lunes, 6 de abril de 2015

La ciudad verde


Canberra es ese tipo de ciudad al que se llega con expectativas. Y en el caso de esta ciudad las expectativas son algo bajas. Todo el mundo dice que Canberra es una ciudad aburrida donde no pasa mucho. Y en realidad es algo así la impresión que da al principio. Pero lo que de verdad me trajo aquí fue una visita familiar. El primer Bohua en misión de visita en territorio de canguros. Y en es estamos de acuerdo que he cumplido con honores.

ACT (Australian Capital Territory) fue creado cuando nació la Commonwealth de Australia. Es decir, la unificación de los varios estados que existían en toda la isla, que dependían del Reino Unido, y que formarían un único país. Estaba claro que Sydney y Melbourne eran las ciudades más avanzadas. La primera en el estado de New South Wales y la segunda en el estado de Victoria. Ciertas ideas pasaron por la cabeza de los gobernadores, como que la nueva capital de Australia debía de repartirse entre las dos ciudades, y se irían turnando, para que no hubiera envidias. ¿Os imagináis un país con dos capitales que cada cuatro años cambian? No era precisamente una buena idea. Pero aquí viene la mejor: Crear una ciudad de la nada en lo que los australianos llaman el “bush”. El “bush” es como el bosque. Y en el bosque se pretende, a una distancia que no es exactamente equidistante entre Sydney y Melbourne, empezar lo que hoy se conoce como Canberra.

Es un nuevo concepto de ciudad. Con la primera intención de albergar el gobierno, los ministerios y cierta parte del funcionariado del país, se elabora un concurso entre diferentes arquitectos urbanísticos para crear la nueva ciudad. Ideas nuevas, que durante la planificación o desarrollo de otras ciudades no se pudieron llevar a cabo, surjen para esta nueva ciudad. Los parques ya los tienen, porque la ciudad se va a construir en el y mencionado “bush”. La altura de los edificios no superará la altura de los árboles, en mayor medida, para que así se tenga una sensación de más aislamiento en la naturaleza. Un centro neurálgico en el que colocarán el Parlamento, el que luego será Nuevo Parlamento, y un War Memorial irán dando forma a la ciudad. Un inmenso lago artificial, que luego dará paso a diferentes lagos más alrededor de la ciudad, hacen junto a las zonas verdes una ciudad en la que tengas la impresión de vivir fuera de grandes barullos. Todo esto que menciono fue el plan ganador de un tal Burley Griffin, del que luego se descubriría que hurtó un poquito el plan a su mujer, que es la que de verdad sabía del tema. Hoy en día, el lago central de Camberra lleva su nombre (Burley Griffin Lake), y cuyo tamaño es poco comparable con ningún lago de ninguna capital del mundo.

La extensión de esta ciudad de más de 380.000 habitantes es de 800km2. Para que os hagáis una idea, Madrid tiene algo más de 600km2 on una población 9 veces superior de 3,2 millones. Nueva York tiene algo menos de 500km2 con 8,5 millones de colegas viviendo juntos. Eso nos lleva a ver que aquí la gente vive holgadita. Que hay sitio para todos, incluso para tener reservas de canguros que puedes ver yendo desde un barrio al centro de la ciudad. Desde el barrio de Amaroo, donde he estado yo estos días, puedes llegar al centro en 45 minutos en bicicleta (siguen conduciendo por la izquierda) pasando por otro lago bastante grande, pero no del tamaño del Burley Griffin, que son 6,6km2, sin contar con las zonas verdes que lo rodean, con un largo máximo de 12km. Ahí es nada.

Canberra tiene un nuevo Museo de Historia Nacional (Australiana, no etíope). Una maravilla, pero del cual ya había yo hecho bastantes avances en mi paso por Sydney en su The Rocks Discovery Museum. Hay unos guías del propio museo, en mi caso Anthony, que tienen horas marcadas para explicar cada sala. Tú vas a la hora, le buscas, y te unes a una charla a la cual se puede unir todo el mundo. El museo tiene una zona de “Exploradores”, una zona muy interesante con 50 hisorias de 50 australianos que destacaron en diferentes campos. Desde una tipa que se dio la vuelta al mundo en un velero, hasta uno que empezó a hacer diseños con aerógrafos para motos y furgonetas muy hippies, pasando por la historia de una aborigen arrancada de los brazos de sus padres cuando era joven. Historietas de la historia australiana. Personajes que reflejan este país en unos aspectos u otros.

Pero yo, que sabéis que tengo mi propia historia, llegué a Canberra en autoestop. Y ahí, curiosamente, empecé a darme cuenta de que hay un personaje que recala en la memoria de todos los australianos. O de la mayoría por lo menos a los que les digo que viajo haciendo autostop. Conseguí un viaje excelente con una señora, madre de tres hijos, motera en sus momentos salvajes (y que todavía sigue teniendo momentos de esos). Monique, si en algún momento lees esto y utilizas ese botón de “traductor” que te dije, te estaré eternamente agradecido. Fue de los viajes más agradables que he tenido siendo el copiloto de alguien. Y fue Monique la que sacó a la luz un nombre que yo creía que no era tan importante, y que había escuchado en una conversación anterior en Sydney de la que no me había enterado muy bien. El protagonista es Ivan Milat. Pero no el escultor croata, “The backpacker killer” es como se le conoce. Se trata de un asesino en serie que entre finales de los 80 y principios de los 90 asesinó a 7 mochileros que hacían autostop por Australia. Se los cargó a sangre fría entre cuchillas, tiros y apaleamientos. Bien, es un caso muy sonado de asesinatos en serie, por lo que ni Monique ni mi tía Merche o Sandra, la hermana de Merche, reparan en recordarme que con esos antecedentes en la historia del autoestopismo australiano no debería yo fiarme de hacer autostop. Y si bien no es suficiente con eso, cabe recordar que Milat tiene muchos hermanos que a lo mejor pueden estar tan zumbados como él, o que dos de los sobrinos de este, años después, mataron con un hacha de doble filo a un chaval de 17 años y lo enterraron en el mismo bosque en el que su tío Iván solía enterrar a sus víctimas. Ahora todos estaréis mucho más tranquilos. Esta es la historia de Ivan Milat.

A mi me gusta pasear en bicicleta, y Camberra es lo suficientemente llano como para que las distancias que ofrece, aunque amplias, sean llevaderas a ritmo de los pedales. Mi tío Antonio me ha cedido una bici que me ha salvado el culo, y un poco el bolsillo. Aunque en realidad, las dos veces que he cogido el autobús no he tenido que pagar. Una porque no tenía cambio el conductor, por lo que me dejó pasar y me dijo “total, en algún sitio te bajarás. No te vas a quedar a dormir aquí”. Y la segunda porque yo creo que no quería ni darme cambio. A raíz de esta historia también escuché la historia de un autobusero que se pasó una parada de bus en la que había un niño, el niño fue secuestrado y violado, y luego el conductor condenado. Todo historias felices en un país civicamente fuerte, que se acuerda de recordarte sus casos de asesinatos más sonados. “No queremos que ocurra otra vez. Ya sabes”. En fin, que bicicleta es una buen método de transporte aquí, mucho más respetada que en Sydney, con carriles bici kilométricos, y no como el apaño de la superinversión para la adaptación de la bicicleta de Ana Botella.

Me gustaría comentaros una pequeña historia que ocurrió durante la crisis de principios de los años 30. Después del crack del 29, Australia también se vio sumida en el hoyo que después aconteció. Por la aquel entonces las carreras de caballos y sus apuestas, cuando ya no había nada que perder, movían bastante dinero, vidas y pasiones. Y fue entonces cuando un caballo neozelandés adoptó el nombre de Phar Lap y fue criado en Australia. Corría como caballo australiano y ganaba como australiano. Y todos los australianos ganaban con él, convirtiéndose en lo que fue un icono nacional, y una de esas pequeñas historias que hacen que el ánimo de la gente cambie, el espíritu del país en un bache mejore y se recupere la esperanza. Pero toda esa esperanza, las eternas victorias y las riñas en el terreno de las apuestas y el deporte hicieron que ese caballo fuese asesinado por envenenamiento por algún insensible (aún más insensible) por quitárselo de en medio. El resultado final fue una tremenda ira en Australia, y el posterior reparto del caballo, puesto que cada uno reclamaba su parte de trofeo por la vida de aquel equino. El esqueleto acabó en Melbourne, la piel en Nueva Zelanda quiero recordar, y el corazón disecado se puede observar en una vitrina llena de formol en el Museo de Historia Nacional de Canberra. Un corazón del tamaño de un melón rodeado por bellas fotos del ejemplar cuando vivo, y rodeado de marujas ejemplares tomándose selfies del propio melón, digo... corazón. Gracias Anthony por tan bella historia.

Canberra es, entonces, una de las ciudades con menos historia que he visitado, pero que alberga un centro histórico para todo un país. Podemos hablar de una ciudad muy cosmopolita en la que todo el mundo coincide que se gana bien, se come cada día mejor, está evolucionando como ciudad propiamente dicha más allá de una capital de funcionarios, embajadores, ministros y demás, y empieza a tener nombre propio, dentro de su política urbanística de tener edificios no más altos que los árboles. Una ciudad bastante verde, bicycle friendly, en la que en una hora sentado en un parque leyendo vi pasar sillas de ruedas de carreras, un tándem, unas marujas en bicicleta hablando de ropa interior, unos marujos en bicicleta, unos con una bicicleta con motor (casero) adaptado, unos patinetes de esotos que parecen de la guerra de las galaxias con dos ruedas enormes paralelas entre sí en los que tienes que mantener el equilibrio si no quieres ir de cabeza al lago, una ciclo de estos que vas sentado a ras de suelo con los pies pedaleando por delante y el manillar entre las piernas, y demás variedades del mundo de los ciclos.

Como digo, una ciudad para visitar a la familia y para seguir viendo que, incluso estando en un país anglosajón y occidental, somos inmensamente y atractivamente distintos. Tan distintos que en cierto parque encontré baños públicos en los que la puerta era corredera automática, el bloqueo de la puerta era con un botón que te decía (decir no escrito, si no por palabra) “locked” (cerrado) u “open”, música de jazz, papel, mucho papel, jabón y lavabo y algunos detalles más que incluso en algunas casas faltan. Ahí dejo el detalle del jazz. Señora Botella: consigamos que nuestras calles y plazas luzcan más limpias y con mejor olor tomando ejemplo. Y no solo usted, si no todas las ciudades.

El Museo Nacional de Historia de Camberra tiene la particularidad de que, a diferencia de otros museos del mundo, pero a la par que los demás museos de Australia, es gratis. Y tiene visitas guiadas gratuitas


Desde Telstra Tower, construida el 15 de Mayo de 1980, y que a grandes rasgos podemos considerarla el Pirulí de Camberra, se tienen unas vistas panorámicas de la ciudad increíbles. Además, si tus tíos te explcan todo lo que ves, tiene mucho más sentido. En la foto se ve el centro de la ciudad llamado Civic y el Lake Burley Griffin

Gente deseando marcharse a Narnia

El cisne negro es bastante común en los lagos de Camberra. Además de ellos, loros, cacatúas blancas que gritan mucho, patos de todos los colores, pelícanos, gorriones, urracas, cuervos. ACT tiene una variedad de pajaritos increíble. Me he estado acordando de Darío bastante, que les hubiera puesto nombre mejor que yo.

ACT desde Goorooyaroo - Si algo tiene Camberra son zonas verdes. Puedes estar dirigiéndote a la ciudad en coche o en bici o lo que sea desde Amaroo y toparte con dos reservas, cuatro parques, dos lagos y una basta extensión de terreno para ganado. Y esto en 15 kilómetros.

Cartel de propaganda en The War Memorial - Ausralia en Turquía

The War Memorial in Canberra tiene una extensión como museo, como edificio y como recinto que es bastante considerable. A su manera, y supongo que desde otra perspectiva, o no, es un Valle de los Caídos pero desde su punto de vista. Desde el punto de vista de la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde Australia participó para colaborar y por fin poder apoyar a su monarquía europea de Gran Bretaña para la defensa de sus colonias. Bueno, a veces, como en todos estos museos, es un poco macabro ver a gente haiéndose fotos con los nombres de los caídos, con cañones que han asesinado a tanta gente, o disfrutando de una película en la que se idolatra a un piloto que descargó no sé cuantos misiles en misiones aéreas nocturnas en Turquía y en la defensa del norte de Australia.

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