viernes, 4 de diciembre de 2015

W(a)N(a)K(a)

Hace mucho más de un mes que me vine a Wanaka. Hace mucho más de un mes que este blog no tiene noticias mías, igual que otras muchas personas no tienen demasiadas actualizaciones sobre mi vida. Y si en algún momento este fue el medio o la manera de algunas personas de poder enterarse se mis andanzas, y así el único medio, siento la tardanza, espera y dejadez. Sentado en el sofá de mi habitación, porque sí, mi habitación tiene un sofá que viene muy bien para esos momentos intermedios en los que no quieres silla, pero tampoco quieres cama, para leer, o para escribir en este portátil. Bueno, pues sentado en este sofá voy a intentar ponerme de nuevo en materia, cosa que no es fácil, porque lo que he encontrado en Wanaka ha sido un poco la rutina de la vida que en sí no es rutina, que es descubrimiento continuo, pero que no me deja un segundo tranquilo.

Ayer, por ejemplo, me levanté a las siete de la mañana, en el primero de los dos días libres que tengo por semana, y me fui a buscar a mi amiga Bere y a otro más para ir a escalar. En el coche Päa Kïi, música finlandesa en finés, a todo trapo. Porque el amigo de Bere es finlandés y yo resulta que tenia por ahí un álbum de los tipos estos. Los prados de las afueras de Wanaka se empiezan a secar, pero el verde primavera sigue en las colinas. Lo que hace días eran corderitos se han convertido en ovejas adultas, a las que un día abriré las puertas de las verjas. Ls árboles brotados, y los jardines con millones de flores anunciaron la primavera hace mucho tiempo, pero el 1 de Diciembre anunció la llegada del invierno. Desde que he llegado a Wanaka el viento y el sol han sido aliados contra las nubes. No ha llovido más que cuatro o cinco días en el último mes, por lo que la escalada se ha convertido en protagonista. Unn día cualquiera me levanto y me voy a escalar, para después ir a currar a las dos de la tarde, que suele ser mi horario. Pero este es mi día libre. Vamos con las ventanillas abiertas, mirando al lago como si no lo hubiéramos visto nunca. Porque lo que intento todos los días es no dar nada por sentado. Intentar hacer de este lago y estas montañas algo único, como sé que lo son, y no perder la ilusión y la autenticidad del espacio y del tiempo.

El caso es que el coche cruzaba la Aspiring Road de camino a Hospital Flat, pasando de largo Diamond Lake, y luchando por llegar a nuestro destino de escalada para el día. Como siempre, dando igual a qué hora quedemos, empezamos a escalar a las nueve de la mañana. Las nubes cubren el cielo, y no es el mejor día que podíamos esperar, pero no tardará en despejar, y con la ilusión de la pared, la llegada de Kyle y las conversaciones eternas no da la una de la tarde, y nos toca echar patas porque a Bere le toca trabajar. Yo me voy a mi casa a preparar la mochila. Esa misma tarde nos vamos a subir a Roy's Peak y montar las tiendas allí y pasar la noche. Comida, paso por casa de Michelle para concretar, paso por el hostel y Matt se apunta a última hora, preparo el macuta, como mucho, y a las cinco nos vamos, para subir al Roy's, y llegar arriba justito a las ocho para un atardecer de impresión. El Sol de justicia transforma sus rayos en vendavales de impresión, y al irnos a dormir, después de apretarnos una buena cena de bocatas y té, nos damos cuenta de que aunque sin moverse un pelo, las tiendas parecen hojas de chopo al compás de la brisa que más que brisa es tornado. Y así tendremos que pasar la noche, entre resbalones porque estamos en cuesta, trastornos derivados del viento, siestas que más que descansos de placer tras una jornada de ejercicio son, eso, siestecitas... Y así nos dan las seis de la mañana y la casa sin barrer. El lobo no se la ha llevado. Con 2ªC en el termómetro nos recojemos. Ni desayuno ni nada. Empaquetar y marchar, y para las nueve de la mañana estamos todos recogidos en nuestras casas, disfrutando de nuestros colchones, y durmiendo lo que parece una resaca de una noche en vela. Pero esta vez la música nos la dio el viento y la embriaguez el té que sustituyó al vino olvidado en el supermercado.

Y de esto se puede sacar que no nos quedan más que buenos recuerdos de un día y medio, con un día entero por delante de disfrute, porque eso es lo que hay que arrebatarle a la vida. HAy que robarle los tiempos muertos y llenarlos de historias, aunque no se escriban en ningún blog. Hay que llenar los tiempos muertos y llenarlos de conversaciones, de naturaleza, de escalada o de lo que cada uno quiera, pero no dejar que la vida nos llene nuestros huecos.

En mi primera semana de escalada en Wanaka pisé sin querer en un muñón de una rama en una pared y me fui para abajo, clavándome el resto del muñón el la pierna. Lo vi sangrar un poco, pero me dispuse a cerrar la vía y ver qué estaba pasando a la bajada. Llegué abajo, y mi amiga Petra valoró la situación. Tenía una astilla en la pierna. ME sentía mal, porque Petra todavía no había escalado, así que a la pata coja pude asegurarla y cuando llegó arriba me dijo que ella no sabía cerrar una vía, así que me tocó subir con la rama en la pierna (la astilla) para recuperar material. Luego, al hospital. Y el colega saca dos palitos y yo le digo "no, no, ahí había un palote más grande". Así que coje el bisturí y abre, y saca un palito de dos centrímetros... Lo tengo guardado. Esto lo cierra con un punto de sutura, y resulta que se va curando poco a poco, y que hoy por la mañana, bajando de Roys, la costra se me engancha en el calcetín y está como para quitarla, y al quitarla, pegada a ella salen dos palitos más. Casi me crece un arbol endémico dentro de la pierna. Ahora todo está mucho mejor, pero la cicatriz va a ser bastante bella.

El caso es que rellenando huecos de la vida me he quedado sin tiempo para rellenarlos. Mi casa no tiene internet, así que me echa a patadas para afuera. He decidido escribir en mi espejo todo lo que quiero hacer, para que cada vez que me miro por la mañana me lo recuerde. Y de ahí que no pare. Armstrong Peak, Young VAlley, Glaciar Brewster y, cuando estemos fuertes, Mt. Aspiring, en el horizonte. Y alguna que otra cervecita... con fotos les dejo, que más vale una imagen que mil palabras.

Les quiere, un hijo, nieto, sobrino, primo, amigo, o lo que surja. 

Wanakísimamente bello

La planta más odiada de Otago

Refugio Brewster

El váter con las mejores vistas del mundo

Una nube en forma de nave Enterprise, de Star Trek


Refugio "Beach Hotel", sobre el fiordo Doubtful

Acampando en Royś Peak

Nuestro Wanaka




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