viernes, 4 de diciembre de 2015

W(a)N(a)K(a)

Hace mucho más de un mes que me vine a Wanaka. Hace mucho más de un mes que este blog no tiene noticias mías, igual que otras muchas personas no tienen demasiadas actualizaciones sobre mi vida. Y si en algún momento este fue el medio o la manera de algunas personas de poder enterarse se mis andanzas, y así el único medio, siento la tardanza, espera y dejadez. Sentado en el sofá de mi habitación, porque sí, mi habitación tiene un sofá que viene muy bien para esos momentos intermedios en los que no quieres silla, pero tampoco quieres cama, para leer, o para escribir en este portátil. Bueno, pues sentado en este sofá voy a intentar ponerme de nuevo en materia, cosa que no es fácil, porque lo que he encontrado en Wanaka ha sido un poco la rutina de la vida que en sí no es rutina, que es descubrimiento continuo, pero que no me deja un segundo tranquilo.

Ayer, por ejemplo, me levanté a las siete de la mañana, en el primero de los dos días libres que tengo por semana, y me fui a buscar a mi amiga Bere y a otro más para ir a escalar. En el coche Päa Kïi, música finlandesa en finés, a todo trapo. Porque el amigo de Bere es finlandés y yo resulta que tenia por ahí un álbum de los tipos estos. Los prados de las afueras de Wanaka se empiezan a secar, pero el verde primavera sigue en las colinas. Lo que hace días eran corderitos se han convertido en ovejas adultas, a las que un día abriré las puertas de las verjas. Ls árboles brotados, y los jardines con millones de flores anunciaron la primavera hace mucho tiempo, pero el 1 de Diciembre anunció la llegada del invierno. Desde que he llegado a Wanaka el viento y el sol han sido aliados contra las nubes. No ha llovido más que cuatro o cinco días en el último mes, por lo que la escalada se ha convertido en protagonista. Unn día cualquiera me levanto y me voy a escalar, para después ir a currar a las dos de la tarde, que suele ser mi horario. Pero este es mi día libre. Vamos con las ventanillas abiertas, mirando al lago como si no lo hubiéramos visto nunca. Porque lo que intento todos los días es no dar nada por sentado. Intentar hacer de este lago y estas montañas algo único, como sé que lo son, y no perder la ilusión y la autenticidad del espacio y del tiempo.

El caso es que el coche cruzaba la Aspiring Road de camino a Hospital Flat, pasando de largo Diamond Lake, y luchando por llegar a nuestro destino de escalada para el día. Como siempre, dando igual a qué hora quedemos, empezamos a escalar a las nueve de la mañana. Las nubes cubren el cielo, y no es el mejor día que podíamos esperar, pero no tardará en despejar, y con la ilusión de la pared, la llegada de Kyle y las conversaciones eternas no da la una de la tarde, y nos toca echar patas porque a Bere le toca trabajar. Yo me voy a mi casa a preparar la mochila. Esa misma tarde nos vamos a subir a Roy's Peak y montar las tiendas allí y pasar la noche. Comida, paso por casa de Michelle para concretar, paso por el hostel y Matt se apunta a última hora, preparo el macuta, como mucho, y a las cinco nos vamos, para subir al Roy's, y llegar arriba justito a las ocho para un atardecer de impresión. El Sol de justicia transforma sus rayos en vendavales de impresión, y al irnos a dormir, después de apretarnos una buena cena de bocatas y té, nos damos cuenta de que aunque sin moverse un pelo, las tiendas parecen hojas de chopo al compás de la brisa que más que brisa es tornado. Y así tendremos que pasar la noche, entre resbalones porque estamos en cuesta, trastornos derivados del viento, siestas que más que descansos de placer tras una jornada de ejercicio son, eso, siestecitas... Y así nos dan las seis de la mañana y la casa sin barrer. El lobo no se la ha llevado. Con 2ªC en el termómetro nos recojemos. Ni desayuno ni nada. Empaquetar y marchar, y para las nueve de la mañana estamos todos recogidos en nuestras casas, disfrutando de nuestros colchones, y durmiendo lo que parece una resaca de una noche en vela. Pero esta vez la música nos la dio el viento y la embriaguez el té que sustituyó al vino olvidado en el supermercado.

Y de esto se puede sacar que no nos quedan más que buenos recuerdos de un día y medio, con un día entero por delante de disfrute, porque eso es lo que hay que arrebatarle a la vida. HAy que robarle los tiempos muertos y llenarlos de historias, aunque no se escriban en ningún blog. Hay que llenar los tiempos muertos y llenarlos de conversaciones, de naturaleza, de escalada o de lo que cada uno quiera, pero no dejar que la vida nos llene nuestros huecos.

En mi primera semana de escalada en Wanaka pisé sin querer en un muñón de una rama en una pared y me fui para abajo, clavándome el resto del muñón el la pierna. Lo vi sangrar un poco, pero me dispuse a cerrar la vía y ver qué estaba pasando a la bajada. Llegué abajo, y mi amiga Petra valoró la situación. Tenía una astilla en la pierna. ME sentía mal, porque Petra todavía no había escalado, así que a la pata coja pude asegurarla y cuando llegó arriba me dijo que ella no sabía cerrar una vía, así que me tocó subir con la rama en la pierna (la astilla) para recuperar material. Luego, al hospital. Y el colega saca dos palitos y yo le digo "no, no, ahí había un palote más grande". Así que coje el bisturí y abre, y saca un palito de dos centrímetros... Lo tengo guardado. Esto lo cierra con un punto de sutura, y resulta que se va curando poco a poco, y que hoy por la mañana, bajando de Roys, la costra se me engancha en el calcetín y está como para quitarla, y al quitarla, pegada a ella salen dos palitos más. Casi me crece un arbol endémico dentro de la pierna. Ahora todo está mucho mejor, pero la cicatriz va a ser bastante bella.

El caso es que rellenando huecos de la vida me he quedado sin tiempo para rellenarlos. Mi casa no tiene internet, así que me echa a patadas para afuera. He decidido escribir en mi espejo todo lo que quiero hacer, para que cada vez que me miro por la mañana me lo recuerde. Y de ahí que no pare. Armstrong Peak, Young VAlley, Glaciar Brewster y, cuando estemos fuertes, Mt. Aspiring, en el horizonte. Y alguna que otra cervecita... con fotos les dejo, que más vale una imagen que mil palabras.

Les quiere, un hijo, nieto, sobrino, primo, amigo, o lo que surja. 

Wanakísimamente bello

La planta más odiada de Otago

Refugio Brewster

El váter con las mejores vistas del mundo

Una nube en forma de nave Enterprise, de Star Trek


Refugio "Beach Hotel", sobre el fiordo Doubtful

Acampando en Royś Peak

Nuestro Wanaka




domingo, 18 de octubre de 2015

Un día más en la oficina

Como todas las aventuras que tienen que ver con vuelos, esta empieza estando en el curro. Hace dos días, como siempre me pasa que cuando estoy haciendo camas en el hostel, de repente me aparece en mi cesta una sábana pequeña cuando tenía que ser grande, y me toca volver a recepción para coger la que corresponde y volver a la habitación a seguir con la cama en cuestión. Es una frustración enorme, porque seguramente esa sábana la doblé yo mismo, y la coloqué erróneamente yo mismo. Fustigándome mentalmente a mi mismo entraba yo a recepción, cuando Emma me pasa el inalámbrico y me dice "toma, es Chris paracaidista".

Chris paracaidista podía significar muchas cosas, pero después de la conversación solamente una: "hey man, se ha dado de baja una reserva de un tipo porque está enfermo. Si vienes ahora al aeródromo saltas. Te dejamos el salto por 100$." - "Chris, cojo el coche y estoy allí en diez minutos". Le digo a mi jefa que vuelo en hora y media y sigo haciendo camas y me dice "no, yo voy contigo. Y, Emma!, cierra recepción que Alberto va a saltar". Así que allá vamos a toda velocidad (no más de la permitida), al super aeródromo de Franz Josef. Por exigencias del guión, y promesas varias, llevo mi gorro de gato que encontré hace dos semanas, porque a los de Madrid nos llaman gatos, como ya sabe todo el pueblo.

Cuando llegamos allí la gente está esperándome como diciendo "o sea que tú eres el que estaba trabajando y has venido aquí corriendo para tirarte de un avión, no?". En fin, que me empaquetan todo el tinglao de uniforme, me pinto los bigotes de gato, me meto en el papel, me cuentan, y sin darme cuenta estoy en una avioneta amarilla que parece que no pesa, porque no necesita ni 400m para despegar... Todavía no me lo creo. Estoy en una avioneta viendo glaciares, y el mar, y nubes por todos lados, los picos por encima de las nubes, con mi amigo Taka anclado a mi espalda. Y tras todas estas conversaciones chorras, por preguntar, le pregunto "Cómo de alto?"... 19.000 pies, o 6.000 y algo metros, el salto más alto de NZ, y creo que del hemisferios sur... Oh yeah! Si las cosas se hacen, se hacen bien...

A la voz de "Estás listo?" yo digo que sí y la puerta de la avioneta más pequeña que he visto se abre y Taka me empuja hacia afuera. Yo cumplo procedimiento de patas fuera y hacia atrás, cabeza atrás y brazos en cruz en el pecho. Cuando Taka ve que todo está correcto, ni 1, 2 y 3 ni hostias. Nos vamos derechitos para abajo. Salimos de frente. Una vuelta y veo el avión y otra vez la tierra, y creo que eso se estabilizará, pero no. Veo la avioneta otra vez, y ya el suelo, y ya Taka estabiliza, y ya estiro los brazos, y empiezan 80 segundos de caída libre... Por primera vez en mi vida estoy volando. Dejándome caer con un japonés por la espalda. La caída libre es la mejor parte de la faena. Ver, lo que se dice disfrutar de las vistas, lo hice a ratos durante esos 80 segundos, pero más que nada mucho grito de placer y mucho disfrutar de la adrenalina. Es una caída libre en la que la velocidad se estabiliza en un momento dado, por lo que no es un vuelvo al estómago de 80 segundos, si no más bien un resecamiento de boca de 80 segundos, y un intento de mirar para todos lados para disfrutar del paisaje. Porque son 80 segundo únicos. Porque hay palabras pero a la vez no las hay, así que os dejo dos fotillos a la espera del vídeo...

Y sí, si mis amigos se tiran de un puente, yo metiro. Y si mis amigos saltan de un avión, yo salto también. Próxima estáción: Wanaka!






jueves, 1 de octubre de 2015

Se fueron cayendo

Diversas fotos, con sus diversas aventuras, se fueron cayendo de este blog, de este relato de vida con aventuras, o aventuras de la vida en el Hemisferio Sur. Aquí colecciono unas cuantas de ellas, como siempre, sin Photoshop y sin limpiar, con sus pequeñas motas y sus pequeñas imperfecciones. Ya merecerán un retoque en el futuro. De momento aquí quedan plasmadas.

La primavera trompetera, con sus abejas trompeteras


La playa de Okarito, bello atardecer de tardío invierno que tantos momentos de evasión del mundo real nos ha traído

Mapourika Lake, por siempre


Lake Pearson, cerca de Arthur Pass

Bealy Spur Summit, con una cerveza Summit


Lo dejo a la imaginación de cada uno a qué película, o a cuántas, recuerda este paraje de regreso desde Bealy Spur. Sencillamente magnífico.

Tardaréis en encontrar a Viktoria, más allá del árbol, para haceros a la idea de lo grande que es (el árbol, y Viktoria)

Mutton Beach, el primer baño de la temporada

Conduciendo hacia la primavera

Hobbiton, ¿dónde estás?

El monstruo del lago Rotoiti...

... o dos cisnes negros



Sin palabras

Algún día viviré allá

Algún día soñé que viviría aquí, y resulta que se llamaba Franz Josef

Junction Hut y su Ice Lake


Supongo que esto, de nuevo, acabará en el blog con pelos y señales. Con sus puntos y con sus comas. Porque esta es la misión imposible que se convirtió en posible. Hace algo así como un mes Daphne y yo pretendimos venir a este refugio pero un poco de retraso en el comienzo y las diversas paradas a lo largo del camino nos hicieron quedarnos a dos horas de aquí, a dormir en la famosa roca. No miro a nadie, per cuadno te metes en un lío de este calibre tienes que saber qué profundidad tiene el charco y si la otra persona tiene ganas de saltar charcos y de qué magnitud. Y por ganas no era, porque ¡vaya tía la Daphne! ¡Cómo trotaba! Pero estas patas son más largas, y no sé que tienen, que serán diesel o lo que sea, pero necesitan menos repostaje. Hoy he emprendido la marcha incluso tres cuartos de hora que cuando vine con Daphne, y he llegado al lugar donde hicimos noche aquella vez dos horas antes. Las patas estas no sé de dónde las he sacado, pero andan una barbaridad.

El berenjenal repleto de berenjenas es el mismo que la vez anterior. Creo que estaban hasta las mismas berenjenas, y todo. Creo que la historia ya la conté, pero para los extaviados, los novatos, los que andaban por el océano cibernético y se toparon con esto... el tema es que la vez anterior que intenté llegar aquí fue con Daphne, y lo más que conseguimos fue dormir encima de una roca (preciosa, cómoda y acogedora) en los Barrowman Flat, a dos horas de aquí. Pues nada, que se nos hizo tarde ¡mira tú!

21 de Septiembre tenía tro color. Tenía el color azul cristalino del cielo y el gris de una resaca atacante. Tenía la tonalidad de una invitación muy jugosa de un colega, conocido, compañero de la canción Riptide que él toca con el ukelele y yo con la guitarra. Tenía ya la sensación en el cuerpo de endosarme unos crampones en las botas e irme con Jake y algunos guías más de los Franz Josef Glacier Guides a una expedición al Fox Glacier. Ni más ni menos. A unas cuevas de hielo, y yo como contacto, como invitado, como conocido... Y es que es cierto que en el tiempo que llevo aquí no he socializado demasiado. Lo justo y necesario. Lo que he podido sin ir al bar. Es que no ido “tanto”. Soy más amigo de las cervezas en casa, todo sea dicho. Pero ese es otro cantar. Lo que yo estaba cantando , o contando, o como fuera, es que Jake y sus secuaces, y yo, nos íbamos, en este domingo en que oficialmente empieza la primavera. Pero en ese sábado noche a todo el mundo le hirvió la sangre más de lo normal. Yo acabé no muy pronto liado con la gente del hostel en el hostel. En el bar a unos se les ocurrió coger un tuk-tuk (moto-taxi) y conducir por el pueblo, uno se cayó del tuk-tuk y tuvo que venir un helicóptero a por el por la noche y llevárselo al hospital.

Inciso: En el pueblo hay una alarma de emergencias. La sirena la tenemos en frente del hostel. Y es que como no hay centro de salud ni la poli está de servicio todo el rato, pues están de guardia en casa. Y como las coberturas en los móviles no son las mejores que digamos en este pueblo de Dios, o de quien sea el pueblo, pues en emergencia se activa una sirena desde la central de llamadas, y el que esté de guardia tiene que acercarse, coger la llamada y apagarla. El de guardia se despierta en su casa y corre. Y si no se despierta, como todo el pueblo ya está despierto, pues corren a su casa y le corren a collejas diciéndole: “Paco (Pack, en inglés, que viene de “Paquete”. Pack y Paquete son lo mismo. Y en español Paquete es Paco cariñosamente), que está sonando el timbrazo ese, vete a ver”. Y Pack va y mira a ver qué quieren desde centrar y acude a socorrer lo que haya que socorrer.

En fin, que en el hostel oímos el Pacófono. La gente superapurada porque el Packófono suena como si fueran a caer obuses. O, como dice muy angustiada mi amiga Sue, que es de Arkansas, “como cuando se activa la alarma en mi pueblo por los tornados”. Y es que a Sue le he intentado explicar la broma aquella del monólogo de “Sue, me Arkansas la sal?”, pero nunca la pilla. En fin, que ni obuses ni tornados. La llamada era para los ingeniosos amigos que tengo, que iban en el tuktuk y uno se tiró, con las consiguiente bromas de que como es paracaidista pues que se creyó que estaba en el avión y se tiró. Y con esto quiero decir que tú pones a los “vacones” (gente procedente de un pueblo de Soria llamado Valdeavellano de Tera), o a alguno de ellos que yo me sé aquí en Franz Josef y se llevan de maravilla. Porque esto del tuk-tuk me ha recordado a cuando el Rodri cogió el dumper con otros cuatro descabellados a las 6 de la mañana desde el zurracapote y se estampanarón contra una pared y saltaron por encima al jardín correspondiente. Pues eso, que borricos autóctonos aquí también hay. Como el que subió a un refugio del glaciar a pasar la noche y se le ocurrió tirarse por el hielo con uno de los colchones del refugio. Pues así, dos brazos rotos. ¿Uno? No, no. Los dos.

Total, que me lío. Que el equinocio este ha terminado en que me he levantado y Jake estaba en el salón de mi casa y ha abierto el ojo de casualidad. Me ha contado la historia del tuk-tuk y otras tantas, que la otra no se qué y que ni glaciar ni flowers. Así que he empaquetado (que ahora no tiene nada que ver con Pack) y me he venido al Whataroa Valley. Y joooder cómo estoy escribiendo que entre el té calentito y la chasquita que me he montao estoy todo calentito y la mar de bien. Que miro por la ventana y veo la luna en cuarto creciente. Y esa es otra tontuna que aquí es al revés, y es que la luna tiene C de Creciente y D de Menguante... D de Decreciente.

Los senderos los marca una flecha naranja de plástico pegada a rocas o clavada a árboles, y viene a ser como nuestras línes rojas/amarillas y blancas de los senderos de allá. A vces se ven, a veces no. Ya saben cómo va el tema. El caso es que esta vez yo tenía el terreno ya estudiado, o repasado, o medio leído, de la otra vez. No ha habido tantas tesituras con los ríos, porque la confianza para saltar de roca en roca para cruzarlos tiene un desparpajo ya que, para lo que yo solía ser, abruma. No me he mojado los pes de camino de lo cual me alegro mucho. Pero eso sí, muchos derrapes que han terminado en sentada o restriego de culo por barro. Porque el camino este es todo menos un paseíllo por el campo. Trepando para escalar montes, por raíces y lianas, que ríete tú de Tarzán y Mowgli. Que yo no sé cómo estos dos no aguantaban sin decir ni un “fuck off” cada vez que se tropezaban con una raíz en la selva. O un “me cago en dios”. Será que todo esto es muy “Bohua”. El “fuck off” es una adaptación para que todo el mundo entinda mi frustración al montar una estantería o al darme en el dedo con un martillo. Mi amiga Flo me dice que me queda muy bien cuando lo digo. Se te llena bastante la boca al decirlo. Es bastante gratificante, sin llegar al punto del “me cago en dios”, pero suficiente para expresar lo que siento cuando me tropiezo por enésima vez o se me cae algo de nuevo.

Bueno, pues mucho verde, mucho azul del río Whataroa. Unos cañones, desfiladeros, que ha creado el río durante tantos siglos, horadados con tesón y paciencia, que son para alucinar. Casi me estampano mirando el río, caminando hacia acá. Y es que aquí o caminas o te recreas con el paisaje, pero como estés a las dos cosas te lisias. El lecho del río es mágino, scado de las entrañas de la tierra, masajeado por las aguas glaciares, que me río yo de la expresión “de película”. Porque esto es mejor que cualquier televisión o pantalla. Poder escabullirse de esta manera entiendo que no sea para todo el mundo, pero para mí es es climax. El hecho de haber visto el puente colgante desde la lejanía, que marcaba que el refugio estaba cerca y la misión cerca de cumplirse, no tiene el diccionario suficientes vocablos para transmitir ese momento. Es un momento en el que el río, el puente, y yo, y todo el cosmos, somos uno y únicos. Este Junction Butler Hut, ya digo, era una asignatura pendiente y ahora mismo estoy extasiado con el solo sentimiento de haber llegado hasta aquí. Mira que pido poco. Un valle que lleva aquí milenios. Y un refugio. Y me hace más feliza que un camión, aunque yo para ser feliz quiero también un camión. El runrún del Whataroa es un fluir constante. La Luna en la ventana. Esos picos que se esconden tras las colinas más cercanas. Todos los utensilios y la comida que la gente ha ido dejando. Cuántas historias aquí, desde 1967 que fue construido. El libro de visitas, que todos los refugios tienen, fecha la última el 16/7. Dos meses sin que haya pasado nadie por aquí.

Le voy a echar otro tronquito a la chasca y me voy a meter en el saco. Mañana será otro día. Hoy, 29 de Septiembre de 2015

Le estoy empezando a coger el gustazo a esto de escribir a la luz de una vela, con la estufa de leña a todo trapo, que hasta me quema la oreja. Me esoy calentando un tecito con el campinggas, pero me parece que me voy a la cama que la familia Telerín. Hoy, exacatamente, es cuarto creciente, en forma de C, como decía antes. El tema es que me he olvidado del libro en casa, y por eso estoy tan escritor con estufa a la luz de la vela. Que parece que me siento muy bohemio aquí en el mundo remoto. Y la oferta de libros que otras personas han dejado en la estantería del refugio, aunque más extensa de lo esperado, y llegado el momento de la necesidad lo haría, no es muy exquisita que digamos. Ahí va un análisis:

Descartados desde el primer momento quedan:

Action: La impacatante novela de un apostador compulsivo. Quita, no me vaya yo ahora a enganchar a los casinos o al poker, ahora que no tengo ninguno cerca.

Fuego de Primavera: Con una tía, un tío detrás mirándola y unas montañas nevadas como portada, que bien podrían estar en este refugio haciendo fuego de la primavera. “María, sorprendentemente bella y atrapada en un matrimonio infeliz”. Por eso mira a las montañas, y el marido a su melena.

Las Cadenas del Destino: Con una etiqueta de precio de $1, todo queda dicho. Aunque no me gusta valorar los libros por su precio si no por su encanto literario.

Y con alguna opción quedan:

Él, que mata el dragón: Con una silueta negrade un tío con gabardina en un calejón. Un thriller de refugio.

Los Chacales Negros: “Una panda de hermanos en el caos de una guerra. Para sobrevivir rompieron todas las reglas”. ¿Qué estaban, jugando al Risk? Pues ya sabes, mueren todos y quedan Ryan, que nadie sabe donde está. Copia barata con alguna opción.

Muerto de Miedo: “Alguien te está observando”. ¡No me jodas, eh, no me jodas! Que en casa vale, pego un grito, viene alguien en mi ayuda. Pero aquí no, que me acojono. Y si me estás observando, pasa. No tengas vergüenza que las cosas se hablan y tengo fuego y té para los dos. Pero no andes fuera, con el frío que hace.

El otro día hablaba con mi amiga Sue. Esperábamos, en nuestras vidas de caminantes con refugios en nuestros caminos, no oparnos con ningún personaje extraño. Y no hablo de asesinos, cazadores locos o sádicos con hachas. Decíamos más uno extraño que te puede recordar a todos los anteriores. Un tipo que se encuentre en el refugio cuando llegas... o peor. Un tipo que llega cuando ya estás durmiendo. Ya sabes, de esto que empieza a llover y te compadeces de él porque llega calado hasta los huesos. Le preguntas y responde con síes y noes. Solamente te dirige la vista con un “Hasta mañana, con suerte”, cuando se va a acostar en su saco color camuflaje. De esa te meas, del miedo y de verdad, y sales a mear fuera. Acto involuntario, como reflejo, miras a la entana del regugio y ves, a la luz de la vela que has dejado encendida, al tipo mirándote. Y rápidamente se aparta de la ventana cuando tu mirada se cruza con la suya. Yo ya no vuelvo. Me voy en gayumbos valle abajo. O entro y lo hablamos. “¿Oye, lo hablamos? Espera que llamo al del libro que me miraba antes desde fuera”.

El caso es que esta mañana me he levantado y estaba igual de solo que ayer. Las 6.30 y el Sol ya alumbraba por la ventana aunque no se le veía. Estos valle son cerrados. He barrido un poco todo el tinglao que preparé ayer con tanta leña, que si palito va palito viene. Estaba todo lleno mierda. Me he hecho desayuno, he encendido para mientras me leía el mapa para saber la que me esperaba para ir al Ice Lake. A la larga me pasará factura, porque en mi día de descanso en el refugio me voy a clavar 8 horitas de andanza. Y a ver cómo está el río Butler de alto, que de puente a puente, y este se lo llevó la corriente hace unos años, y solo se puede cruzar cuando hay cauce bajo. Y lleva con Sol cautro días, así que no sé cómo andará el deshielo. Bueno, de momento nada más hasta el siguiente refugio y allá a ver si cruzamos el río.

Cuando he llegado al Top Butler Hut me he sentado dentro a cotillearlo un ratito. Luego me he salido a la puerta y, en un tocón sentado, he desayunado de segundas chocolate y manzanas. Tras ingerir tan glorioso desayuno me he dirigido al río a ver el percal. A la primera ha sido un “no”, incluso después de diez minutos de estudio. Pero creo que más el cansancio que el aventurismo hablaban y pensaban. Un problema de desconfianza en mi torpeza... o confianza en que soy torpe, no sé cómo decirlo. Pero una vez más he cogido el toro... no espera, que no había toro. He cogido el río por los cuer... no, he saltado el río por los pelos. No, he saltado el río por las piedras. ¡Eso! Y ya en la otra orilla, todavía con la sonrisa en la boca porque iba a llegar al Ice Lake, me he dispuesto raudo a seguir camino muy contento con la idea de llegar.

Un camino de cabras es mejor que este despropósito. Diversos “fuck off”s. En algunos lugares un paso en falso y te vas para abajo. Un poco de escalada de piedras y raíces que no falte. Algunos coscorrones con ramas y piedras. En uno de esos me ha parecido que me ha encogido el cuello un poco, como a Fernando Alonso. Me he acordado de los capones de Miguel Ángel en el cole, que te restaban un año de crecimiento. Ha habido diversas colisiones de diversas partes de mi cuerpo contra diversos elementos, pero en un momento he salido del bosque y he topado con esas piedras alpinas agrupadas que me dirigían a orillas del Butler hacia un circo de montañas bajo el que tenía que estar la laguna. La última excursión a la Laguna de Cebollera fue con Javi y Pepo. Refugios son Pepo. Siempre espero que haya un patxarán en los refugios, pero los cazadores de aquí no entienden. Javi son Piedras, rocas y montañas. Mi primer compañero de escalada. Y al borde del circo de piedras, con esas mastodónticas paredes de más de mil metro de altura, con el lago abrazado por y bajo ellas, efectivamente, me he tumbado a echarme la siesta despuś de tomar las fotos que dejan mudas mis palabras.

Esta noche estoy de vuelta en Lower Butler, en Butler Junction Hut de nuevo, escribiendo las memorias de una de las aventuras que por haber tenido una primera parte y una secuela, quedará en mi memoria y en el papelcomo uno de los lugares más bellos que he visitado. No será la última vez que me vean por aquí. Lo prometo.

A Daphne, porque mi cambio está en mi primavera.

22 de Septiembre de 2015

Un buen editor siempe dejaría para el final esta foto, pero si no la pongo la primera, no queda como principal en la página del blog. El Ice Lake, que tanto he buscado.
Reynolds Beach, de camino a Junction Butler Hut

Restos de refugiados anteriores. Atención a las revistas

Baraja de Ron Kraken. ¡Hasta dónde han llegado los colegas!

Portavelas con una lata de judías

He tratado, sin éxito, de busar el nombe de esta planta que, al cruza la línea de boque, de repente todo lo puebla en el paisaje más alpino y rocoso.

Una lagunita previa al Ice Lake, que era un adelanto de su poderío



Ice Lake



sábado, 19 de septiembre de 2015

Upside down, o boca abajo



Hace unos días estaba fregando los platos, cosa bastante frecuente, que hago a menudo para que no me coman los diferente entes que se pueden crear por la falta de esta labor. Procediendo a la maniobra de destaponamiento del fregadero, y tras arrastrar con mis dedos un par de patatas y algún spaggetti del sumidero, el agua fluía cual riachuelillo de monte, sucio y baboso hacia el conducto. Me noté observando esa huída fluída más de lo normal, y me di cuenta que lo que me estaba embelesando era posiblemente la circulanción contaria del agua. Lo que se denomina Efecto Coriolis no se puede ver reflejado en todas las evasivas del agua a través de conductos, puesto que se precisa de una superficie plana y sin factores que alteren el flujo del agua. De todas formas, en este caso, y debe ser que nuestro fregadero lo diseñó Coriolis, me vi hipnotizado por una situación que deduje que sería esa misma. La situiación de ver algo que no cuadra con respecto a los estándares que tienes en la cabeza, como ver al rey sin barba, que viendo las noticias de su viaje a USA tuve que mirar dos veces para ver que era él. Eso me dio una idea, y justo después de trabajar me fui afeitar, porque si el rey lo hace, yo también, en honor a la corona, no vaya a ser que Obama se presente por aquí y yo sin afeitar. Anyway, que el agua iba, efectivamente, hacia el otro lado, porque ante mi embelesamiento decidí llenar el Fregadero de Coriolis de nuevo. Todas estas cosas yo las cuenta en casa y a la gente se la suda, pero no tienen en cuenta que yo vivo en un mundo al revés y que me da mucho que pensar, porque toda la sangre la tengo en la cabeza y, como dice Javi “ya me explicarás cómo hacéis para no caeros de la Tierra”. Javi, ya te he explicado Coriolis, otro día te explicó la Gravedad (del asunto).

El caso, es que aquí, en el mundo al revés hay muchos detalles que me anonadan cada día, y que tendría que hacer una lista... bueno, que ido haciendo una lista... bueno, que tengo la mesilla llena de papelajos, el móvil con un montón de links, el bloc de notas lleno de tonterías y mi vida es mucho más interesante desde que me planteo muchas de estas cosas.

El mapa de la Tierra es difente en esto lares. Estamos acostumbrados a ver Europa en el centro del mapa, Asia al Este y América al Oeste. Pero no, amigos, no somos el ombligo del mundo simplemente porque tengamos un ombligo. Porque todos temos ombligo, y cada uno tiene el propio. Y ningún ombligo tiene la misma fuerza de atracción, pero ningún ombligo tiene la fuerza necesaria para ser el único y superpoderoso ombligo del mundo. Por lo tanto, si viajamos para acá, nos depositamos en mi salón por un momento y miramos hacia el mapa de la pared, podemos ver com Australasia está en el ombligo, Europa y África en el Oeste (y no es África vaya a ser ningún ombligo poderoso en ningún momento, si no que es pura coincidencia...) y América en el Oeste. Lo cual hace todo esto mucho más interesante, y a la vez me hace confundirme pues siempre voy al centro del mapa cuando voy a localizar lugares europeos. Un matiz más de la vida boca abajo.

A veces miro en mi armario y me encuentro con productos, marcas, en general alimento que nada tienen que ver con el otro lado del mundo. Aquí, en la mesa, hay un cartón de un Calipo, que se llaa Calipo, pero no es de Frigo, si no de Streets. Mismo logo, diferente marca. Ya dije que hay yogures Yoplait de un litro, que me recuerdan a las tapas coleccionables para conseguir una bicicleta en nuestra infancia, que si aquí funcionara con una sola tapa me tendrían que dar un tractor, y ya tendría una flota de John Deere (marca de tractores, para los que no tienen pueblo).

El otro día volvía de Abel Tasman con el coche, y por el camino se ven carteles sobre mesas anunciando diferente productos de huerto: kiwis, manzanas o incluso miel. Muchas veces no te da tiempo a parar y tienes que para. Iba con mi amiga Viktoria (con “k”, que es alemana y es mucho más exótico) y teníamos que dar la vuelta cada dos por tres porque se nos antojaba de todo. 2$ por tres kilos de kiwis, cuando en el super por 6$ te dan cuatro kiwis. Lo mismo con las manzanas. Y la miel, medio kilo que en el super te cuesta 15$, pues la pillamos por 6$. Todo con sus respectivos cambios de sentido en las carreteras del Motueka Valley. Fuimos de compras , me gasté 10$ y tengo miel y fruta para tres semanas por lo menos. Pon eso en la carretera entre Villarriba y Villabajo, y acabas con una batalla de kiwis, la hucha del dinero reventada, y el kioskillo o mesa por los suelos. Le conté a un colega que eso, por lo menos en muchos lugares de España, no podría pasar porque la gente allí es muy gandula, y me miraba impresionado. “Todas las cosas buenas se acaban en este mundo por la avaricia de algunos”. Y es que creo que allá arriba hasta el más tonto pararía el coche, cogería no una si no dos bolsas de kiwis y se iría pitando. La sensatez al poder, por favor...

Pasa lo mismo con la red de refugios. DOC es el Departamento “Of” Conservacion o Department of Consevation, para los que tengan un inglés perfecto como el mío (jajaja, o hahaha para los que tengan un inglés perfecto como el mío). Este DOC se hace cargo de la Conservación (esto es de sentido común. No hace falta inglés) de parques, refugios, senderos, animales, criaturas, seres... Un poco Ministerio de Medioambiente. Y realmente hacen un trabajo le la leche. Hay un montón de puesto de voluntariado y un montón de gente que se lo curra un montón. Conozco a algunos de los forestales del pueblo, y la verdad es que son unos cracks. En fin, que para ir a un refugio hay que pagar 5$ por noche, por eso del mantenimiento y tal, y tal. ¡Pero aupa qué refugios! Con serruchos, estantería de comida que dejan los campistas o “refugiados”, colchones... Y, de nuevo, nadie se lleva nada y hay una concienda de conservación sorprendente. Y en un buzoncito que llama “Honesty Box” es donde dejas el papel que dice que has pagado para que los forestales sepan cuánta gente usa ese refugio, más o menos. Y vuelvo a las mismas... ponte unas camas en el refugio Zabala a ver cuanto duran los colchones antes de que uno salga por la puerta con él para hacer snowboard o snowcolchón por la ladera. Y pon el buzoncito a ver cuándo dura el buzoncito y cuánta gente paga. Pero bueno, que capuyos seguramente haya en todos lados, lo que pasa que en algunos lugares están más concentrados.

Pero que estar boca abajo es más que pagar refugios. Que aquí se ve la Cruz del Sur. Que la tengo superlocalizada y que el cielo, aunque no lo tenía muy estudiado allá arriba, aquí lo veo todas las noches que está despejado e intento aprender algo nuevo. Para los maroíes, la cruz del sur tiene el nombe de Te Punga, que singnifica “el ancla”. Donde los invasores vieron una cruz cristiana de lado, los maoríes vieron el ancla de su “waka” o “canoa”, siendo la “canoa” lo que nosotros conocemos como “vía láctea”. La Cruz del Sur o Te Punga está en la bandera neozelandesa como símbolo de autenticidad, puesto que se ve durante todo el año desde estas latitudes, y es referencia contundente y continua de la dirección Sur. Lo que me hizo pensar en por qué los mapas están orientados al Norte. Y es por una convención de los países del Hemisferio Norte, puesto que navegaban con las estrellas y constelaciones del Hemisferio Norte, que les indidcaban primero el Norte y de allí surgían el resto de las direcciones. Pero tan correcto sería orientar los mapas al sur, o al Este, como se orientaban antes de esta convención, con Asia en la parte de arriba, Europa en la parte inferior y África en la derecha. Y con todo esto, me encontré con el mapa que tiene Naciones Unidas como logo, que es un mapa cuyo entro es el Polo Norte (Norte otra vez, sí, pero desde otra perspectiva).

Y mirando alrededor de mi mesa me he encontrado con chapas de cerveza, que aquí siempre son de tercio y que son de esas de abrir a rosca, por lo que pierde todo el encanto del abridor. En la chapa vienen preguntas, por lo que la gente tiene diversos juegos como que si el que pregunta (el que abre la cerveza) acierta su propia pregunta, todos los demaś tienen que beber hasta la etiqueta, o si alguno de los preguntados acierta, el que pregunta tiene que beber hasta la dicha etiqueta. Con preguntas como “Nombre del caballo de carreras neozelandés que ganó la Copa Melbourne de 2001”, estoy completamente perdido. Pero luego están las de Wild Buck, mi cerveza (barata) preferida, en las que son de verdadero o falso, donde Buck es verdadero y Bull(bullshit) es also. Con cosas como “No hay capital en el mundo más al sur de Wellington”, “Los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988 fueron en Calgary, Canada” o “Zinzan Brooke middle name is Valentine”. (Todas ellas verdaderas pero, ¿Quién es Zinzan Brooke? Pues un jugador de rugby, ¡cómo no!).

Os recomendo que echéis un ojo al NZHerald o a Stuff.co.nz para ver qué clase de noticias hay aquí en los medios, donde el rugby es muchísimo más de la mitad de las noticias, y yo no me entero de nada.

Un mapa orientado al Esta, con Europa a la izquierda y África a la derecha


El mapa de Naciones Unidas
Nuestro mapa
Un refugio con mucha comidita de restos de gente y, y, y... aceite de oliva puro "spanish"

La sentada




Después de una bonita cirugía a mi portátil, que no es excusa para la tardanza en volver a poner al día algunos relatos, vuelvo con una pequeña entrega de los últimos tiempos. Y es que las últimas semanas por aquí han sido de un no parar estrepitoso de esto que miras para atrás y dices “vaya tela, la de kilómetros que he andado y el tiempo que ha pasado, y yo aquí y los otros allá, y todo lo que ha acontece, como decía Jack”.

Y es que la última batalla es que me subí a un helicóptero, y de esa ya casi que ni me acuerdo, porque desde entonces ha habido pateos, bebercios, viajes en coche, despedidas y acogidas de todos los tipos. Y es cuando, sin darte cuenta, las semanas pasan de dos en dos en vez de de una en una, llenas de cositas en las estanterías de tu vida, y ni te has enterado. Solamente miras hacia atrás y todos los huecos están llenos de buenas historias.

Y resulta que un día te sientas delante del ordenador a tratar de contarlo todo y resulta que no tienes nada que escribir, porque tu vida está llena de emociones que se suceden unas a otras como si tal cosa, como si nada pasase, y como si fuera lo más normal del mundo. Y hay que sentarse a escribir para dase cuenta de que no todo son pamplinas y de que esto no es un paseo por el parque, si no una caminata en condiciones.

Y es que vamos muy bien, increiblemente bien, de maravilla, mirando atrás y temblando de la adrenalina y el placer.


sábado, 22 de agosto de 2015

Vete a por pan, ¡pero volando!

Esto va un tío que trabaja en un hostel a por el pan y se pasa por la oficina de los vuelos en helicóptero para preguntar cómo y cuándo puede hacer para volar. El tío coge y le dice "pues salimos en diez minutos. Vamos a hacer el vuelo más largo hacia Franz Josef Glaciar, Mt Tasman, Mt Cook y Fox Glaciar. Luego traenos una caja de cervezas y arreglado.

Pues eso, sin palabras, que fui a por pan, y acabé en helicóptero. Subiendo para allá vimos a una expedición que iba a escalar Mt. Tasman y Mt. Cook en los próximos dias. Entre ellos están un guía kiwi que ha hecho cima en Everest 15 veces y una guía kiwi también que fue la primera mujer en ascender Everest sin oxígeno. La historia que me contó el piloto fue que la tía no pudo aceptar el logro porque no tenía los permisos en regla para aceptarlo, y no quería que la vetaran en el Himalaya, así que se lo tuvo que tener callado durante un tiempo hasta que la gente empezó a rumorear sobre lo certeza de la hazaña.