lunes, 23 de marzo de 2015

Hey man, I'm in Sydney. No worries, hey!

El aterrizaje que te lleva al Aeropuerto de Kingsford en Sydney tiene uno de los aterrizajes más bonitos de los que he tenido la suerte de ver nunca. Es de esos aeropuertos que le han ganado terreno a la Bahía y se adentran en Botany Bay como dedos atrayentes. Veo desde el avión to el intercalado de edificios, una vista aérea de barrios residenciales y pocas fábricas. Pero algo delata esa ausencia de centros de producción, y es un extraño salto de barreras en nuestro descenso. Primero, el paso de las nubes y, después, una segunda inmersión en una neblina de polución que ya da paso a ver la ciudad. Anyway, que viniendo desde el norte se pasa por encima de Sydney y más tarde se da la vuelta para atacar la pista de aterrizaje en dirección Sur-Norte.

Todo fácil al llegar. Directo a Green Square Station para ir a casa de Hannie. Lo primero de todo, enfrentarse a los coches desde el otro lado. No quiero que me pase la de Edimburgh, que no es que solo me llevase la pitada de un autobusero, si no que el propio autobús casi se me lleva por delante. Vivimos muy tranquilos en nuestro mundo, me parece a mí.

Después de preguntar dos veces me encuentro, y unos por la calle me preguntan algo, pero voy con los casos y no me entero. Resulta que son os compis de piso de mi amiga, y estoy al lado. Arrived!!! Son las 11 de la mañana y me flipo una ducha después de varios días. Bien, buena gente. No sé qué, no sé cuántos, y me ataca la mosca del jetlag, que no es la misma que la “tze-tze”, y me deja K.O. en el sofá. Lo que me viene muy bien. Todo el mundo se va a currar y un rato más tarde llega mi colegui Hannie. Bien! Nos vamos a ir de cervezas, porque es lo que toca. Para destrozar el jet-lag.

Newtown es como Malasaña, aunque las comparaciones sean horribles. Dos compañeros de Hannie trabajan allí, en un bar, y nos vamos allá. Una velada con un par de cervezas en la que todo el mundo acaba como las grecas a la 1.00 y yo viéndolas venir. ¿Pero qué es esto? En fin... Esta gente no sabe. Habrá que enseñarles.

Bien, segundo día, y estoy totalmente recompuesto. Vamos a enfrentarnos a las tareas básicas. Comer, lo que supone una caminata y una inspección de un supermercado. Si no te encuentras familiarizado con el supermercado en el que estás, parece que ni siquiera sabes lo que quieres comprar. En casa sería fácil. Con este calor, Carrefour y gazpacho. Pero aquí no. Nos toca un recorrido completo. La fruta, ¿Se pesa o no se pesa? Los cereales ¿De qué color son? Tooodas las verduras y frutas pareces (o lo son) transgénicas. Todo del mismo tamaño, color y textura. Hoy, de hecho, no sé cuántas manzanas me he comido porque eran todas iguales. Todas con la pegatinita de “Product of Australia”. Lo de los tomates cherry es una pasada, que vienen en rama, y las ramas en las cajitas de plástico parecen fotocopias. O frutocopias. ¡Yá no sé cómo va esto!

Conseguir el teléfono, por el contrario, ha sido superfácil. Ahí lo dejo. Punto y pelota. Unos altercadillos más con eso de conducir por la izquierda y ya está. Ya tengo controlado el tema de conducir por la izquierda. Todo cobra sentido después de unos cuantos cruces, pero cuando me cruzo con una calle de una sola dirección que es, por ejemplo, hacia la izquierda, y los coches vienen por la derecha, pues yo miro a la derecha a ver si vienen pero, no obstante, miro al otro lado tamibén no vaya a ser, por si las moscas, que alguién haya cambiado el sentido del tráfico en el último minuto y yo no me haya percatado. En fin, Sandra me entiende.

A mi lo de los mapas se me da muy bien, pero paso de estar con el mapa todo el rato, así que me he adentrado en la ciudad con mi brújula en la cabeza a ver qué pasaba. Padres, ya sé que llevaba una en la muñeca, pero quiero probar mis sentidos de navegación a cero metros sobre el nivel del mar. El caso es que por allí y por acá he ido recorriendo, y me he encaminado por George St. cuando ya debía estar cerca del meollo de la Ópera y el Puerto y el Puente y to el royo y he ido a entrar a un parquecito para aparcar la bici y... PUM! La Ópera allí lejos. Hostia, que he dejado la bici y la he empezado a mirar. Vamos, que estaba en Sydney. Vamos, que eso era la Ópera de Sydney y yo estaba a 17671.79 de mis padres. Que a quién llamaba yo ahora para comer cuando no me apeteciera cocinar. Y de mi abuela, que a ver a quién iba yo ahora a su casa de repente para comer tortilla. Pues nada, que estaba en Sydney y con esas me ha empezado la risa floja, la sonrisa permanente... Vamos, que me lo he tomado muy bien. Ni mal royo ni nada. Estaba como alucinado con algo que había visto tantas veces en la tele, en fotos, en postales... Y esta vez era verdad. Así que me he dado una vuelta por el puerto. Todo bien. Me he sentado a leer. He acabado “Los viajeros de la noche”. Madre mía que historión en el Nueva York de comienzos del siglo XX. Y ahí hasta que ya he quedado con Hannie y nos hemos ido en ferry a Manly.

Manly es una zona bastante rica de Sydney, pero que tiene una playa kilométrica para pasear. Muy bonito todo en Manly, sábado, la gente supervestida para salir. La verdad es que la gente, de normal, se arregla mucho más para salir que en Madrid. Hannie ha estado viviendo en Madrid y también me lo ha dicho. Bueno, pero a parte, nuestro paseo por la playa ha sido increíble. He visto la inmensidad del Pacífico y Hannie me ha preguntado: ¿Sabes dónde está Nueva Zelanda? Para allá. Ahí se me han caído los huevos al suelo. Ver la basta inmensidad del Pacífico y pensar: Pues si tú lo dices, para allá que me voy. Por cierto, que ya tengo el vuelo que lo he pillado hoy mismo. Melbourne-Christchurch el 14 de Mayo. Apurando hasta el final. No se sabe la cantidad de veces que he mirado el visado a NZ para ver la fecha límite para no cagarla. Es el 16. Todo en su sitio.

De vuelta, de noche, lloviendo en el ferry, turbulencias en el mar (marejadillas) han echado fuegos artificiales desde un punto de Port Jackson que nos hemos vuelto todos locos. Se hace todos los sábados a las 21.00, así que si pillas el ferry desde Manly a las 20.45 lo flipas en colores de verdad.

Un domingo que para mí podía ser miércoles o lunes amanece con el mismo cielo nublado, así que es día de museos. Un paseo por el jardín botánico me despeja. No sabía yo que el té lo descubrió un emperador (emperador tenía que ser) chino que estaba bebiendo agua, que espero que no fuera caliente, cuando de una planta se le cayó una hoja dentro del vaso y le supo bien. ¿Peues no se le puedo caer en la cabeza y descubrir la gravedad? ¿Es que todo lo bueno en este mundo se descubre por cosas que se caen? A Arquímedes también se le cayó una corona en una bañera. ¡Jolines con las caídas! Total, que de esas y otras cosas me he dado cuenta en el jardín botánico. Precioso él, localizado al lado de todo el meollo, pero mirando a Port Jackson, una maravilla para pasar una mañana antes de ir al Art Gallery of New South Wales. New Sout Wales es el estado en el que está Sydney.

La bici, la mejor amiga para recorrer este lugar (gracias Hannie) me deja en la puerta. La colección europea excita, pero no abruma, puesto que mucho historia conocida y muchas lecciones ya aprendidas en casa. Pero la sección asiática y aborigen son una maravilla. Es gracioso como los vigilantes de sala de ambas son, respectivamente, un asiático y un negro aborigen. Cada uno con lo suyo.

Después de un poco de paseo buscando el The Rock Discovery Museum of Sydney que, para los entendido en inglés, no es un museo de geología, doy con el Observatorio de Sydney. Es uno de los observatorio en uso más antiguos del “nuevo mundo”. Empezó como observatiorio para calcular el tiempo exacto, y tiene una bola que cae todos los días desde lo más alto a las 13.00 exactamente. Con ello, todos los barcos de Port Jackson se ponían a la hora a la vez para llevarla bien, bien, bien. ¡Sincronicemos relojes! Igualito que los Power Ranger. Relojes y astrolabios rarísimos y demás parafernalia que toquetear y ver. Total, que no he encontrado el Discovery Museum. Éste trata sobre “The Rocks”, un barrio que ahora está bastante revalorizado. Se trata del barrio donde empezó todo en Sydney.

Aduana y ceremonias
idiomas y ciencia
de los dueños originales de esta tierra.

Presos y marineros
balleneros y comerciantes
y cómo todos hicieron de The Rocks su casa

Esa es la introducción al museo, y esta es una frase de una escritora australiana, que luchó por los derechos de los aborígenes (Judith Wright)

I am born of the conquerors,
you of the persecuted.
Raped by rum and an alien law,
progress and economics,
are you and I and a once-loved land
people by tribes and trees;
doomed by traders and stock-exchanges,
bought by faceless stranger.

Y después de todo esto, una vuelta a casa en mi bici (de Hannie), que le estoy cogiendo cariño. Y fue a la vuelta a casa donde descubrí que la entrada anterior del blog, o la anterior, no es “Nice & Fast”. Es “Nice & Easy”, que es una frase de Matthew McConaughey (Cooper) cuando está intentando ensamblar las naver.

Lunes de desestrés, he cogido la buena de mi bici y me he dirigido a Bondi. Es la playa por excelencia de Sydney. Todo el mundo va allí. Todo el mundo quiere ir. Lo que da que pensar que va a estar abarrotada, con el calor y el buen día que hacía. No todo lo hace pensar, puesto que es lunes, pero aún así da miedo ir a lo que es la principal playa de Sydney. Bien, pues nada de lo anterior. Una belleza provista de edificios de una altura considerable alrededor. Un agua cristalina en la orilla, con algas en el medio, y de un azuloscurocasinegro al final. Una playa en la que todo el mundo hace footing. Una playa limpia. Una playa con WIFI gratis. Hay que ser muy australiano para eso. Y, bueno, una playa que ofrece un camino llamado “East Coastal Walk”, que son 6km desde esta playa hasta el sur pasando por varias y llegando a Coogee Beach. Otra maravilla de la naturaleza rodeada por viviendas y bares, pero que da la impresión de pueblecito. Y todo esto en bici desde casa. No más lejos. Y en estas playas he empezado el libro de Fer y Juan: “En las Antípodas”. Un libro que viene muy al pelo y que me recuerda mucho a Javier Reverte (no confundir con Javier PÉREZ Reverte, del que recomiendo ver el Celebrity de Muchachada Nui). Y este libro nos recuerda lo poco que sabemos de este país que acabo de descubrir.

El gobiertno de este país es un negacionista del cambio climático global teniendo el boquete de la capa de ozono aquí arriba. Un presidente en los sesenta paseaba por la playa, se lo llevo la corriente, y nunca más se supo de él. Las diez especies de serpientes más venenosas del mundo están aquí. Si creíamos que en Madrid a los ciclistas no nos respetaban, ¡y una mierda! En los parques hay ibis, sí, ese tipo de pájaro con el pico largo (véase la foto). Las gaviotas son blancas y más pequeñas, preciosas, aunque atacarán los restos de tu manzana igualmente. La mayonesa sabe diferente, porque está mezclanda con mostaza ¡Una maravilla! Votar es obligatorio y no votar tiene multa. “no worries” se utiliza en todos lados como un “no pasa ná”. Los de mi casa dicen todo el rato “hey” como “hey man”, pero también como esperando confirmación “this is a great beer, hey?”. El Metro tiene menos afluencia (aún) que el de Madrid. Los coches siguen viniendo por el otro lado, pero para los peatones en el suelo pone hacia que lado deben de mirar con un “Look right”. Todo el mundo hace footing. Mis piercing son una cosa rara, me ha dicho Hannie. En fin, con esto y mucho más... G'night!


Bondi Beach también es Sydney

Las palomas de aquí son ibis

Un cielo gris no me quita la exhaltación

Sydney Opera

Harbour Bridge aguanta viento y marea


En el Museo de Arte hay una colección de vasijas con un intruso

Cristo tan triste y Budha tan feliz. Cristo es una imagen hecha de Budhas pequeñitos, y viceversa




East Coastal Walk

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