sábado, 28 de marzo de 2015

The Blue Mountains


No era tan dolorso como yo había pensado, aunque la cabeza no estaba al cien por cien como para hacer ejercicios de matemáticas. Y hacer una macuto para irte a las Blue Mountains, territorio desconocido, es un ejercicio que implica muchas fórmulas y algoritmos. Pero eso ahora daba igual porque cómo iba a dejar yo el macuto para unas jornadas montañesas para última hora. El macuto estaba perfectamente preparado. Lo único que me rondaba la cabeza es si todo lo que tenía en la lista estaba ahí dentro. Entonces hice comprobaciones de última hora para lo más importante. En esos momento lo más importante era comida, gas y camping gas. Las botas las tenía puestas. La tienda y el saco, y algo de dinero. Sin lo demás, creo, podría sobrevivir. Total, hay una barbaridad de especies de serpientes y arañas que te pueden matar ahí afuera, así tampoco nos vamos a tomar muchas molestias.

El café en Sydney, y por lo que tengo entendido en toda Australia, es una maravilla. Un café para llevar de cafetería de estación a las ocho y media de la mañana es una maravilla. Además tienen este “Large Size” (Tamaño Grande) que es equiparable a un café en una taza de la cocina (mi madre y mi abuela saben a lo que me refiero) que no te despierta, si no que si estornudas y el de al lado respira se despierta él también. Y yo, como amante del café, estoy encantado de conocer el café australiano.

Un tren me llevaría por un trayecto muy bello y atractivo hacia un pueblo llamado Katoomba. Katoomba. Como todos los nombres, a los que a la primera no presto mucha atención que se diga, hice una serie de variaciones a lo largo de mis preguntas sobre cómo llegar, dónde comprar el billete De mi boca salían elementos como Katunga, Katanga, Katimba... a cada cual más loco y, para ningún australiano con sentido. Hasta que empecé a relacionar el nombre con un a “tumbar” y decidí asociar mentalmente el pueblo a una lápida. Así funciono yo. De todas maneras, por el camino también nos topamos con un pueblo llamado Bullaburra del que he hecho un poco de investigación etimológica. Además de, en castellano, sonar a Jaleodeasnoshembra, en aborigen puede ser traducido como Picos Gemelos (Twin Peaks) o Cielos Claros – Tiempo Amable. Es decir, que la etimología, en lo que se refiere a la procedencia de la lengua de los aborígenes, no se pone nada de acuerdo. Pero para qué ponerse de acuerdo si esto es Australia, los australianos son los colonos, y los aborígenes no tuvieron derecho a votar hasta hace poco más de 50 años. No nos vamos a molestar en si el tiempo es agradable o el cielo claro o si son dos picachos juntos. Bullaburra y se terminó el tema. Hay más nombres del estilo como Warramoo.

El caso es que el tren nos escupió a la mayoría de los pasajeros en Katoomba. Una ciudad epicentro para las actividades de montaña en las Blue. Todo lleno de agencias para paseos con guía, todoterrenos, autobuses turísticos... toda clase de ventajas para los turistas, de las que ya sabéis que yo me alejo con todos mis respetos. Y con todos mis respetos me acerqué a dos personas mayores que salían de la estación. Cuando dos personas mayores se bajan de un tren que va a un destino turístico y no llevan un mapa del lugar, es que son de allí. Podría hacer un estudio, pero lo doy por sentado. Efectivamente, me recomendaron que fuera al YHA, que es la cadena de hostels que hay por aquí para tomar información sobre lo que yo quería hacer. De allí fui a lo que yo había localizado en casa como EchoPoint. El punto de información turística localizado al lado de las Three Sisters.

Las Three Sisters son tres pináculos sobresalientes de una escarpada, muy escarpada pared de roca. Son un símbolo importante en NSW (New South Wales – Nueva Gales del Sur) y en las azuladas motañas (que son azuladas por la hoja del eucalipto, que todo lo tiñe de azul). Bien. Pues el Echo Point estaba al lado de estas Three Sisters y al lado de Three Hundred de Japoneses que se hacían selfies con palo y sin palo, en grupo sin palo y en grupo con palo, pedían que les hicieras fotos, te pedían una foto contigo, te pedían que les hicieses una foto con el palo del selfie puesto... una maravilla. Fui, las ví y me vencí. Me vencí del lado del EchoPoint, que es a lo que había venido. A adquirir un mapa del Six Foot Track (Senda de los Seis Pies)
El Six Foot Track es un camino que une Katoomba con las archiconocidas (en NSW) Cuevas de Jenolan. El nacimiento de este camino se debe a la cercana imposibilidad de abastecer a las cuevas y sus recintos aledaños de víveres y demás cuidados para los visitantes, puesto que se trata de un conjunto de cuevas observadas y visitadas desde finales del siglo XIX. Pues unos apuestos caballeros (con caballos) empezaron a abrir camino entre el bosque de eucalipto, serpientes, arañas, más eucaliptos, etc. a través de las montañas para abrir una nueva ruta de abastecimiento. Supongo que el ancho de dos culos de caballo serán seis pies, porque la ruta se llama así porque mide seis pies de ancho. Aunque hay veces que los seis pies deben de ser de Bebeto (Jugador de fútbol de los años 90 que tenía un 35 ó 35 de pie). De las cosas que se acuerda uno.

Pues no sin pasarlas bravas (o putas, vaya), consigo atravesar todo el pueblo de cabo a rabo, porque el caminito sale desde más allá de lo que eran los límites intermunicipales del susodicho. Pero en cuento encontré el desvío todo estaba maravillosamente señalado. Bien, metámonos en materia. Katoomba está como en una meseta y termina en un cortado. Pongamos que este cortado en el que termina se extiende de Este a Oeste. Hablamos de un cortado de unos 300 metros. Ninguna tontería. Se extiende en de forma recta para, por los dos extremos, girar a norte, y acabar encontrándose juntos los extremos otra vez. Explicado mejor, es como una piscina de eucaliptos enorme. Y el camino empieza por unas escaleras, 800 más o menos, que bajan como las escaleras de acceso a la piscina.

Ese tramo es terroríficamente precioso. Digo terroríficamente porque es cuando recuerdas todos los cuidados que tienen que tener en Australia para no pisar una serpiente o araña. No atormentarlas. No cruzarte una tela de araña con la cara. No es que las viese ni hiciese nada de lo anterior. Es simplemente en apartado de “riesgos” de la página web de las Blue Mountains. Un espléndido verdor, acompañado de una verdosidad en unos eucaliptos que no había visto nunca (Australia tiene más de 700 variedades de eucalipto, y en las Blue Mountains hay por encima de 90). Es apasionante bajar esos escalones sin tener ni idea de lo hay detrás de todas esas ramas y esos helechos que todo lo pueblan. De vez en cuando oyes algo reptar. Pero como bien me dijo Tom “El riesgo está ahí, y sabes que está ahí. Si tienes miedo, te quedas fuera. Si entras, te olvidas. A medias no”. Bueno, lo utilizó para la ecuación surfear-miedo-tiburones, pero también es válido para andar-miedo-arañaserpientesetc. Pero bueno, yo, que no solo entiendo por ejercicio físico el beber de pie, me dí al monte “sin miedo”.

El camino te baja todo ese cortante de piedra hasta al fondo del todo, donde ya empiezas a ir subiendo y bajando colinas. En un perfil de ascenso-descenso, el primer día era bastante llevadero, lo que pasa que yo le añadi ir desde el EchoPoint hasta el comienzo del camino que, claro, normalmente la gente lo hace en autobús. A lo largo del camino lo primero que me dejó absorto fue un loro/cacatúa que si se pone de pie a mi lado me llega más arriba de la rodilla (cabe destacar que a partir de ahora todo lo que se refiere a medidas, volúmenes de sonido y demás datos numéricos pueden haber sido alterados por la sorpresa, locura transitoria o inmensa felicidad del narrador en el momento del acontecimiento). Lo que decía, que una cacatúa de tres metros sale volando de un árbol y graznando (o lo que hagan) como un pterodáctilo. Welcome to the Blue Mountains!

Especies sin fin de pájaros me rodean, mariposillas vuelan delante de mis pies, mientras saltamones saltan de un lado al otro del camino, cuando de repente veo un establo para caballos y, para mi sorpresa. ¡DOS CANGUROS! En el cartel informatico al principio del camino ponía todo lo que “se podía ver”. Sabéis que en los carteles informativos de España, en Doñana, creo que ponen que puedes ver al lince ibérico, y en el Pirineo al oso pardo. Pues nada, un engañabobos. Yo estaba antes dos canguros grises agazapados que me miraban como: “pues nosotros tampoco te habíamos visto a tí nunca, pero si quieres unas de estas flores que nos estamos comiendo, ven”, y se fueron saltando. Saltando como saltan los canguro de la tele. Igual, oye. Una réplica perfecta. A mi cabeza me empezó a venir de todo, a parte de una sonrisa de oreja a oreja. Primero que en mi primera hora en el bosque ya había visto canguros, así que las serpientes venenosas estaban por llegar. Segundo, que que hacían dentro de una finca de caballo. Pensé en el jabalí que oímos Pepo y yo en Alemania. Que luego pensamos que era una cinta puesta a un megáfono cuando tocabas cierta rama del camino. Esto yo pensaba que los podía tener el de la finca para sí. Pero menos mal que la naturaleza es sabia, o el que organiza este parque lo tiene todo muy controlado, pero luego se me cruzaron unos cuantos pos el camino. Y al día siguiente muchos. Y al otro muchos más. Familias enteras, hordas de canguros con sus caritas simpáiticas que no paran de mirarte con sus manitas como tejiendo tapetes de centro de mesa constantemente.

La cacatúa ya se había quedado en el olvido con los canguros. Bueno, en realidad no. En realidad formaba parte del inventario de lagartos con cresta amarilla (tan largos como mi antebrazo), canguros, mariposas bellísimas, saltamontes que saltan y vuelan a la vez, pájaros de mil tamaños, colores y sonidos... ¡Creo que he visto una vaca y todo!

Eso es un resumen, en realidad, de los tres días que he tardado en llegar hasta las cuevas de Jenolan. A mi pasó por estos parajes me crucé con un grupo de monitores que iban con los chavales, y estaban acampados donde yo llegué la primera noche. Eternamente agradecido a aquella monitora, neozelandesa, por los consejos para rutas en Nueva Zelanda. Eternamente agradecido a los canguros que saltaron alrededor de mí esa noche, para volverme loco y a la vez feliz. Gracias a Jack Jones. Para quien no lo sepa, Jack Jones es el que se olvidó el saco de dormir en el hostel una vez, escribió una vez un email, y nunca vino a por él. Ahora lo tengo yo, Jack Jones, por si lees esto alguna vez. Estoy en deuda contigo, y si alguna vez te encuentro por casualidad, o lees este blog, o te das cuenta de alguna manera de que yó tengo tu saco, te lo devolveré sin ningún problema. Pero de momento, gracias Jack Jones. Y también he conocido a una pareja de las chicas de oro, que se iban con la tienda las dos a hacer este camino. La verdad es que me ha bajado un poco el autoestima, pero bueno, ha sido la última noche. Y Avis, una de las dos, me ha invitado a verla en la Costa Este cuando suba hacia arriba. ¡He ligado!

Anotaciones de la primera semana: No sé si el agua en el váter va al revés porque los váteres son como los de casa, que se va toda de una vez, pero la luna va al revés (es en forma de C cuando es creciende y D cuando es menguante); las estrellas están todas dadas la vuelta, incluso hay algunas que desconocemos en el Hemisferio Norte; el Sol, en su trayectoria durante el día, se vence hacia el Norte, y no hacía el sur, como el Hemisferio Norte, por lo que mi localización de los puntos cardinales se ha visto a veces mermada. ¡Pero en la muñeca llevo un peluco que lo flipas! ¡Ah, sí! Los coches siguen yendo al revés también.
Esa es la piscina de eucalíptos a la que me refiero


The Three Sisters



Y aquí creí que iban a venir los diplodocus de Jurasic Park Y se iban a comer las copas de los árboles mientras yo caminaba entre sus patas

Y aquí una de veolocirraptores. O la casa de pradera sin casa.

"Pero cari, no poses. Como si yo no estuviera. Tu a lo natural. Haciendo cosas de canguro. ¿Cómo que qué cosas? Pues tú sabrás... No sé... Salta, mira al infinito como si hubiera unas hierbas riquísimas... No sé. ¡Pero deja de mirarme!"

El puente colgante en el que me quise hacer un selfie en medio y hacerle una foto al paisaje, y no hubo huevos porque eso se meneaba que daba gusto.
!Pero desde el final sí!



Oye, Pepo, que mira, que mejor lo dejamos. He encontrado una mejor vida al otro lado del planeta. Mira, que te he dejado comida en la nevera y eso. Y que te puedes quedar con todo lo que quieras, pero que me he llevado la casa. Es que... pues que aquí se está mejor. ¡Te quiero!


"No dar de comer a los animales. Aprenden a atacar a los niños que tienen comida, y entonces nos podemos ver obligados a destruir al animal" Así, las cosas claras. Tú le quitas la comida a un nene. Yo te destruyo con un lanzagranadas.

lunes, 23 de marzo de 2015

The Rocks: El comienzo de todo




Si hay un país con un comienzo espectacular, ese es Australia. A parte de ser descubierta por occidente una y otra vez, y cada uno llamarla de una manera, nadie tenía intención de apropiarse de unas tierras que nadie sabía muy bien dónde estaban, qué había en ellas ni quién las habitaba además de aborígenes tiraflechas. Pero la pérdida de la colonia americana por parte del Reino Unido les obliga a tener que mandar a sus convictos a algún otro lugar del globo, lejos de casa. Y, no conformándose con sus incorporaciones de Asia a sus colonias, aquí entra el papel de Australia.

Ni siquiera llamada Australia todavía, a finales del siglo XVIII viene aquí el laureado Capitán Phillip Arthur, no sin diversas problemáticas de camino, con sus 11 naves y un número de convictos y funcionarios tan inexactos entonces como ahora. Tanto el libro de “En las Antípodas” (de nuevo mi enhorabuena a Fer y a Juan. Nunca nadie estuvo tan acertado en lugar y momento para tan aprecidado regalo, que en inglés hubiera dejado de rozar la perfección para así abrazarla), como en el The Rocks Discovery Museum como en Wikipedia las cifras son diferentes. Digamos que entre 750 y 1.000 convictos vienen en 11 barcos, con unos 200 funcionarios de la Casa Real Británica para establecer aquí una colonia presidiaria.

Esto era bastante prisión para los recién llegados que ni siquiera montan lo que viene a ser una cárcel como tal. Simplemente se las arreglan para soltas a las personas bajo pena en este lugar del que no se había hecho ningún estudio o informe partcularmente detallado sobre recursos. Tampoco los que llegaban eran los más duchos en ninguna materia como agricultura, construcción o “cómo sobrevivir en el país con las serpientes más mortales del mundo”, aunque eso entonces ni lo sabían.

El caso es que se fueron haciendo. El Capitán Phillip hizo lo que pudo con lo poco que le llegaba desde su unido reino, pero lo justito para sobrevivir, y de hecho perder vidas. Las de los convictos importaban poco. Las de la gente a su mando un poco más. El caso es que el aglutinamiento de gente empezaba a crearse alrededor, o sobre, una zona llamada originalemente “The Rocks”. No doy más explicaciones. Phillip ya decidió irse y dejar paso a otro Capitán, que empezaría poner un poco de orden por aquí, y poco a poco se fue formando.

Después de unos cuantos intentos de fuga y tal, la cosa no era seria, porque nadie tenía buenas noticias de lo pasaba más allá de las montañas de allá atrás al Oeste, así que no merecia la pena moverse, si no que mejor buscarse una vida en lo que ya se llamaba Botany Bay. Salvo el resonado caso de Mr. y Mrs. Bryant, que se largaron tan lejos como a Timor.

¿Cuándo se sabe que una ciudad funciona? Cuando se empieza a establer un puerto de mar. ¿Y cuando se sabe que un puerto de mar funciona? Cuando viene un gobernador e implanta la prohibición del alcohol. En este caso Governor Hunter. Y seguimos con este juego de “yo pregunto, yo respondo” Aún así, la ciudad se sigue que va funcionando si, a parte de crecer en número... Tiene un John Boston que sigue destilando ilegalmente. Y es a raíz de este tipo y el descontrol que se crea el primer bar The Jolly Sailors, con licencia para vender alcohol. Una vez está todo legalizado, esto tiene pinta de crecer como la espuma (de la cerveza) y ser una ciudad próspera.

Gracias a The Rocks Discovery Museum y a “En las Antípodas” por los datos, y gracias a todos los que falsean los datos, o más bien ocultan que esto ya estaba descubierto por unos majetes en taparrabos que a su vez, según algunos estudios, también navegaron hasta aquí. Pero es más atractiva la historia de los convictos.

Os presento a Ocyphaps lophotes, o paloma con gomina, muy típica de aquí

Bien, si tienes inquietudes o preguntas sobre algún lugar de Sydney, tu primer punto de contacto debería ser el "Consejo Aborigen de la Zona Local Metropolitana" o, si ese nombre te ha resultado demasiado complicado, dirígente a "La Autoridad de Protección Medioambiental en el Departamento de Medioambiente y Conservación" que cuando aparezcas por allí, o está cerrado ya, o se te ha olvidado lo que ibas a preguntar


Y no, no quieren más invasores de sus tierras que acaben destrozando su economía, por lo que en aduanas tuve una entrada un poquito atareada. Pasaron mi pasaporte por el scanner y me dijeron de mirar al pajarito para hacerme la fotito de entrada. Por ahí todo entraba en las instrucciones del juego. El agente me dijo que tenía que comprobar algo su superior, y que fuera con él. Seguí al superior “no sé qué” hasta una mesa a la que iba a pasar por detrás hasta que me dijo “do you follow me shopping? No. So stay there. He he he” ante la mirada y risistas de sus coleguis. Comprobó. Todo parecía ir bien. I volvió a comprobar. Me miró, y miró a su compañera, a la que le dijo si quería comprobarlo ella misma. Lo comprobó, y me hizo preguntas. Cuánto tiempo aquí, si conocía a gente aquí, si tenía suficiente dinero para mantenerme aquí, que cuanto dinero tenía... Y después me dijo: “No, es que el scanner no reconocía dos parámetros de tu foto de pasaporte y teníamos que comprobarlo, pero todo está bien”. Así que supongo que lo normal mientras lo chequean es darte conversación del tipo “cuánto dineros tienes, vienes a delinquir...” y esas cosas que rompen el hielo y te tranquilizan un montón mientras por un lado piensas que son unos capuyos y por el otro crees que llevas 3 kilos de heroíana que te han escasquetado en China y no te has dado cuenta. ¡Pero todo bien, hey!

Hey man, I'm in Sydney. No worries, hey!

El aterrizaje que te lleva al Aeropuerto de Kingsford en Sydney tiene uno de los aterrizajes más bonitos de los que he tenido la suerte de ver nunca. Es de esos aeropuertos que le han ganado terreno a la Bahía y se adentran en Botany Bay como dedos atrayentes. Veo desde el avión to el intercalado de edificios, una vista aérea de barrios residenciales y pocas fábricas. Pero algo delata esa ausencia de centros de producción, y es un extraño salto de barreras en nuestro descenso. Primero, el paso de las nubes y, después, una segunda inmersión en una neblina de polución que ya da paso a ver la ciudad. Anyway, que viniendo desde el norte se pasa por encima de Sydney y más tarde se da la vuelta para atacar la pista de aterrizaje en dirección Sur-Norte.

Todo fácil al llegar. Directo a Green Square Station para ir a casa de Hannie. Lo primero de todo, enfrentarse a los coches desde el otro lado. No quiero que me pase la de Edimburgh, que no es que solo me llevase la pitada de un autobusero, si no que el propio autobús casi se me lleva por delante. Vivimos muy tranquilos en nuestro mundo, me parece a mí.

Después de preguntar dos veces me encuentro, y unos por la calle me preguntan algo, pero voy con los casos y no me entero. Resulta que son os compis de piso de mi amiga, y estoy al lado. Arrived!!! Son las 11 de la mañana y me flipo una ducha después de varios días. Bien, buena gente. No sé qué, no sé cuántos, y me ataca la mosca del jetlag, que no es la misma que la “tze-tze”, y me deja K.O. en el sofá. Lo que me viene muy bien. Todo el mundo se va a currar y un rato más tarde llega mi colegui Hannie. Bien! Nos vamos a ir de cervezas, porque es lo que toca. Para destrozar el jet-lag.

Newtown es como Malasaña, aunque las comparaciones sean horribles. Dos compañeros de Hannie trabajan allí, en un bar, y nos vamos allá. Una velada con un par de cervezas en la que todo el mundo acaba como las grecas a la 1.00 y yo viéndolas venir. ¿Pero qué es esto? En fin... Esta gente no sabe. Habrá que enseñarles.

Bien, segundo día, y estoy totalmente recompuesto. Vamos a enfrentarnos a las tareas básicas. Comer, lo que supone una caminata y una inspección de un supermercado. Si no te encuentras familiarizado con el supermercado en el que estás, parece que ni siquiera sabes lo que quieres comprar. En casa sería fácil. Con este calor, Carrefour y gazpacho. Pero aquí no. Nos toca un recorrido completo. La fruta, ¿Se pesa o no se pesa? Los cereales ¿De qué color son? Tooodas las verduras y frutas pareces (o lo son) transgénicas. Todo del mismo tamaño, color y textura. Hoy, de hecho, no sé cuántas manzanas me he comido porque eran todas iguales. Todas con la pegatinita de “Product of Australia”. Lo de los tomates cherry es una pasada, que vienen en rama, y las ramas en las cajitas de plástico parecen fotocopias. O frutocopias. ¡Yá no sé cómo va esto!

Conseguir el teléfono, por el contrario, ha sido superfácil. Ahí lo dejo. Punto y pelota. Unos altercadillos más con eso de conducir por la izquierda y ya está. Ya tengo controlado el tema de conducir por la izquierda. Todo cobra sentido después de unos cuantos cruces, pero cuando me cruzo con una calle de una sola dirección que es, por ejemplo, hacia la izquierda, y los coches vienen por la derecha, pues yo miro a la derecha a ver si vienen pero, no obstante, miro al otro lado tamibén no vaya a ser, por si las moscas, que alguién haya cambiado el sentido del tráfico en el último minuto y yo no me haya percatado. En fin, Sandra me entiende.

A mi lo de los mapas se me da muy bien, pero paso de estar con el mapa todo el rato, así que me he adentrado en la ciudad con mi brújula en la cabeza a ver qué pasaba. Padres, ya sé que llevaba una en la muñeca, pero quiero probar mis sentidos de navegación a cero metros sobre el nivel del mar. El caso es que por allí y por acá he ido recorriendo, y me he encaminado por George St. cuando ya debía estar cerca del meollo de la Ópera y el Puerto y el Puente y to el royo y he ido a entrar a un parquecito para aparcar la bici y... PUM! La Ópera allí lejos. Hostia, que he dejado la bici y la he empezado a mirar. Vamos, que estaba en Sydney. Vamos, que eso era la Ópera de Sydney y yo estaba a 17671.79 de mis padres. Que a quién llamaba yo ahora para comer cuando no me apeteciera cocinar. Y de mi abuela, que a ver a quién iba yo ahora a su casa de repente para comer tortilla. Pues nada, que estaba en Sydney y con esas me ha empezado la risa floja, la sonrisa permanente... Vamos, que me lo he tomado muy bien. Ni mal royo ni nada. Estaba como alucinado con algo que había visto tantas veces en la tele, en fotos, en postales... Y esta vez era verdad. Así que me he dado una vuelta por el puerto. Todo bien. Me he sentado a leer. He acabado “Los viajeros de la noche”. Madre mía que historión en el Nueva York de comienzos del siglo XX. Y ahí hasta que ya he quedado con Hannie y nos hemos ido en ferry a Manly.

Manly es una zona bastante rica de Sydney, pero que tiene una playa kilométrica para pasear. Muy bonito todo en Manly, sábado, la gente supervestida para salir. La verdad es que la gente, de normal, se arregla mucho más para salir que en Madrid. Hannie ha estado viviendo en Madrid y también me lo ha dicho. Bueno, pero a parte, nuestro paseo por la playa ha sido increíble. He visto la inmensidad del Pacífico y Hannie me ha preguntado: ¿Sabes dónde está Nueva Zelanda? Para allá. Ahí se me han caído los huevos al suelo. Ver la basta inmensidad del Pacífico y pensar: Pues si tú lo dices, para allá que me voy. Por cierto, que ya tengo el vuelo que lo he pillado hoy mismo. Melbourne-Christchurch el 14 de Mayo. Apurando hasta el final. No se sabe la cantidad de veces que he mirado el visado a NZ para ver la fecha límite para no cagarla. Es el 16. Todo en su sitio.

De vuelta, de noche, lloviendo en el ferry, turbulencias en el mar (marejadillas) han echado fuegos artificiales desde un punto de Port Jackson que nos hemos vuelto todos locos. Se hace todos los sábados a las 21.00, así que si pillas el ferry desde Manly a las 20.45 lo flipas en colores de verdad.

Un domingo que para mí podía ser miércoles o lunes amanece con el mismo cielo nublado, así que es día de museos. Un paseo por el jardín botánico me despeja. No sabía yo que el té lo descubrió un emperador (emperador tenía que ser) chino que estaba bebiendo agua, que espero que no fuera caliente, cuando de una planta se le cayó una hoja dentro del vaso y le supo bien. ¿Peues no se le puedo caer en la cabeza y descubrir la gravedad? ¿Es que todo lo bueno en este mundo se descubre por cosas que se caen? A Arquímedes también se le cayó una corona en una bañera. ¡Jolines con las caídas! Total, que de esas y otras cosas me he dado cuenta en el jardín botánico. Precioso él, localizado al lado de todo el meollo, pero mirando a Port Jackson, una maravilla para pasar una mañana antes de ir al Art Gallery of New South Wales. New Sout Wales es el estado en el que está Sydney.

La bici, la mejor amiga para recorrer este lugar (gracias Hannie) me deja en la puerta. La colección europea excita, pero no abruma, puesto que mucho historia conocida y muchas lecciones ya aprendidas en casa. Pero la sección asiática y aborigen son una maravilla. Es gracioso como los vigilantes de sala de ambas son, respectivamente, un asiático y un negro aborigen. Cada uno con lo suyo.

Después de un poco de paseo buscando el The Rock Discovery Museum of Sydney que, para los entendido en inglés, no es un museo de geología, doy con el Observatorio de Sydney. Es uno de los observatorio en uso más antiguos del “nuevo mundo”. Empezó como observatiorio para calcular el tiempo exacto, y tiene una bola que cae todos los días desde lo más alto a las 13.00 exactamente. Con ello, todos los barcos de Port Jackson se ponían a la hora a la vez para llevarla bien, bien, bien. ¡Sincronicemos relojes! Igualito que los Power Ranger. Relojes y astrolabios rarísimos y demás parafernalia que toquetear y ver. Total, que no he encontrado el Discovery Museum. Éste trata sobre “The Rocks”, un barrio que ahora está bastante revalorizado. Se trata del barrio donde empezó todo en Sydney.

Aduana y ceremonias
idiomas y ciencia
de los dueños originales de esta tierra.

Presos y marineros
balleneros y comerciantes
y cómo todos hicieron de The Rocks su casa

Esa es la introducción al museo, y esta es una frase de una escritora australiana, que luchó por los derechos de los aborígenes (Judith Wright)

I am born of the conquerors,
you of the persecuted.
Raped by rum and an alien law,
progress and economics,
are you and I and a once-loved land
people by tribes and trees;
doomed by traders and stock-exchanges,
bought by faceless stranger.

Y después de todo esto, una vuelta a casa en mi bici (de Hannie), que le estoy cogiendo cariño. Y fue a la vuelta a casa donde descubrí que la entrada anterior del blog, o la anterior, no es “Nice & Fast”. Es “Nice & Easy”, que es una frase de Matthew McConaughey (Cooper) cuando está intentando ensamblar las naver.

Lunes de desestrés, he cogido la buena de mi bici y me he dirigido a Bondi. Es la playa por excelencia de Sydney. Todo el mundo va allí. Todo el mundo quiere ir. Lo que da que pensar que va a estar abarrotada, con el calor y el buen día que hacía. No todo lo hace pensar, puesto que es lunes, pero aún así da miedo ir a lo que es la principal playa de Sydney. Bien, pues nada de lo anterior. Una belleza provista de edificios de una altura considerable alrededor. Un agua cristalina en la orilla, con algas en el medio, y de un azuloscurocasinegro al final. Una playa en la que todo el mundo hace footing. Una playa limpia. Una playa con WIFI gratis. Hay que ser muy australiano para eso. Y, bueno, una playa que ofrece un camino llamado “East Coastal Walk”, que son 6km desde esta playa hasta el sur pasando por varias y llegando a Coogee Beach. Otra maravilla de la naturaleza rodeada por viviendas y bares, pero que da la impresión de pueblecito. Y todo esto en bici desde casa. No más lejos. Y en estas playas he empezado el libro de Fer y Juan: “En las Antípodas”. Un libro que viene muy al pelo y que me recuerda mucho a Javier Reverte (no confundir con Javier PÉREZ Reverte, del que recomiendo ver el Celebrity de Muchachada Nui). Y este libro nos recuerda lo poco que sabemos de este país que acabo de descubrir.

El gobiertno de este país es un negacionista del cambio climático global teniendo el boquete de la capa de ozono aquí arriba. Un presidente en los sesenta paseaba por la playa, se lo llevo la corriente, y nunca más se supo de él. Las diez especies de serpientes más venenosas del mundo están aquí. Si creíamos que en Madrid a los ciclistas no nos respetaban, ¡y una mierda! En los parques hay ibis, sí, ese tipo de pájaro con el pico largo (véase la foto). Las gaviotas son blancas y más pequeñas, preciosas, aunque atacarán los restos de tu manzana igualmente. La mayonesa sabe diferente, porque está mezclanda con mostaza ¡Una maravilla! Votar es obligatorio y no votar tiene multa. “no worries” se utiliza en todos lados como un “no pasa ná”. Los de mi casa dicen todo el rato “hey” como “hey man”, pero también como esperando confirmación “this is a great beer, hey?”. El Metro tiene menos afluencia (aún) que el de Madrid. Los coches siguen viniendo por el otro lado, pero para los peatones en el suelo pone hacia que lado deben de mirar con un “Look right”. Todo el mundo hace footing. Mis piercing son una cosa rara, me ha dicho Hannie. En fin, con esto y mucho más... G'night!


Bondi Beach también es Sydney

Las palomas de aquí son ibis

Un cielo gris no me quita la exhaltación

Sydney Opera

Harbour Bridge aguanta viento y marea


En el Museo de Arte hay una colección de vasijas con un intruso

Cristo tan triste y Budha tan feliz. Cristo es una imagen hecha de Budhas pequeñitos, y viceversa




East Coastal Walk

viernes, 20 de marzo de 2015

Lo difícil que es llegar

Después de deambular por Alemania con el dedo levantado, llegar a Ghent (Bélgica) desde Frankfurt fue fácil. Fue fácil porque lo busqué fácil: blablacar.com . Bien, a las 14.30 estaba saliendo de un punto de Frankfurt del que no me acuerdo, con el coche lleno. Así que, esta vez sí: Fast & nice.

Al llegar a Ghent tengo chófer. Santi me recoge en la estación de tres, que está totalmente en obras, y nos vamos a casa. Bastián, la criatura pequeña de la familia ya duerme. Nos tomamos unas cervecitas en casa y nos vamos para el centro a hacer lo propio. El centro de Ghent, incluso de noche, es encantador y seductor. Es cualquier otra cosa menos monótono. No tiene un edificio igual a otro, y todo parace centro histórico.

Es una ciudad estudiantil-universitaria que tiene una media de edad bastante baja, pero no da la sensación de que todo esté hecho por y para el estudiante. Resulta muy agradable pasear con las bicis por ahí, por todos lados, porque Ghent es una de esas ciudades con bici que tienen de esos carriles por todos lados. Están por todos lados. Están bien respetadas y bien vistas. La gente está muy hecha y es muy consciente de lo que acontece, y no como el “carril bici” de Madrid. La bici se convierte en tu mejor amiga en una ciudad en la que solamente he visto una cuesta arriba (y en la misma, una cuesta abajo). Asi no es difícil. Y menos en una ciudad que también te da facilidades de aparcamiento para ellas y en las que el robo de bienes es menor.

Y a partir de Ghent y de una despedida de Europa, comienza la consecución de medios de transporte hasta Sydney.

Fase 1. Un corto tren hasta Bruselas, sin el menor altercado.

Fase 2. Un corto blablacar hacia París inmediatamente después saldría un poco tarde, y sería la siguiente etapa. El conductor francés dijo, lo primero del viaje “Let's speak english because Alberto doesn't speak french”, e inmediatamente después empezaron a hablar los tres en francés. Así se hace... A mitad de camino la chica que se sentaba atrás conmigo no quiso saber nada más de lo que se hablaba delante, así que pude hablar en inglés. De tonterás, pero en inglés.

Fase 3. Un poquito (13 horas) de Charles de Gaulle International Airport. Bien, CDG Internation Airport tiene el tercer puestoe en afluencia de tráfico en Europa después de Heathrow y Frankfurt en ese orden. Bien, pues como buen tercer aeropuerto tiene muchos enchufes y WIFI gratis. Pero después de dos horas, un sofá incómodo y haberme comido todos los sandwiches, ya me subía por las paredes de Charles y de su hermano pequeño.

Ya conocía a los residentes, a los de la limpieza, a un tipo que se paseaba todo vestido de negro, con gabardina, botas de Marilyn Manson y gafas de sol negras. Además era negro, se sepa el dato. A parte de cuatro miembros del ejército con supermetralletas (La cosa después de lo de Charlie Hebdó está turbia). Bien, pues cuando ya estaba cómodo con todo eso, incluso con el asiento, es cuando te desvelas y ya eso no va para ningún lado. Cinco de la mañana, hasta las 9 y media de la mañana que facturaba fueron las cuatro horas más horribles de mi vida (dramatizando). Tom Hanks, un principiante.

Fase 4. Embarqué en un vuelo de AirChina y volar a China. Bien, pues se ha de contar que a mi los aeropuertos me ponen nervioso. Da igual que lo tengas todo preparado desde hace tres semanas. De hecho, eso me pone más nerviso aún porque no sé dónde mierda están las cosas. Bien, deberían venir todas dadas. Pero también ellos y ellas tienen el poder de decirte que sí o que no a todo. “¿Puede facturarme la maleta hasta Sydney?”, y cuando la respuesta es “No” todos los planes pueden cambiar. Bueno, en Shanghai habrá consignas. “¿Me puede facilitar el papel de la Transit Visa en Shanghai?”, cuya respuesta fue “No”. Así que... No visa, no maleta... Sonaba a 13 horas más de aeropuerto. Bien, pues después de bajar ya iba con las mosca detrás de la oreja. Una cosa no funcionaba sin la otra. Qué más me daba dejar la maleta en consigna si me tenía que quedar en el aeropuerto. O qué más me daba poder salir si me tenía que pasear on la mochila de todas formas.

Al llegar a Shanghai no pudimos bajar inmediatamente. Tuvimos que esperar porque la policía subió y se llevó a una chica que esperaba para salir. La chica no parecía ni asustada ni sorprendida. Al final puede salir a Shanghai. Shanghai es una ciudad un poco de locos. Tiene el tren más rápido del mundo, que va desde Supong Airport hasta la ciudad. A la ida me quedé descontento con sus únicos 301km/h de máxima, pero a la vuelta le pusieron las plas correctas y llegó a los 431km/h.

Una vez llegué a la última parada en la ciudad, decidí ir andando a la parte de “Manhattan”. Y resulta que tardé tres horas. Al paso de patos laqueados colgados en la calle, tiendas de chinos, restaurantes chinos, gente que me saludaba sin ton ni son “ni hao”, gente haciendo tai-chi en los parques con músiquita en radiocasettes, un poco de sopita china en un sitio en el que le sorpendí, y un intento de tipo que casi me cuesta la cara. Esto lo voy a extender un poquito.

Una pareja de chinos estudiantes, o estudiantes chinos, me piden que les haga una foto en uno de los lugares más raros. No sé por dónde viene, pero viene por algún lado. Me cuentan no sé que de una exposición sobre té, porque china tiene un montón de tés por aquí. Bueno, pues al final que vamos a un sitio de tés. Solos, ellos dos y yo, y una mujer que dice mucho “ni hao” al entrar nosotros, explicación de cómo se hace el té... pero la chica explica en chino, y una de los que he conocido en la calle me lo dice en inglés, pero casi a la vez que la otra. Se ve que está preparado. Me dan lista de precios y les digo que no voy a pagar. Insisten en ponerme un té. Les digo que ya no quiero más y que me voy. Me dicen que tengo que pagar por el té . No voy a pagar por el té. Me voy, pero el chico me corta la puerta, y la chica que hablaba en chino me la cierra (es corredera). Aparto al tío, que me dice que no le toque, así que con una mano abro la puerta, que la otra no me deja abrir. Abro un poco y pongo el puño para que no se cierre. Eso se lleva unos minutos de mi vida, en la que un chino más alto y fuerte que la media de lo que sabemos está entre la puerta y yo. Al final empiezo a gritar, no por llamar auxilio, si no porque me tienen hasta los huevos. Alguien pasa por el pasillo y les dice que ya vale. Me piro y ellos también, haciéndome el “fuck you, nothing is for free in China”. Con esas, me voy al aeropuerto... Malditos timadores asiáticos... Otra vez como en Vietnam.

Todo perfecto, nos vamos para Sydney!
Reflexion

Frankfurt

There is somthing better than perfection

Los canales de Ghent son de lo más atractivo de la ciudad. Su vejez y su verdor recuerdan a Venecia en todo momento.

Una estatua de un niño colgado entre dos ventanas nos deja con la intriga



Graffiti@Ghent


Yo y mis ventanas

el Museo del Dr Guislain es un antiguo Psiquiátrico. Hoy en día solamente se dedica una parte de él a ser psiquiátrico propiamente. el resto se dedica a una exposición permanente sobre la historia de la psiquatría y exposiciones de arte. Nos lo recomendó Katy. Una exposición de artistas, la mayoría con manías persecutorias, esquizofrenias o autismo, nos daba la bienvenidad. Después vimos la exposición de de retratos y una exposición de un ilustrador que el Bélgica es muy famoso y tenía muchas portadas de libros, películas y carteles de festivales. Dooreman es el nombre, para algún interesado. Lo más interesante es, sin duda, la exposición permanente sobre la historia del centro psiquiátrico y la historia de la psiquiatria. A lo largo de la exposición, de la mano de la historia del centro, se va haciendo alusión a métodos, procesos y cambios en la histora de la psiquiatría. Salvajadas y demás se ven todo el rato, como los principios de la lobotomía, cuando un tipo empezó a exorcizar a gente por ahí diciendo que lo que tenían era una piedra demoniaca en el cerebro que podría sacar accediendo desde el grobo ocular con un palo. Algo así dicen que es el comienzo de la lobotomía. Se hace una larga alusión al combate que hizo este Dr Guislain contra la psiquiatría tradicional, contra los estereotipos tipo diagnosis de rostro (dar un veredicto de la enfermedad según el tipo de cara de la gente. Siempre s ha visto a gente loca por su rostro), extralimitación de los rayos-x, encierro, etc. En fin, muy interesante. He estado viend y Wikipedia más o menos trata todo lo que se trata en el museo.

Algo bueno de aterrizar en Shanghai a las 6.25 de la mañana

Hacinados

Esta gota azul es la mascota de la Expo2010 de Shanghai, y está en todos los carteles. En toda la propaganda china que hay por la ciudad. Es increíble cómo está por todos lados, desde carteles de no pisar el césped hasta carteles de cómo de feliz es la escuela china. O esto es lo que deduzco yo con mi chino mandarín fluído.

Pudong Rd. - Shanghai

Una estatua dedicada a la vida marítima de la ciudad, pero yo juraría que el timón se coge hacia el otro lado, salvo que el barco de este machote tenga marcha atrás

Para no poner el típico skyline de Shangha, lo pongo con un barco de por medio, que también está bonito

Más hacinamiento en mis ventanas

El Maglev es el tren más rápido del mundo. Al entrar a Shanghai "solamente" subió a 301km/h, y me queéd un poco decepcionado, pero luego a la vuelta todo quedó más claro 431km/h
Lo dicho, ¡hasta mañana!

lunes, 16 de marzo de 2015

Fast & Nice (Nice & Easy)


Comienza de nuevo el camino. Vamos entrecerrando puertas que nos dejan lazos abiertos a los que llegaré cada vez que quiera con este nuevo blog. Empieza la hazaña en serio, de nuevo. Un paseo apasionante de camino a la tierra de esos kiwis, gallinas torpes que no vuelan. Fruta áspera y con interior de verde esperanza. Y con eso abandonábamos Pepo y yo Berlín, con la esperanza de un “fast and nice” (frase de una película que no recuerdo) movimiento de salida de una ciudad tan tormentosa como el cielo que nos acechaba.

Carteles en mano que durante dos o tres horas no obtuvieron ningún maletero en el que adentrarse, al igual que nuestros culos no fueron agraciados con un buen asiento en el que trasladarse dirección Leipzig o Erfurt. Un amable señor con maletín nos advierte de que ese no es un buen sitio para parar coches. Que es mejor una gasolinera. Ya sabemos, esto es la fría y distante Alemania. Esa misma Alemania que hace un año me hizo desenvolverme con soltura para dormir sobre un par de cartones dentro de mi saco de dormir en una bonita gasolinera, consiguiendo el récord de 24 horas para 300 kilómetros. Esa Alemania.

Esa Alemania nos haría cambiar de lugar. Volver a mirar el mapa y relocalizarnos cogiendo el metro en Nikolassee, cercano al famoso Wansee de Berlín. Allá llegamos con intención de comernos el mundo, y poco más que conseguimos mojarnos los pies así de primeras. Y es que, a parte de la competencia (un tío con un cartel en la misma dirección que la nuestra y un perro), nada nos hacía dudar de nuestro éxito ya dirección enfocada a Leipzig sí o sí. Pero fue un no rotundo del destino de los autoestopistas. Bienafortunados los que fueron llegando al lado de nosotros y fueron consiguiendo irse, y nosotros apegados a aquella gasolinera hasta que un apaullante resultado de 3-0 nos hizo pensar que si tres personas habían conseguido irse preguntando en la gasolinera directamente, nosotros deberíamos agarrar nuestras mochilas a nuestras espaldas para dar pena, y hacer lo mismo. Y si me llego a despistar un poco, Pepo me abandona, porque entré a comprar unas patatas y cuando salí ya tená el macuto en un maletero. Bueno, no nos hacía mucha gracia el acosos a conductores directamente, pero nuestro culo empezaba a oler a mojado.

Aaron, gracias, Aaron, que nos llevaste hasta allá directamente a Erfurt, en tu bonito Volvo ranchera. Gracias por los consejos sobre dónde acampar. Aaron, que tocas en la banda de la Ópera de Erfurr. Aaron, que como en Alemania no hay controles de velocidad vas enciscadísimo. Aaron, gracias de nuevo.

Erfurt nos sorprende con edificios de refinado estilo, parecido a una Praga en miniatura. Con tranvía aparentemente innecesario para lo pequeña que paracce la ciudad, aunque al día siguiente nos demuestre la experiencia todo lo contrario. Misión en Erfurt: Comprar bombona de camping gas, cambiar la que hemos comprado mal en Berlín, compra en el supermercado y búsqueda de un lugar en el que plantar la tienda (parque). Después de un ratito, todas las misiones cumplidas. Mi alemán funciona tan bien como para gestionar la devolución de una bombona y obtener dinero de vuelta. Noodles instantáneos en el bolsillo nos llenarán más tarde el estómago. Y observando el mapa de la ciudad en un panel informativo una voz nos pregunta “¿buscáis un sitio donde dormir?”. Bien, la respuesta es sí. Pero su explicación es, sin rodeos, que hay un parque muy chulo al lado del río donde nadie nos molestará. Se nos ve en la cara que llevamos tienda de campaña. Porque no puede ver a traves de nuestras fundas de macuto, que ya impermeabilizan nuestras pertenencias.

Terreno blandito, tienda controlada, té de camping gas y cansancio hacen una buena mezcla de ingredientes para conseguir un sueño profundo del que nos costará salir.

El frescor y unas obras despliegan nuestros párpados. Hasta que nos recogemos tardamos bastante. El sobrevuelo de un helicóptero y un par de aviones militares me hacen recordar que leí que era una zona de aviación del ejército alemán. Un buen café nos hará olvidar todo esto. La camarera nos recuerda, con sus preguntas, que los mochileros, aunque bienvenidos, no pegan ni con cola en esta ciudad pijita y vestida de domingo toda la semana. Recatada y soleada. Un poco de información turísitca para salir de la ciudad y saber cómo dirijirnos a Häinich, el mayor bosque de hoja caduca de Alemania. Se trata de un hayedo de dimensiones impensables.

Fast and nice” no es nuestro mejor descripción a la hora de salir de las ciudades. Por favor, que alguien nos saque de Erfurt. El tiempo es soleado, pero no nos apetece pasar tanto rato con el dedo levantado y el mismo cartel pegado al brazo. Un chico pasa y nos dice que ese no es el mejor sitio. Tampoc habíamos pensado mucho. Dice que lo vamos a tener difícil, “porque esto es Alemania”. Y cuando no es esto, es “porque los coches no tienen sitio donde parar”, como nos dijo otra. Pero a la pregunta de “y sabes algo mejor”, encoger los hombros y pirarse es muy fácil respuesta. En fin... Esto era Alemania. Esto nos da que pensar, de todas formas, y estudiando nuestro mapa decidimos salir de ese infierno de avenida y dirigirnos, tras diversos paseos, a un punto que no tiene posibilidad de fracaso puesto que vamos al siguiente pueblo, y nos vamos a poner justo antes del desvío de Erfurt que se dirige a nuestro destino. Todo esto enfrente de una guardería en hora punta de salida. Niños, madres, padres y canguros observan como dos descerebrados pelan mandarinas heladas y comen chocolate mientras bailan al son de “llévame a Erfurt”. Resultado: Fracaso asegurado.

Los macutos pesan en nuestra espalda y la resignación en nuestras cabezas. Seis de la tarde. Llegamos a la estación de tren de Erfurt para ir a Bad Langensalza, desde donde al día siguiente podremos tomar un bus hasta el Parque Nacional de Häinich. Pero primero llegaremos a Bad Langensalsa, que siempre me sonará desde que lo escuché la primera vez a Bad Carnensalsa. Nos sorprende de primeras con una oscuridad de Sherlock Holmes entre farolas anaranjadas. Temperatura y humedad post día lloviznoso, pero a su vez nos da la bienvenida con un bonito mapa en la estación de tren donde localizamos más o menos un punto donde dormir. Parque a la orilla de un pequeño río, noodles, té, cenita romántica a la luz de la farola y a la cama, posiblemente a eso de las diez, como buenos habitantes del parque.

Un ruido ensordecedor retruena fuera de la tienda. Tenemos al lado una marmolera que corta, despieza, desplaza, desploma, destroza... bloques de mármol. Parece la guerra. Los aviones del ejército siguen sobrevolando el cielo aquí también, y le dan a todo un tono aún mejor. Un autobús nos llevará hasta la entrada del parque, Thiensburg. Lo que creíamos que era la entrada con un pueblo aledaño, o viceversa, se queda solamente en “entrada del parque”. Centro de información y todo eso. Hasta un horel-restaurante. Y unos baños a todo lujo. Oh my god qué baños! Papel. Agua. Todo lo básico en nuestro segundo día con la casa a cuestas. A lo lejos desde donde nos deja el bus divisamos una casas, al otro lado del parking del parque. Ahí están las que todavía no sabemos que van a ser nuestras casas. No literalmente. Qué me lío. Decidimos dejar los macutos escondidos entre unos árboles. Queda tarde, y nos apetecce hacernos un par de rutitas cortas. Cámara, mapita y palitos. ¡Al camino! Las fotos hablan por sí mismas.

A la vuelta decidiremos que esas casas son buenas para plantar la tienda al lado. Nos abrigarán del aire. El porche de una de ellas es maravilloso. Tiene dos sillas y una mesa. Parecce que hace mucho que nadie pasa por allí. Está será nuestro punto de referencia para dos noches. Dormir en tienda, pero el porche es una maravilla que tenemos que explotar con cuidado. Cenita preciosa a la luz del frontal en una mesa con hule que nos invita a recitarnos poemas con vaho. El termómetro de mi reloj marca 4 grados. No parece que vaya a llover. Al días siguiente decidimos dejar todo ahí y adentrarnos hacia una ruta larga. Serán 25 kilómetros que nos llevarán por terrenos de cultivo, pinares y, sobre todo, por un extenso hayedo en el que la primavera empieza a acariciar su manto y una tímida ardilla roja se cruzará con nosotros. El clima, el ambiente, la soledad del parque nos retratan escenarios de “Sleepy Hollow” en nuestra retina. Siniestro y bello nos rodea ese bosque de hayas cuando, tras horas andadas, mantenemos un paso ligero en un valle con ligera bajada. El silencio lo abarca todo tras un pequeño sonido de hojas, al que le sigue un gruñido de jabalí imbisible que retiembla en todo el valla. Si la cara de Pepo al darse la vuelta y mirarme era la misma que la que tenía yo, entonces el aire entre los dos era un espejo. Quietos, empezando a pensar a qué árbol subirnos, empezamos a caminar ligeritos, sin querer aparentar canguelo el uno al otro. Sabemos que un jabalí en época de cría puede estocarte una buena defensa, mejor que la de Pepe en el Real Madrid. Bien, ligeritos acabaremos el día, que nos llevará a nuestra casa, en la que podremos disfrutar de las últimas horas del día con sol y buen tiempo, antes de irnos cansados y satisfechos a la cama a las ocho de la tarde.

La cremallera se abre para dar la bienvenida a una meadita mañanera. Hemos oído gotas por la noche. Habrá chispeado. Pero ahora lo que nos sorprende es la nieve en copitos que empieza a caer, y que mientras desayunamos se convierte en copos de tamaño decente. Ese es el principio de un bonito y lluvioso día que nos llevará, en cuatro etapas no demasiado agotadoras, a Frankfurt. Bis Bald Alemania

Sacadme de aquí

Erfurt



Aflora la primavera



Casa

Esperando que caiga el rayo


Vuelve de paseo

Vaya dos... ¡Qué bohemios!

Camino a la perdición