su plenitud. Un aplauso para Handy Candy.
Al día siguiente la
vuelta está faltal planeada y casi llegamos tarde a la oficina de
Europcar. Siempre hay que dejar la gasolina para el final, porque hay
que devolverlo con el depósito lleno, y si no te cobran un pastizal.
Con esto y todo ya íbamos tarde y ponte tú a buscar una gasolinera
en Melbourne en hora punta. Echamos gasolina finalmente. No voy a
hablar de cómo iba Handy Candy por la Costa Sur Australiana cuando
pusimos el GPS por primera vez y nos dijo que íbamos a llegar a las
17.45 y nos quedaban 16.00. Hora límite las 18.00, sin parar ni a
mear. Handy Candy era un Freson Rebelde por las carreteras
australianas. Misión cumplida. Uno de los mejores viajes del mundo.
Gracias Mel por la propuesta, la ejecución y la puesta en escena. Y
bien merecidas dos cervezas en un bar superguapo justo en frente de
la oficina de Europcar.
De ahí al
aeropuerto. Los aeropuertos tienen el inconveniente de causarte
inquietud. La policía causa inquietud. Facturación causa inquietud.
Inmigración causa inquietud. Los baños causan inquietud ¿habré
entrado al de tías? Los sandwiches causan inquietud ¿será
vetariano VEGETARIANO, o de esos vegetarianos con atún? La zona de
fumadores causa inquietud. Al ir a facturar existen maquinitas de
facturación automática. Un menda me ve con cara de pardo y me echa
un cable (qué frase más de castiza). Me dice que tengo que ir al
mostrador, porque el apellido de la reserva no coincide con mi
pasapore. Los epañoles tenemos dos apellidos, que a veces se toman
como uno entero, o a veces solamente toman el primero. Las máquinas
toman todo, así que los escáners son muy meticulosos, pero las
personas no. El caso es que empieza mi inquietud. Da igual. Pagaré
por un nuevo billete si hace falta. QUIERO IR A NUEVA ZELANDA. En
inmigración de nuevo la tarea del multiescaneo de mi pasaporte por
muchos operarios de frontera. ¿Va a volver a Australia? ¿Saca del
país más de 10.000$ en efectivo? Qué tenga un buen viaje... Como
sigáis así no vuelvo, y lo de los 10.000... ¡ni que el cambio del
dólar astraliano fuera una maravilla!
Siguiente parada...
Nueva Zelanda. Por fin este gato se va a por kiwis (con un retraso en
el despegue de una hora).
- Al escribir esto
ya es mi cuarto día en Nueva Zelanda -
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| Mike!!! |
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| Queda bastante clarito |
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| Franklin St. Central Station - Melbourne |
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| una mezcla de todo en Mel. viejo, nuevo, tranvía, gente... Eso es Melbourne |
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| El coche Mel Gibson en Mad Max en Mel Bourne. Museo de la Televisión |
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| Hay más tipos de Kit Kat que de zapatos! |
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| La movida llegó hasta aquí |
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| Y de hecho, era lunes |
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| Graffiteando también se desayuno |
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| Sulley |
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| !Todo te mata aquí! |
 |
| Algunos apóstoles |
 |
| Algunos otros... |
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| London Bridge |
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| ¡Joder con los apósotoles! |
 |
| Deja tu coche y sal a bailar |
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| Luchando contra el viento por la mejor foto |
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