viernes, 24 de abril de 2015

If only the weather holds (2)


DÍA 4 Valley of the Giants-Lake Garrangonwerra-Happy Valley (20km aprox): A todos nos cuesta madrugar menos a la lluvia. Pensaba que por un día iba a poder uardar la tienda a gusto, y he salido a las 6.30 para tomar algo en el bar de la esquina. Manzanas y barritas de muesli. Lo único que tienen en este bar. Todos los días igual. Pero en mi camino al baúl de las pertenencias ha empezado a chispear. He puesto todo a cubierto contrarrloj, y me he vuelto por donde he venido.

Reflexión: todos los días llueve por la mañana.

Son las 8.30 y no amaina. No importan mis plegarias al dios de la isla o mis siestas mañaneras. Me parece que esta bez ha ganado la pachamama. Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Y de esta seguro que salgo. Hablo como el del último superviviente, pero tengo una pista forestal a 600m. Puedo hacer autostop si perezco de aburrimiento. Afronto un día dentro de una tienda de campaña. Escribiendo estas líneas la densidad de la lluvia aumenta. Parece que voy a estar aquí durante un tiempo largo. Solamente pido que amaine cuantro horas para llegar al siguiente lago.

Echo de menos el porche de aquella casa que teníamos Pepo y yo en Alemania.

A las 10.00he consguido salir de la tienda. Puede que fueran las 9.30. me espera un dí duro. Si todo sale bien tengo no menos de 20km, pero hoy tocaré el Pacífico con la punta de los pies.

El día ha sido duro, durísimo. Ya sabía que tenía más de diez kilómetros con tres cuartos de litro de agua que transportaba desde el día anterior, porque en Valley of the Giants no había ningún sitio para rellenar. Solos yo y K'Guri. Bueno, pues he partido con optimismo, pues entre los árboles parecía haber un cierto resplandor de algo que de vez en cuando parecía ser el Sol. Pero on la frondosidad de esta monstruosa selva no he podido saber bien si aclaraba o no. Lo único que he sacado en claro es que no llovía.

De vez en cuando una especie de riego selvático humedecía mi cabeza, y es que la brisa hace que toda esa lluvia almacenada por las hojas se dispare hacia el suelo disfrazada de chaparrón momentaneo. A veces estaba asustado de ser el único con una nube encima, como en los dibujos animados, mientras veía el sol abriéndose paso justo delante de mi. y a estas alturas no me apetecía ponerme el poncho y caminar tres horas bajo la lluvia.

Al salir del Valley of the Giants me he dado de llenos con un paisaje diferente. Seco por el sol intermitente se veía una especia de sabana frondosa, pero de suelo más árido. Este ha sido mi camino, pero no por mucho tiempo. Hasta que me he topado de nuevo con la fenomenal selva verde, que no se cortaría hasta Lake Garrawongera.

Aprendizaje: Tres cuartos de litro de agua para 10km. El apartado en el que describe el camino, el mapa decía que eran 12km. El poste del camino decía 15,3km. Bueno, mi primera parada fue al empezar esa sabana que me cegaba y unos traguitos me han venido fenomenal. He apretado la marcha al principio del día, que estaba fresco y el terreno llano. Pero luego el tema se ha ido empinando , y el agua iba escaseando. Mi último descanso me permitía beberme toda el agua pero, y aquí está el aprendizaje: nunca se debe gastar toda el agua. Nunca sabes cuando te vas a partir una pierna, o el mapa que tienes resulta ser de una Isla del Mar de Japón. Dejar siempre cinco tragos.

En el intenso repecho final sucede el cruce con una pista forestal que me lleva al Lago Garranwongera. He atado mi macuto al machón del tejado de un merendero y me he ido a bañar al lago (bien merecido baño). Lago que veo, lago en el que pego una zambullida. Tanto por higiene como por refresco. Además también por hacer una comparativa de “Ranking de mejores lagos para bañarse en K'Gari”.

Tod eso con dos barritas de muesli y dos manzanas. Si comía más muesli, había que pasarlo con agua, y el agua era para el camino. No podía desayunar fideos chinos para no gastar agua... en fin, que cuando he llegado me hinchado a agua, me he dado un bañazo en agua y me he comido unos fideos con agua. ¡Qué importante es el agua!

Mi baño se ha tenido que compartir con 30 alemanes en una excursión que para mi suerte estaban escuchando la charla de un guía y todos parecían mojados, por lo que era mi turno de bañarme. Hay lagos que son sagradísimos, y no está bien bañarse, así que hay que andarse con ojo. Algunos, escuchando el sermón, me miraban recelosos de estar en el agua. Bañito rápido y a correr. He vuelto al lago para ver cómo estaba el cielo. No parecía del todo amenzante, por lo que he decidido echarme la mochila al hombro y partir. Pero en menos de cinco minutos ha empezado a llovisquear: mala señal. Si el camino empezaba así, era mejor quedarse acampado en Garrawongera. Ya sñe o que es montar y andar y mojado. No es un plato de buen gusto. Pero cuando he vuelto he parado en el lago y he estado durante media hora con la tesitura, porque solo chispeaba. Ha sido media hora mágica en la que, llevado por mi espiritualidad de K'Gari le he preguntado alhí mismo que si podía seguir caminando me diese una señal. Un claro entre las nubes del Este, en mi dirección. Algo que me alentara para seguir. O un cielo plomizo y denso en oriente que me advirtiera del peligro. En esa media hora el cielo ha cambiado mil vecs de color y densidad, pero en un momento he visto todo más claro. El cielo y el dilema estaban más claros. Era el momento de marchar hacia Happy Valley (Con algunos nombre se han currado el aguantar el nombre aborigen. Con este se la han colado pero bien). Volviendo a por la mochila colgada en el merendero me he cruzado con 25 escoceses aparcando cinco 4x4s. ¡Esa era la verdadera señal para huir!

Happy Valley se deja acariciar por las olas de Pacífico. Junto a Eurong, son las únicas dos villas con alojamiento en toda la 75 Mile Beach. Sí amigo y amigas de lo extraordinario. 130Km de playa tiene K'Gari en el lado oriental. Y yo estaba allí, estremecido por la estampa. Por el momento. Por cómo había llegado hasta allí. Porque ya estaba todo logrado en el día. Porque atardecia y todo el mundo se había marchado con sus tours y sus 4x4 a sus hogares. Yo todavía tenía que construir el mío, pero todavía me daría el plac de ir a chapotear con los pies las aguas del Pacífico una vez más. Junto a esos dos únicos pescadores que compartían la playa conmigo. Nadie más hasta el horizonte. Simplemente playa, eterna hasta donde abarca la mirada. La virtud de que mi tienda de campaña mire al Este es que veré el amanecer sentado en el porche, desayunando. Con la alarma puesta y en primera línea.

La noche cierra clara. Se ven las estrellas que he decidido salir a ver. Algo se mueve a mi derecha al caminar no más de 20 metros de la tienda. Es una rana enorme. Tal vez un sapo. Se aleja de mí. Apago la linterna y me dejo embelesar por el eterno romper de las olas. El cielo, aclarado, muestra todo su potencial de luz. El sonid se lo dejo al mar. Y el guión lo completa, para romper o completar la escena, un ajetreo en la oscuridad que al alumbrar con mi linterna se aparece en forma de dingo observándome. Esto no era pate del mágico paseo nocturno. Recuerdo que he cenado y tengo todos los trastos en la tienda: “No dejar comida dentro de la tienda”. Pero con esto de que es acampada libre no hay cofres. Le espanto, marcando mi territorio con un par de gruñidos perrunos no sé cómo de agresivos pueden llegar a ser. No sé cuantos son. He visto uno. Voy hacia la tienda y pongo toda mi comida en una bolsa y la subo a un ábol. La bolsa de la basura también. Giro la cabeza para ver cómo de lejos estoy de la tienda. El haz de luz de mi linterna cruza desde la bolsa hasta la tienda en un giro de 180º de vacío de arbustos entre los que dos ojos dilatados por el resplandor de luz brillan y me observan. Como uno de esos ciervos que te cruzas en la lejanía en la carretera. Gruño de nuevo y huye.

Ahora, en la tienda, sin comida, solo oigo el rugir del mar, que parece que en cualquier momento va a caer encima de la tienda. El temor del dingo desaparece. No he visto mucha amenaza por su parte. Solamente observación. La brisa mece mi tienda. Esta noche parece que será más fresca con el abanico de las olas.

DÍA 5: Valley of the Giants-Govi Campsite (20km): como todo el mundo imagina, tenemos ciertos miedos que hay que combatir. Supongo que el mío, o uno de los míos, más allá de los comunes, y de hecho no es un miedo... el mío es dejar de lado un plan, o ver cómo no funciona como esperaba, o como tener que cambiar lo planeado sobre la marcha. Es algo que sé resolver sin mayores problemas. Siempre he sido bastante resolutivo cuando las situaiones cambiaban o alteraban, pero ninca he sido muy partidario de las improvisaciones a corto plazo. Aunque parezca lo contario. Creo que, como bien dicen en ese capíto de Black Mirror, el especial de navidad, todos tenemos miedo al cambio, pero no es en sí el cambio lo que no atemoriza, si no el estado de tránsito intermedio que nos lleva desde un punto de estabilidad a otro momento de estabilidad.

Más a corto plazo, me refiero a los cambios de planificación en estos cinco días, por lluvias, aguas, etc... finalmente no he necesitado hacer ningún cambio drástico de planes más que el de hoy, en el que pretendía temrinar en un sitio y estoy a 20km. Supongo que esto es adaptarse al cambio. Pero supongo que el hech de situarme en una playa en la que da igual que infinito extremo mire, no hay nadie, creo que eso es lo que el cambio y su transición dan como premio al fnal del día cuando te encuentras fuera de casa. O cuando tu casa, cada día, es una nueva zona de acampada.

La mañana, como era de esperar, comenzaba con una cautelosa apertura de cremallera. No del pantalón, aunque también he ido al servicio, si no de la tienda. Despacio por si algún curioso dingo estaba olfateando desde fuera. Pero no. Lo único que he encontrado han sido los testos de mi propia basura en el suelo, en vez de colgados del árbol donde los dejé. Eso indica que el perrito salvaje salta bastante. O que ha hecho aire. He recogido, he ido a desayunar dentro de “Happy Valley”, y he marchado. Digo “dentro” porque este complejo de camping, bungalows y apartamentes está rodeado con unas vallas que evitan que los dingos entren. Pernos y muelles en las puertas las protegen de “ataques” como el que yo he tenido. Ataque y costumbre de tomar comida prestada.

El agua del depósito salía amarillita. Nada estaba abierto a esas horas, y aunque lo hubiera estado no hubiera ido a pedir agua. No soy capaz. Yo soy más de “yo me lo guiso yo me lo como”. Así que pastillita purificadora y a correr. Y los noodles del desayuno, con agüita amarilla también, como la canción de los Toreros Muertos (espero que no). Después de cuatro días era hora de tirar mis residuos y así aflojar lastre. Hablo de la bolsa de basura. De lo otro voy bien, gracias.

El pueblo está vacío. Ni un alma. Por las calles de arena de playa. Es bonito un pueblo con las calles de arena de playa. Muy pintoresco. Enla plaza encuentro un coche con gente. Mi destin es Dilly Village, también en la costa E de la Isla, a 30km de Happy Valley. Pretendo hacer dedo para llegar cuanto antes y así poder encaminarme al interior de nuevo. Digamos que el primer, segundo, tercer y cuarto día los dediqué a atravesar la isla de Oeste a Este, con dirección NE en su mayoría. Vamos, de izquierda a derecha y en diagonal hacia arriba. Ahora lo que pretendía es bajar 30 kilómetros por la playa eterna, y volver a cruzar la isla para así volver en otros dos días a las costa Oeste y salir de la isla paradisíaca.

Mi andadura ha comenzado a las 8.00, muy temprano para un martes de temporada baja. Hasta las 9.00 no he empezado a ver coches pasar. Sí, los coches circulan por la playa. Es una playa anchisima de 130km aprox., abierta al tráfico lo suficientemente ancha para caminar y hacer dedo a la vez. Pero ni un alma. Solamente mariposas que vienen del mar. Negras moteadas de blanco. Enormes. He estado caminando durante tres horas y media hsta que el primer coche ha parado. Tres horas en la ps que al principio he disgrutado de la playa ininterrumpida. Por un lado, playa, por el otro, playa, en medio, mar, al otro, verde. Flipante. Si me hubiera tenido que andar los 30km igual algo monótono se me hubiera hecho. Los buses 4x4, los 4x4, caravanas de exurusiones, los ranges, la policía... Nadie para porque van llenos. Los que van llenos de gente, por gente. Los que no, porque llevan todo un equipamiento para montar su campamento...

En mis tres horas andando no he visto mucho más que mis pies desclazos sobre la arena. Cangrejos y medusas enterrados en la arena, en esa parte de la playa que ni es arena ni es agua. Es la pare recién mojada. Es agua y arena. Y justo por mi dercha los coches arriba y abajo, siempre hasta arriba. Si no me coge nadie acampo a 20km de camino, pero me han cogido y me han hecho 6km. Me quedan 10km para el último pueblo de la playa. Son las 12.00. ¡Sí se puede!

¡Un avión aterrizando en la playa justo por encima de mi cabeza! Esta isla es de película. “Cowboys from Hell” en mis auriculares hacen de la estampa un paraje muy personal. Todo mejora. En una de mis miradas atrás veo un coche dorado con una canoa azul en el techo. Esa es la señal de hoy. Es la familia que vi hace dos días. Un poco tarde pero van de regreso. “¿Alguien necesita que le lleven?”. Entre risas, cargamos, nos contamos, nos alegramos de vernos y nos despedimos en la última zona de acampada anterior a mi desvío de la playa al interior. Es la una. Acamparé, iré al agua y meditaré. Después de comer e ir a por agua, a eso de las cuatro, me he sentado a leer al sol. Algunos coches me pitan debos ser una buena imagen en esta kilométrica playa. A eso de las 17.00 el tráfico mengua, casi anocheciendo. Es entonces cuando grito de emoción. La playa es mías. Ahí vy a dormir yo rodeado de nadie más. Bueno, posiblemente algún dingo. Pero para eso ya estoy preparado. La inmensidad del mar con su incesante romper es el único ensordecedor sonido de fondo por segunda noche consecutiva. Al ir a por agua he ido tierra adentro. Es entonces cuando me he dado cuenta de que el sonido de las olas se diluía en la distancia. No he tardado en recuperarlo. Simplemtne, a la vuelta, me he dejado embriagar de nuevo por él. He hecho inventario de todo lo que tenía que hacer antes de dormir y lo he hecho. La última tarea: ver atardecer hacia el Este. Morados, naranjas, amarillos y rosas se funden hasta que el lienzo se topa con ese horizonte bien marcado que forma el mar azul marino, hasta el blanco de la espuma, que da paso de nuevo a los morados, naranjas, amarillos y rosas reflejados en ese terreno que no pertence ni al mar ni a la tierra, en el que la ola quere arrastrar la arena adentro y la tierra lucha contra los implacables latigazos del mar. Porque el mar siempre gana. Son las 18.30. Lectura y a dormir.

DÍA 6: Govi Campsite-Lake McKenzie (28km): ¡Menudo día! El amancer en Govi ha sido estremecedor. Encontrarse eso por la mañana de lo que esperaba ser un día relajado era para quitarse el sombrero. O el gorrito de dormir. El sol ha aparecido justo delante de mi tienda., embadurando todo el mar y la arena de ese naranja amanecer del que solo els lo tiene la patente. Unos gustosos noodles me dan los buenos días. Me falta una sandalia. No está en mi círculo de seguridad... está fuera, y todo lleno de huellas de dingo. Algún amigo nuevo me ha andado acechando esta noche. La comida sigue en su sitio, colgada de lo más alto que pude de un arbolucho. Tengo la boca llena de dientes que se unen en una sonrisa. Grito. La playa es mía de nuevo. Camino saludando a todo coche que pasa. ¿Qué pasa? ¡Esta playa es mía! Dos dingos pasean a un kilómetro de mí. ¿Será mi cazador de sandalias? Sigo sus huellas, que toman el mism camino fuera de la playa que yo, pero los pierdo de vista. ¡Hasta la próxima, amigo!

Empiezo el camino de verad, con las botas ya puestas. El rato que ayer andé por la playa con sandalias me hizo rozaduras. Yoda, el poder jedi y toda la fuerza me acompañan. Subo como una centella, como decía aquél, y paso por el Lago Boomanjin. Es el tercer lago más grande de la isla, y rodearlo para seguir el camino es la tarea más ardua del día por el momento. Se trata de una epslanada de arena firme y seca que recuerda a un desierto de sal de esos en los que nunca he estado. El sol se refleja en ella y mis retinas se fríen a fuego lento con mis gafas en la mochila. Del suelo salen juncos y de vez en cuando también crecen algunos postes de madera con una flecha que señalan la dirección a seguir por el caminante, pero no el camino. El camino lo marcan las huellas no muy antiguas de un dingo. Parece que las huellas d dingo marcan la historia y un camino en estos últimos días. Salir de un lago me lleva a otro y de allí me vuelvo hacia el lago más grande ea isla. Según las curvas de mi mapa parece que voy a tener una fenomenal vista desde un risco, y según alguna foto que vi antes de partir, también. Pero el camino torna alto y arbolado, y el lago va quedando al Oeste sin remedio, entre los árboles, allá abajo. Sin quererlo ni beberlo (en mi cuaderno aparece “veverlo” tachado y corregido. ¿Estaré perdiendo el español después de dos meses? Que este blog sirva de terapia)... Sin quererlo ni beberlo me planto ya en Central Station. El lago anterior y su zona de acapmpada eran el pan inicial pero me siento con fuerzas para llegar lo más lejos posible y mañana andar menos para coger el primer o segundo ferry de la mañana.

Andando, andando, andndo dale que te pego, todo el rato embobado on los árboles los lagos, las tonterías, pensando en esto, en aquello, en Nueva Zelanda, en otras montañas, en qué vendrá después, en la gente de casa, en nachos con queso al volver a tierra firme... en una de esas me he topado con una cosa larga y con cabeza y boca atravesada a lo ancho del camino. Larga, verde, moteada de camuflaje, preciosa... Todos los consejos que he adquirido en Australia desde que llegué han pasado por mi mente como una lista de la compra enumerada:

- En Fraser no hay serpientes venenosas.
- Si se sienten amenazadas, siendo una pitón, pueden morder, y la mordedura se puede infectar. Ese es el único peligro
- Se ponen en los caminos a calentar la sangre
- Caminar despacio hacia atrás mirándola
- Si muerde, no es venenosa
- El bendaje, de ser vnennosa, se aplica desde arriba hasta la herida para fluir el veneno hacia afuera.
- No caminar solo
- No caminar sin compañía
- No caminar... ¡Ya!

El caso es que durante el transcurso de esos segundos retomando conocimientos he echado atrás dos o tres pasos.

Opción 1: Agitar el palo de andar en sueloa ver si se va, con la distancia suficiente por si en vez de irse, viene.
Opción 2: Pasar or delante de su cara, por el hueco del camino que no tiene cubierto (y una mierda)
Opción 3: Saltarla por la espalda
Opción 4: Salirme del camino. Terraplén por un lado y por el otro. No factible
Opción 5: Volver atrás y acampar en otro lado, salir de la isla en helicóptero, coger un jet privado y volver a casa a llorar con mamá.

Opción 3 parece la correcta. Aguanto la respiración. Vuelvo a respirar, porque se me ha olvidado que el segundo paso era correr y saltar. Vuelvo a aguantar la respiración. Corros, salto y sigo sin mirar atrás. Todo bien. No miro atrás, por no cruzar las miradas y que se sienta invitada a un duelo humano-serpiente. Y todo esto por una pitón no venenosa de 1,5 metros. Cuando vea una de las 10 má venenosas del mundo ya os digo cual es protocolo de actuación: Llorar, llorar y llorar.

He llegad a Central Station. Que no estab en el plan del día, y he comido allí ya sabemos el qué. Y resulta que no hay hay camping, así que próxima parada: Lake McKenzie, como la primera noche Ha sido como encontrarme con un viejo amigo, pero esta vez he llegado mucho más exhaltado después de varios días de integración en la isla. Me he quitado las botas a orillas del lago. Mis pies disfrutan del agua. Mi cuerpo goza con este lago todo para mí. Hoy dormiré a gusto y mañana solamente tengo 7km de vuelta al ferry.

A partir de aquí, solamente quedan días de relax en Hervey Bay de nuevo para retomar el contacto con la civilización. 106 km después y cinco horas transcribiendo el diario, pienso en la hazaña. Me siento vivo.

Lake Wabby . Esas dunas avanzan 1,8 metros al año. El lago está condenado a desaparecer
Amigos

Rodeando el Lake Bomanjin, arduo menester



Lagarto monitor o goana



Monstruosos árboles de 1.000 años. Otra forma de ver historia

75 Mile Beach en Happy Valley

Aeropuerto

75 Mile Beach desde Govi
Woodshed Hostel, en Hervey Bay. El mejor sitio para no hacer nada después de 106km.
Atardecer en Hervey Bay

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