DÍA 4
Valley of the Giants-Lake Garrangonwerra-Happy Valley (20km aprox): A
todos nos cuesta madrugar menos a la lluvia. Pensaba que por un día
iba a poder uardar la tienda a gusto, y he salido a las 6.30 para
tomar algo en el bar de la esquina. Manzanas y barritas de muesli. Lo
único que tienen en este bar. Todos los días igual. Pero en mi
camino al baúl de las pertenencias ha empezado a chispear. He puesto
todo a cubierto contrarrloj, y me he vuelto por donde he venido.
Reflexión:
todos los días llueve por la mañana.
Son las
8.30 y no amaina. No importan mis plegarias al dios de la isla o mis
siestas mañaneras. Me parece que esta bez ha ganado la pachamama. Lo
que no nos mata nos hace más fuertes. Y de esta seguro que salgo.
Hablo como el del último superviviente, pero tengo una pista
forestal a 600m. Puedo hacer autostop si perezco de aburrimiento.
Afronto un día dentro de una tienda de campaña. Escribiendo estas
líneas la densidad de la lluvia aumenta. Parece que voy a estar aquí
durante un tiempo largo. Solamente pido que amaine cuantro horas para
llegar al siguiente lago.
Echo de
menos el porche de aquella casa que teníamos Pepo y yo en Alemania.
A las
10.00he consguido salir de la tienda. Puede que fueran las 9.30. me
espera un dí duro. Si todo sale bien tengo no menos de 20km, pero
hoy tocaré el Pacífico con la punta de los pies.
El día
ha sido duro, durísimo. Ya sabía que tenía más de diez kilómetros
con tres cuartos de litro de agua que transportaba desde el día
anterior, porque en Valley of the Giants no había ningún sitio para
rellenar. Solos yo y K'Guri. Bueno, pues he partido con optimismo,
pues entre los árboles parecía haber un cierto resplandor de algo
que de vez en cuando parecía ser el Sol. Pero on la frondosidad de
esta monstruosa selva no he podido saber bien si aclaraba o no. Lo
único que he sacado en claro es que no llovía.
De vez
en cuando una especie de riego selvático humedecía mi cabeza, y es
que la brisa hace que toda esa lluvia almacenada por las hojas se
dispare hacia el suelo disfrazada de chaparrón momentaneo. A veces
estaba asustado de ser el único con una nube encima, como en los
dibujos animados, mientras veía el sol abriéndose paso justo
delante de mi. y a estas alturas no me apetecía ponerme el poncho y
caminar tres horas bajo la lluvia.
Al
salir del Valley of the Giants me he dado de llenos con un paisaje
diferente. Seco por el sol intermitente se veía una especia de
sabana frondosa, pero de suelo más árido. Este ha sido mi camino,
pero no por mucho tiempo. Hasta que me he topado de nuevo con la
fenomenal selva verde, que no se cortaría hasta Lake Garrawongera.
Aprendizaje:
Tres cuartos de litro de agua para 10km. El apartado en el que
describe el camino, el mapa decía que eran 12km. El poste del camino
decía 15,3km. Bueno, mi primera parada fue al empezar esa sabana que
me cegaba y unos traguitos me han venido fenomenal. He apretado la
marcha al principio del día, que estaba fresco y el terreno llano.
Pero luego el tema se ha ido empinando , y el agua iba escaseando. Mi
último descanso me permitía beberme toda el agua pero, y aquí está
el aprendizaje: nunca se debe gastar toda el agua. Nunca sabes cuando
te vas a partir una pierna, o el mapa que tienes resulta ser de una
Isla del Mar de Japón. Dejar siempre cinco tragos.
En el
intenso repecho final sucede el cruce con una pista forestal que me
lleva al Lago Garranwongera. He atado mi macuto al machón del tejado
de un merendero y me he ido a bañar al lago (bien merecido baño).
Lago que veo, lago en el que pego una zambullida. Tanto por higiene
como por refresco. Además también por hacer una comparativa de
“Ranking de mejores lagos para bañarse en K'Gari”.
Tod eso
con dos barritas de muesli y dos manzanas. Si comía más muesli,
había que pasarlo con agua, y el agua era para el camino. No podía
desayunar fideos chinos para no gastar agua... en fin, que cuando he
llegado me hinchado a agua, me he dado un bañazo en agua y me he
comido unos fideos con agua. ¡Qué importante es el agua!
Mi baño
se ha tenido que compartir con 30 alemanes en una excursión que para
mi suerte estaban escuchando la charla de un guía y todos parecían
mojados, por lo que era mi turno de bañarme. Hay lagos que son
sagradísimos, y no está bien bañarse, así que hay que andarse con
ojo. Algunos, escuchando el sermón, me miraban recelosos de estar en
el agua. Bañito rápido y a correr. He vuelto al lago para ver cómo
estaba el cielo. No parecía del todo amenzante, por lo que he
decidido echarme la mochila al hombro y partir. Pero en menos de
cinco minutos ha empezado a llovisquear: mala señal. Si el camino
empezaba así, era mejor quedarse acampado en Garrawongera. Ya sñe o
que es montar y andar y mojado. No es un plato de buen gusto. Pero
cuando he vuelto he parado en el lago y he estado durante media hora
con la tesitura, porque solo chispeaba. Ha sido media hora mágica en
la que, llevado por mi espiritualidad de K'Gari le he preguntado alhí
mismo que si podía seguir caminando me diese una señal. Un claro
entre las nubes del Este, en mi dirección. Algo que me alentara para
seguir. O un cielo plomizo y denso en oriente que me advirtiera del
peligro. En esa media hora el cielo ha cambiado mil vecs de color y
densidad, pero en un momento he visto todo más claro. El cielo y el
dilema estaban más claros. Era el momento de marchar hacia Happy
Valley (Con algunos nombre se han currado el aguantar el nombre
aborigen. Con este se la han colado pero bien). Volviendo a por la
mochila colgada en el merendero me he cruzado con 25 escoceses
aparcando cinco 4x4s. ¡Esa era la verdadera señal para huir!
Happy
Valley se deja acariciar por las olas de Pacífico. Junto a Eurong,
son las únicas dos villas con alojamiento en toda la 75 Mile Beach.
Sí amigo y amigas de lo extraordinario. 130Km de playa tiene K'Gari
en el lado oriental. Y yo estaba allí, estremecido por la estampa.
Por el momento. Por cómo había llegado hasta allí. Porque ya
estaba todo logrado en el día. Porque atardecia y todo el mundo se
había marchado con sus tours y sus 4x4 a sus hogares. Yo todavía
tenía que construir el mío, pero todavía me daría el plac de ir a
chapotear con los pies las aguas del Pacífico una vez más. Junto a
esos dos únicos pescadores que compartían la playa conmigo. Nadie
más hasta el horizonte. Simplemente playa, eterna hasta donde abarca
la mirada. La virtud de que mi tienda de campaña mire al Este es que
veré el amanecer sentado en el porche, desayunando. Con la alarma
puesta y en primera línea.
La
noche cierra clara. Se ven las estrellas que he decidido salir a ver.
Algo se mueve a mi derecha al caminar no más de 20 metros de la
tienda. Es una rana enorme. Tal vez un sapo. Se aleja de mí. Apago
la linterna y me dejo embelesar por el eterno romper de las olas. El
cielo, aclarado, muestra todo su potencial de luz. El sonid se lo
dejo al mar. Y el guión lo completa, para romper o completar la
escena, un ajetreo en la oscuridad que al alumbrar con mi linterna se
aparece en forma de dingo observándome. Esto no era pate del mágico
paseo nocturno. Recuerdo que he cenado y tengo todos los trastos en
la tienda: “No dejar comida dentro de la tienda”. Pero con esto
de que es acampada libre no hay cofres. Le espanto, marcando mi
territorio con un par de gruñidos perrunos no sé cómo de agresivos
pueden llegar a ser. No sé cuantos son. He visto uno. Voy hacia la
tienda y pongo toda mi comida en una bolsa y la subo a un ábol. La
bolsa de la basura también. Giro la cabeza para ver cómo de lejos
estoy de la tienda. El haz de luz de mi linterna cruza desde la bolsa
hasta la tienda en un giro de 180º de vacío de arbustos entre los
que dos ojos dilatados por el resplandor de luz brillan y me
observan. Como uno de esos ciervos que te cruzas en la lejanía en la
carretera. Gruño de nuevo y huye.
Ahora,
en la tienda, sin comida, solo oigo el rugir del mar, que parece que
en cualquier momento va a caer encima de la tienda. El temor del
dingo desaparece. No he visto mucha amenaza por su parte. Solamente
observación. La brisa mece mi tienda. Esta noche parece que será
más fresca con el abanico de las olas.
DÍA 5:
Valley of the Giants-Govi Campsite (20km): como todo el mundo
imagina, tenemos ciertos miedos que hay que combatir. Supongo que el
mío, o uno de los míos, más allá de los comunes, y de hecho no es
un miedo... el mío es dejar de lado un plan, o ver cómo no funciona
como esperaba, o como tener que cambiar lo planeado sobre la marcha.
Es algo que sé resolver sin mayores problemas. Siempre he sido
bastante resolutivo cuando las situaiones cambiaban o alteraban, pero
ninca he sido muy partidario de las improvisaciones a corto plazo.
Aunque parezca lo contario. Creo que, como bien dicen en ese capíto
de Black Mirror, el especial de navidad, todos tenemos miedo al
cambio, pero no es en sí el cambio lo que no atemoriza, si no el
estado de tránsito intermedio que nos lleva desde un punto de
estabilidad a otro momento de estabilidad.
Más a
corto plazo, me refiero a los cambios de planificación en estos
cinco días, por lluvias, aguas, etc... finalmente no he necesitado
hacer ningún cambio drástico de planes más que el de hoy, en el
que pretendía temrinar en un sitio y estoy a 20km. Supongo que esto
es adaptarse al cambio. Pero supongo que el hech de situarme en una
playa en la que da igual que infinito extremo mire, no hay nadie,
creo que eso es lo que el cambio y su transición dan como premio al
fnal del día cuando te encuentras fuera de casa. O cuando tu casa,
cada día, es una nueva zona de acampada.
La
mañana, como era de esperar, comenzaba con una cautelosa apertura de
cremallera. No del pantalón, aunque también he ido al servicio, si
no de la tienda. Despacio por si algún curioso dingo estaba
olfateando desde fuera. Pero no. Lo único que he encontrado han sido
los testos de mi propia basura en el suelo, en vez de colgados del
árbol donde los dejé. Eso indica que el perrito salvaje salta
bastante. O que ha hecho aire. He recogido, he ido a desayunar dentro
de “Happy Valley”, y he marchado. Digo “dentro” porque este
complejo de camping, bungalows y apartamentes está rodeado con unas
vallas que evitan que los dingos entren. Pernos y muelles en las
puertas las protegen de “ataques” como el que yo he tenido.
Ataque y costumbre de tomar comida prestada.
El agua
del depósito salía amarillita. Nada estaba abierto a esas horas, y
aunque lo hubiera estado no hubiera ido a pedir agua. No soy capaz.
Yo soy más de “yo me lo guiso yo me lo como”. Así que
pastillita purificadora y a correr. Y los noodles del desayuno, con
agüita amarilla también, como la canción de los Toreros Muertos
(espero que no). Después de cuatro días era hora de tirar mis
residuos y así aflojar lastre. Hablo de la bolsa de basura. De lo
otro voy bien, gracias.
El
pueblo está vacío. Ni un alma. Por las calles de arena de playa. Es
bonito un pueblo con las calles de arena de playa. Muy pintoresco.
Enla plaza encuentro un coche con gente. Mi destin es Dilly Village,
también en la costa E de la Isla, a 30km de Happy Valley. Pretendo
hacer dedo para llegar cuanto antes y así poder encaminarme al
interior de nuevo. Digamos que el primer, segundo, tercer y cuarto
día los dediqué a atravesar la isla de Oeste a Este, con dirección
NE en su mayoría. Vamos, de izquierda a derecha y en diagonal hacia
arriba. Ahora lo que pretendía es bajar 30 kilómetros por la playa
eterna, y volver a cruzar la isla para así volver en otros dos días
a las costa Oeste y salir de la isla paradisíaca.
Mi
andadura ha comenzado a las 8.00, muy temprano para un martes de
temporada baja. Hasta las 9.00 no he empezado a ver coches pasar. Sí,
los coches circulan por la playa. Es una playa anchisima de 130km
aprox., abierta al tráfico lo suficientemente ancha para caminar y
hacer dedo a la vez. Pero ni un alma. Solamente mariposas que vienen
del mar. Negras moteadas de blanco. Enormes. He estado caminando
durante tres horas y media hsta que el primer coche ha parado. Tres
horas en la ps que al principio he disgrutado de la playa
ininterrumpida. Por un lado, playa, por el otro, playa, en medio,
mar, al otro, verde. Flipante. Si me hubiera tenido que andar los
30km igual algo monótono se me hubiera hecho. Los buses 4x4, los
4x4, caravanas de exurusiones, los ranges, la policía... Nadie para
porque van llenos. Los que van llenos de gente, por gente. Los que
no, porque llevan todo un equipamiento para montar su campamento...
En mis
tres horas andando no he visto mucho más que mis pies desclazos
sobre la arena. Cangrejos y medusas enterrados en la arena, en esa
parte de la playa que ni es arena ni es agua. Es la pare recién
mojada. Es agua y arena. Y justo por mi dercha los coches arriba y
abajo, siempre hasta arriba. Si no me coge nadie acampo a 20km de
camino, pero me han cogido y me han hecho 6km. Me quedan 10km para el
último pueblo de la playa. Son las 12.00. ¡Sí se puede!
¡Un avión aterrizando en la playa justo por encima de mi cabeza!
Esta isla es de película. “Cowboys from Hell” en mis auriculares
hacen de la estampa un paraje muy personal. Todo mejora. En una de
mis miradas atrás veo un coche dorado con una canoa azul en el
techo. Esa es la señal de hoy. Es la familia que vi hace dos días.
Un poco tarde pero van de regreso. “¿Alguien necesita que le
lleven?”. Entre risas, cargamos, nos contamos, nos alegramos de
vernos y nos despedimos en la última zona de acampada anterior a mi
desvío de la playa al interior. Es la una. Acamparé, iré al agua y
meditaré. Después de comer e ir a por agua, a eso de las cuatro, me
he sentado a leer al sol. Algunos coches me pitan debos ser una buena
imagen en esta kilométrica playa. A eso de las 17.00 el tráfico
mengua, casi anocheciendo. Es entonces cuando grito de emoción. La
playa es mías. Ahí vy a dormir yo rodeado de nadie más. Bueno,
posiblemente algún dingo. Pero para eso ya estoy preparado. La
inmensidad del mar con su incesante romper es el único ensordecedor
sonido de fondo por segunda noche consecutiva. Al ir a por agua he
ido tierra adentro. Es entonces cuando me he dado cuenta de que el
sonido de las olas se diluía en la distancia. No he tardado en
recuperarlo. Simplemtne, a la vuelta, me he dejado embriagar de nuevo
por él. He hecho inventario de todo lo que tenía que hacer antes de
dormir y lo he hecho. La última tarea: ver atardecer hacia el Este.
Morados, naranjas, amarillos y rosas se funden hasta que el lienzo se
topa con ese horizonte bien marcado que forma el mar azul marino,
hasta el blanco de la espuma, que da paso de nuevo a los morados,
naranjas, amarillos y rosas reflejados en ese terreno que no pertence
ni al mar ni a la tierra, en el que la ola quere arrastrar la arena
adentro y la tierra lucha contra los implacables latigazos del mar.
Porque el mar siempre gana. Son las 18.30. Lectura y a dormir.
DÍA 6: Govi Campsite-Lake McKenzie (28km): ¡Menudo día! El amancer
en Govi ha sido estremecedor. Encontrarse eso por la mañana de lo
que esperaba ser un día relajado era para quitarse el sombrero. O el
gorrito de dormir. El sol ha aparecido justo delante de mi tienda.,
embadurando todo el mar y la arena de ese naranja amanecer del que
solo els lo tiene la patente. Unos gustosos noodles me dan los buenos
días. Me falta una sandalia. No está en mi círculo de seguridad...
está fuera, y todo lleno de huellas de dingo. Algún amigo nuevo me
ha andado acechando esta noche. La comida sigue en su sitio, colgada
de lo más alto que pude de un arbolucho. Tengo la boca llena de
dientes que se unen en una sonrisa. Grito. La playa es mía de nuevo.
Camino saludando a todo coche que pasa. ¿Qué pasa? ¡Esta playa es
mía! Dos dingos pasean a un kilómetro de mí. ¿Será mi cazador de
sandalias? Sigo sus huellas, que toman el mism camino fuera de la
playa que yo, pero los pierdo de vista. ¡Hasta la próxima, amigo!
Empiezo el camino de verad, con las botas ya puestas. El rato que
ayer andé por la playa con sandalias me hizo rozaduras. Yoda, el
poder jedi y toda la fuerza me acompañan. Subo como una centella,
como decía aquél, y paso por el Lago Boomanjin. Es el tercer lago
más grande de la isla, y rodearlo para seguir el camino es la tarea
más ardua del día por el momento. Se trata de una epslanada de
arena firme y seca que recuerda a un desierto de sal de esos en los
que nunca he estado. El sol se refleja en ella y mis retinas se fríen
a fuego lento con mis gafas en la mochila. Del suelo salen juncos y
de vez en cuando también crecen algunos postes de madera con una
flecha que señalan la dirección a seguir por el caminante, pero no
el camino. El camino lo marcan las huellas no muy antiguas de un
dingo. Parece que las huellas d dingo marcan la historia y un camino
en estos últimos días. Salir de un lago me lleva a otro y de allí
me vuelvo hacia el lago más grande ea isla. Según las curvas de mi
mapa parece que voy a tener una fenomenal vista desde un risco, y
según alguna foto que vi antes de partir, también. Pero el camino
torna alto y arbolado, y el lago va quedando al Oeste sin remedio,
entre los árboles, allá abajo. Sin quererlo ni beberlo (en mi
cuaderno aparece “veverlo” tachado y corregido. ¿Estaré
perdiendo el español después de dos meses? Que este blog sirva de
terapia)... Sin quererlo ni beberlo me planto ya en Central Station.
El lago anterior y su zona de acapmpada eran el pan inicial pero me
siento con fuerzas para llegar lo más lejos posible y mañana andar
menos para coger el primer o segundo ferry de la mañana.
Andando, andando, andndo dale que te pego, todo el rato embobado on
los árboles los lagos, las tonterías, pensando en esto, en aquello,
en Nueva Zelanda, en otras montañas, en qué vendrá después, en la
gente de casa, en nachos con queso al volver a tierra firme... en una
de esas me he topado con una cosa larga y con cabeza y boca
atravesada a lo ancho del camino. Larga, verde, moteada de camuflaje,
preciosa... Todos los consejos que he adquirido en Australia desde
que llegué han pasado por mi mente como una lista de la compra
enumerada:
- En Fraser no hay serpientes venenosas.
- Si se sienten amenazadas, siendo una pitón, pueden morder, y la
mordedura se puede infectar. Ese es el único peligro
- Se ponen en los caminos a calentar la sangre
- Caminar despacio hacia atrás mirándola
- Si muerde, no es venenosa
- El bendaje, de ser vnennosa, se aplica desde arriba hasta la herida
para fluir el veneno hacia afuera.
- No caminar solo
- No caminar sin compañía
- No caminar... ¡Ya!
El caso es que durante el transcurso de esos segundos retomando
conocimientos he echado atrás dos o tres pasos.
Opción 1: Agitar el palo de andar en sueloa ver si se va, con la
distancia suficiente por si en vez de irse, viene.
Opción 2: Pasar or delante de su cara, por el hueco del camino que
no tiene cubierto (y una mierda)
Opción 3: Saltarla por la espalda
Opción 4: Salirme del camino. Terraplén por un lado y por el otro.
No factible
Opción 5: Volver atrás y acampar en otro lado, salir de la isla en
helicóptero, coger un jet privado y volver a casa a llorar con mamá.
Opción 3 parece la correcta. Aguanto la respiración. Vuelvo a
respirar, porque se me ha olvidado que el segundo paso era correr y
saltar. Vuelvo a aguantar la respiración. Corros, salto y sigo sin
mirar atrás. Todo bien. No miro atrás, por no cruzar las miradas y
que se sienta invitada a un duelo humano-serpiente. Y todo esto por
una pitón no venenosa de 1,5 metros. Cuando vea una de las 10 má
venenosas del mundo ya os digo cual es protocolo de actuación:
Llorar, llorar y llorar.
He llegad a Central Station. Que no estab en el plan del día, y he
comido allí ya sabemos el qué. Y resulta que no hay hay camping,
así que próxima parada: Lake McKenzie, como la primera noche Ha
sido como encontrarme con un viejo amigo, pero esta vez he llegado
mucho más exhaltado después de varios días de integración en la
isla. Me he quitado las botas a orillas del lago. Mis pies disfrutan
del agua. Mi cuerpo goza con este lago todo para mí. Hoy dormiré a
gusto y mañana solamente tengo 7km de vuelta al ferry.
A partir de aquí, solamente quedan días de relax en Hervey Bay de
nuevo para retomar el contacto con la civilización. 106 km después
y cinco horas transcribiendo el diario, pienso en la hazaña. Me
siento vivo.
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| Amigos |
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| Rodeando el Lake Bomanjin, arduo menester |
| Lagarto monitor o goana |
| Monstruosos árboles de 1.000 años. Otra forma de ver historia |
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| 75 Mile Beach en Happy Valley |
| Aeropuerto |
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| 75 Mile Beach desde Govi |
| Woodshed Hostel, en Hervey Bay. El mejor sitio para no hacer nada después de 106km. |
| Atardecer en Hervey Bay |




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