sábado, 28 de marzo de 2015

The Blue Mountains


No era tan dolorso como yo había pensado, aunque la cabeza no estaba al cien por cien como para hacer ejercicios de matemáticas. Y hacer una macuto para irte a las Blue Mountains, territorio desconocido, es un ejercicio que implica muchas fórmulas y algoritmos. Pero eso ahora daba igual porque cómo iba a dejar yo el macuto para unas jornadas montañesas para última hora. El macuto estaba perfectamente preparado. Lo único que me rondaba la cabeza es si todo lo que tenía en la lista estaba ahí dentro. Entonces hice comprobaciones de última hora para lo más importante. En esos momento lo más importante era comida, gas y camping gas. Las botas las tenía puestas. La tienda y el saco, y algo de dinero. Sin lo demás, creo, podría sobrevivir. Total, hay una barbaridad de especies de serpientes y arañas que te pueden matar ahí afuera, así tampoco nos vamos a tomar muchas molestias.

El café en Sydney, y por lo que tengo entendido en toda Australia, es una maravilla. Un café para llevar de cafetería de estación a las ocho y media de la mañana es una maravilla. Además tienen este “Large Size” (Tamaño Grande) que es equiparable a un café en una taza de la cocina (mi madre y mi abuela saben a lo que me refiero) que no te despierta, si no que si estornudas y el de al lado respira se despierta él también. Y yo, como amante del café, estoy encantado de conocer el café australiano.

Un tren me llevaría por un trayecto muy bello y atractivo hacia un pueblo llamado Katoomba. Katoomba. Como todos los nombres, a los que a la primera no presto mucha atención que se diga, hice una serie de variaciones a lo largo de mis preguntas sobre cómo llegar, dónde comprar el billete De mi boca salían elementos como Katunga, Katanga, Katimba... a cada cual más loco y, para ningún australiano con sentido. Hasta que empecé a relacionar el nombre con un a “tumbar” y decidí asociar mentalmente el pueblo a una lápida. Así funciono yo. De todas maneras, por el camino también nos topamos con un pueblo llamado Bullaburra del que he hecho un poco de investigación etimológica. Además de, en castellano, sonar a Jaleodeasnoshembra, en aborigen puede ser traducido como Picos Gemelos (Twin Peaks) o Cielos Claros – Tiempo Amable. Es decir, que la etimología, en lo que se refiere a la procedencia de la lengua de los aborígenes, no se pone nada de acuerdo. Pero para qué ponerse de acuerdo si esto es Australia, los australianos son los colonos, y los aborígenes no tuvieron derecho a votar hasta hace poco más de 50 años. No nos vamos a molestar en si el tiempo es agradable o el cielo claro o si son dos picachos juntos. Bullaburra y se terminó el tema. Hay más nombres del estilo como Warramoo.

El caso es que el tren nos escupió a la mayoría de los pasajeros en Katoomba. Una ciudad epicentro para las actividades de montaña en las Blue. Todo lleno de agencias para paseos con guía, todoterrenos, autobuses turísticos... toda clase de ventajas para los turistas, de las que ya sabéis que yo me alejo con todos mis respetos. Y con todos mis respetos me acerqué a dos personas mayores que salían de la estación. Cuando dos personas mayores se bajan de un tren que va a un destino turístico y no llevan un mapa del lugar, es que son de allí. Podría hacer un estudio, pero lo doy por sentado. Efectivamente, me recomendaron que fuera al YHA, que es la cadena de hostels que hay por aquí para tomar información sobre lo que yo quería hacer. De allí fui a lo que yo había localizado en casa como EchoPoint. El punto de información turística localizado al lado de las Three Sisters.

Las Three Sisters son tres pináculos sobresalientes de una escarpada, muy escarpada pared de roca. Son un símbolo importante en NSW (New South Wales – Nueva Gales del Sur) y en las azuladas motañas (que son azuladas por la hoja del eucalipto, que todo lo tiñe de azul). Bien. Pues el Echo Point estaba al lado de estas Three Sisters y al lado de Three Hundred de Japoneses que se hacían selfies con palo y sin palo, en grupo sin palo y en grupo con palo, pedían que les hicieras fotos, te pedían una foto contigo, te pedían que les hicieses una foto con el palo del selfie puesto... una maravilla. Fui, las ví y me vencí. Me vencí del lado del EchoPoint, que es a lo que había venido. A adquirir un mapa del Six Foot Track (Senda de los Seis Pies)
El Six Foot Track es un camino que une Katoomba con las archiconocidas (en NSW) Cuevas de Jenolan. El nacimiento de este camino se debe a la cercana imposibilidad de abastecer a las cuevas y sus recintos aledaños de víveres y demás cuidados para los visitantes, puesto que se trata de un conjunto de cuevas observadas y visitadas desde finales del siglo XIX. Pues unos apuestos caballeros (con caballos) empezaron a abrir camino entre el bosque de eucalipto, serpientes, arañas, más eucaliptos, etc. a través de las montañas para abrir una nueva ruta de abastecimiento. Supongo que el ancho de dos culos de caballo serán seis pies, porque la ruta se llama así porque mide seis pies de ancho. Aunque hay veces que los seis pies deben de ser de Bebeto (Jugador de fútbol de los años 90 que tenía un 35 ó 35 de pie). De las cosas que se acuerda uno.

Pues no sin pasarlas bravas (o putas, vaya), consigo atravesar todo el pueblo de cabo a rabo, porque el caminito sale desde más allá de lo que eran los límites intermunicipales del susodicho. Pero en cuento encontré el desvío todo estaba maravillosamente señalado. Bien, metámonos en materia. Katoomba está como en una meseta y termina en un cortado. Pongamos que este cortado en el que termina se extiende de Este a Oeste. Hablamos de un cortado de unos 300 metros. Ninguna tontería. Se extiende en de forma recta para, por los dos extremos, girar a norte, y acabar encontrándose juntos los extremos otra vez. Explicado mejor, es como una piscina de eucaliptos enorme. Y el camino empieza por unas escaleras, 800 más o menos, que bajan como las escaleras de acceso a la piscina.

Ese tramo es terroríficamente precioso. Digo terroríficamente porque es cuando recuerdas todos los cuidados que tienen que tener en Australia para no pisar una serpiente o araña. No atormentarlas. No cruzarte una tela de araña con la cara. No es que las viese ni hiciese nada de lo anterior. Es simplemente en apartado de “riesgos” de la página web de las Blue Mountains. Un espléndido verdor, acompañado de una verdosidad en unos eucaliptos que no había visto nunca (Australia tiene más de 700 variedades de eucalipto, y en las Blue Mountains hay por encima de 90). Es apasionante bajar esos escalones sin tener ni idea de lo hay detrás de todas esas ramas y esos helechos que todo lo pueblan. De vez en cuando oyes algo reptar. Pero como bien me dijo Tom “El riesgo está ahí, y sabes que está ahí. Si tienes miedo, te quedas fuera. Si entras, te olvidas. A medias no”. Bueno, lo utilizó para la ecuación surfear-miedo-tiburones, pero también es válido para andar-miedo-arañaserpientesetc. Pero bueno, yo, que no solo entiendo por ejercicio físico el beber de pie, me dí al monte “sin miedo”.

El camino te baja todo ese cortante de piedra hasta al fondo del todo, donde ya empiezas a ir subiendo y bajando colinas. En un perfil de ascenso-descenso, el primer día era bastante llevadero, lo que pasa que yo le añadi ir desde el EchoPoint hasta el comienzo del camino que, claro, normalmente la gente lo hace en autobús. A lo largo del camino lo primero que me dejó absorto fue un loro/cacatúa que si se pone de pie a mi lado me llega más arriba de la rodilla (cabe destacar que a partir de ahora todo lo que se refiere a medidas, volúmenes de sonido y demás datos numéricos pueden haber sido alterados por la sorpresa, locura transitoria o inmensa felicidad del narrador en el momento del acontecimiento). Lo que decía, que una cacatúa de tres metros sale volando de un árbol y graznando (o lo que hagan) como un pterodáctilo. Welcome to the Blue Mountains!

Especies sin fin de pájaros me rodean, mariposillas vuelan delante de mis pies, mientras saltamones saltan de un lado al otro del camino, cuando de repente veo un establo para caballos y, para mi sorpresa. ¡DOS CANGUROS! En el cartel informatico al principio del camino ponía todo lo que “se podía ver”. Sabéis que en los carteles informativos de España, en Doñana, creo que ponen que puedes ver al lince ibérico, y en el Pirineo al oso pardo. Pues nada, un engañabobos. Yo estaba antes dos canguros grises agazapados que me miraban como: “pues nosotros tampoco te habíamos visto a tí nunca, pero si quieres unas de estas flores que nos estamos comiendo, ven”, y se fueron saltando. Saltando como saltan los canguro de la tele. Igual, oye. Una réplica perfecta. A mi cabeza me empezó a venir de todo, a parte de una sonrisa de oreja a oreja. Primero que en mi primera hora en el bosque ya había visto canguros, así que las serpientes venenosas estaban por llegar. Segundo, que que hacían dentro de una finca de caballo. Pensé en el jabalí que oímos Pepo y yo en Alemania. Que luego pensamos que era una cinta puesta a un megáfono cuando tocabas cierta rama del camino. Esto yo pensaba que los podía tener el de la finca para sí. Pero menos mal que la naturaleza es sabia, o el que organiza este parque lo tiene todo muy controlado, pero luego se me cruzaron unos cuantos pos el camino. Y al día siguiente muchos. Y al otro muchos más. Familias enteras, hordas de canguros con sus caritas simpáiticas que no paran de mirarte con sus manitas como tejiendo tapetes de centro de mesa constantemente.

La cacatúa ya se había quedado en el olvido con los canguros. Bueno, en realidad no. En realidad formaba parte del inventario de lagartos con cresta amarilla (tan largos como mi antebrazo), canguros, mariposas bellísimas, saltamontes que saltan y vuelan a la vez, pájaros de mil tamaños, colores y sonidos... ¡Creo que he visto una vaca y todo!

Eso es un resumen, en realidad, de los tres días que he tardado en llegar hasta las cuevas de Jenolan. A mi pasó por estos parajes me crucé con un grupo de monitores que iban con los chavales, y estaban acampados donde yo llegué la primera noche. Eternamente agradecido a aquella monitora, neozelandesa, por los consejos para rutas en Nueva Zelanda. Eternamente agradecido a los canguros que saltaron alrededor de mí esa noche, para volverme loco y a la vez feliz. Gracias a Jack Jones. Para quien no lo sepa, Jack Jones es el que se olvidó el saco de dormir en el hostel una vez, escribió una vez un email, y nunca vino a por él. Ahora lo tengo yo, Jack Jones, por si lees esto alguna vez. Estoy en deuda contigo, y si alguna vez te encuentro por casualidad, o lees este blog, o te das cuenta de alguna manera de que yó tengo tu saco, te lo devolveré sin ningún problema. Pero de momento, gracias Jack Jones. Y también he conocido a una pareja de las chicas de oro, que se iban con la tienda las dos a hacer este camino. La verdad es que me ha bajado un poco el autoestima, pero bueno, ha sido la última noche. Y Avis, una de las dos, me ha invitado a verla en la Costa Este cuando suba hacia arriba. ¡He ligado!

Anotaciones de la primera semana: No sé si el agua en el váter va al revés porque los váteres son como los de casa, que se va toda de una vez, pero la luna va al revés (es en forma de C cuando es creciende y D cuando es menguante); las estrellas están todas dadas la vuelta, incluso hay algunas que desconocemos en el Hemisferio Norte; el Sol, en su trayectoria durante el día, se vence hacia el Norte, y no hacía el sur, como el Hemisferio Norte, por lo que mi localización de los puntos cardinales se ha visto a veces mermada. ¡Pero en la muñeca llevo un peluco que lo flipas! ¡Ah, sí! Los coches siguen yendo al revés también.
Esa es la piscina de eucalíptos a la que me refiero


The Three Sisters



Y aquí creí que iban a venir los diplodocus de Jurasic Park Y se iban a comer las copas de los árboles mientras yo caminaba entre sus patas

Y aquí una de veolocirraptores. O la casa de pradera sin casa.

"Pero cari, no poses. Como si yo no estuviera. Tu a lo natural. Haciendo cosas de canguro. ¿Cómo que qué cosas? Pues tú sabrás... No sé... Salta, mira al infinito como si hubiera unas hierbas riquísimas... No sé. ¡Pero deja de mirarme!"

El puente colgante en el que me quise hacer un selfie en medio y hacerle una foto al paisaje, y no hubo huevos porque eso se meneaba que daba gusto.
!Pero desde el final sí!



Oye, Pepo, que mira, que mejor lo dejamos. He encontrado una mejor vida al otro lado del planeta. Mira, que te he dejado comida en la nevera y eso. Y que te puedes quedar con todo lo que quieras, pero que me he llevado la casa. Es que... pues que aquí se está mejor. ¡Te quiero!


"No dar de comer a los animales. Aprenden a atacar a los niños que tienen comida, y entonces nos podemos ver obligados a destruir al animal" Así, las cosas claras. Tú le quitas la comida a un nene. Yo te destruyo con un lanzagranadas.

1 comentario:

  1. Me alegro de que hallas encontrado un lugar mejor que el porche de una casa abandonada.espero que te encuentres con más gente, con más animales y menos hayas en tu camino que en hainichi.jaja
    yo tambien te quiero!!! Y que te cuiden bien lxs canguros

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