sábado, 19 de septiembre de 2015

La sentada




Después de una bonita cirugía a mi portátil, que no es excusa para la tardanza en volver a poner al día algunos relatos, vuelvo con una pequeña entrega de los últimos tiempos. Y es que las últimas semanas por aquí han sido de un no parar estrepitoso de esto que miras para atrás y dices “vaya tela, la de kilómetros que he andado y el tiempo que ha pasado, y yo aquí y los otros allá, y todo lo que ha acontece, como decía Jack”.

Y es que la última batalla es que me subí a un helicóptero, y de esa ya casi que ni me acuerdo, porque desde entonces ha habido pateos, bebercios, viajes en coche, despedidas y acogidas de todos los tipos. Y es cuando, sin darte cuenta, las semanas pasan de dos en dos en vez de de una en una, llenas de cositas en las estanterías de tu vida, y ni te has enterado. Solamente miras hacia atrás y todos los huecos están llenos de buenas historias.

Y resulta que un día te sientas delante del ordenador a tratar de contarlo todo y resulta que no tienes nada que escribir, porque tu vida está llena de emociones que se suceden unas a otras como si tal cosa, como si nada pasase, y como si fuera lo más normal del mundo. Y hay que sentarse a escribir para dase cuenta de que no todo son pamplinas y de que esto no es un paseo por el parque, si no una caminata en condiciones.

Y es que vamos muy bien, increiblemente bien, de maravilla, mirando atrás y temblando de la adrenalina y el placer.


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