Desde la última sentada a la escritura ha pasado tanto tiempo que ya ni me acuerdo. Y el tiempo se ha llenado de idas y venidas; de historias y cuentos; de semanas que se miran y parecen meses trastocados por el pincel del tiempo y por la mano que no deja de dar vueltas a este reloj de arena. Esta arena hoy húmeda por la lluvia, que no pasa por el fino estrechamiento, y nos detiene para sentarnos y darnos la perspectiva a quien la ha perdido. Y es que es cierto que Wanaka corre en quinta marcha casi todo el rato. O al menos para mí. Si no es por la lluvia, aquí no se desacelera. El freno se pisa poquito, y hay veces que se pisa tarde. Tanto es así que en el no parar de Wanaka viene bien un día como hoy para sentarse a mirar un rato al pasado. A echar un ojo a las fotos que uno a tomado; ver un poco la agenda que uno ha gestionado; las personas que uno a conocido. Todo para darse cuenta de que estos dos meses han sido como dos vidas.
Recuerdo que bajando de Armstrong Peak, mi última aventura a remarcar, resonaban en mi cabecita lo que serían las líneas de mi próxima entrada en el blog. Como llegando a escribir las líneas en mi mente, las repetía una y otra vez. Con la ilusión de volver a escribir de nuevo en mi blog las desventuras de una caminata sonada y aparatosa, y compartirla con gente que quiere entender, saber y enterarse de lo que hago yo en estas latitudes. Pero, como digo, unas cosas y otras no me dejan parar un segundo en el suelo. No me paran un segundo en el sofá. No me dejan tomar un respiro en una silla. Wanaka tiene esa manera de ganarse tu culpabilidad en solamente un minuto que pases sentado. No me deja, no me permite parar un minuto a pasar un rato delante de mi ordenador. Wanka me grita al oído que no he venido aquí. Me dice que las aventuras están para contarse, pero obviamente a su debido tiempo. Pero nunca me deja el debido tiempo para contaros todos los relatos como es debido. Así que si es de alguna manera posible, esta vez las culpas se las echaré a Wanaka, a su gente, a mi gente… las culpas de no haber estado escribiendo antes.
Y sé que para unos es la escritura, para otros las fotos, y para aquellos otros las dos cosas mezcladas entre ratón y teclado. Y también he de decir que tampoco las fotos son las mismas, como tampoco es la cantidad. De hecho en este tomo vienen fotos cedidas por algún compañero o compañera de aventuras, por la falta de fotos propias. La fotografía, que no deja de ser protagonista en mi vida de manera bastante clara, ha dado algo de paso a la propia experiencia de los minutos y los segundos que pasó en la complejidad de estas montañas, planeando sobre mapas de papel. Echando un vistazo a nuevos mapas, nuevos lagos en los mapas y nuevas líneas de altitud que me dibujan en la mente los contornos de mi próxima caminata.
Brewster Hut - Armstrong Peak
Recientemente subí a Brewster Hut con mi amiga Michelle. No dejaba de ser una buena aventura pasada por algo de agua desde el minuto uno. Desabrochándonos las botas para pasar el primer río ya nos daba a entender que este pateo requería algo de paciencia. Una subida continua de dos horas y media nos dejaba claro que los 1000 metros de desnivel no eran ninguna broma. Al cruzar la línea de árboles y estar en la calvicie de la coronilla de aquel monte nos notábamos livianos sobre las nubes, que ya se iban disipando a esa hora de la tarde. Nos estábamos sintiendo algo más ligeros al caminar por la cresta de aquel monta que nos llevaría a la loma donde se sitúa el Refugio Brewster. Desde el refugio, y con algo de niebla, no se vislumbraba ni el cuello, ni la cara, ni el pico del sombrero de Mr. Armstrong. Y tras unos vinos y unos buenos fideos chinos de cena, nada parecía clarear. Al día siguiente amaneció ventoso, con niebla, y algo nevoso. Nos avivó el alma de aventura, pero no de la estupidez, y nos hizo bajar de nuevo evitando la crecida del río y de un pequeño temporal. Armstrong Peak nos dijo “hasta pronto”.
Dos semanas después, saliendo de trabajar a las tres de la tarde, no lo pude evitar y me fui directamente al refugio para al día siguiente intentar subir al Armstrong. Tras levantarme a eso de las 6.30 en el refugio, por supuesto que había que subir para allá. Y subir para allá suponía el seguir un camino escasamente marcado, más que por esas pilas de piedras que algunas almas bondadosas dejan encaramadas al viento y a las incertidumbres del clima, para la orientación de otros montañeros. Más que andar fue saltar entre rocas y caminar sobre un par de aislados neveros cubiertos de hielo. Música en mis oídos y cielos azules, con las nubes debajo de mí como alfombra hacia las alturas. Eso me catapultó hacia lo alto del rocoso pico, para pasar la mañana allí mismo, y ver la cantidad de misiones que a uno le salen cuando acomete una sola. Ver cuántos picos se ven desde el propio pico marcado como objetivo. Ver una laguna glaciar, El Glaciar Brewster, el Pico Brewster y El Pico Topheavy, que se quedan grabados en la agenda mental, y que ahora, cuando llego a casa, apunto con un rotulador en mi espejo, para que al mirarme cada mañana no se me olvide de tareas, misiones y aventuras que tengo que desempeñar. Que debo acometer, porque si no se pierde la perspectiva.
…y vinieron los papis
Como excusados por un hijo perdido en el Hemisferio Sur vinieron el Sr. Eloy y la Sra. Nati a explorar tierras maoríes. De aquí en adelante dejo paso a las fotos de la vida por acá.
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| Luna llena en Navidad |
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| Desde Armstrong, a más de 2.000m, observando el pico Brewster, 2.300m, como niño con botas nuevas. |
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| Las visitas de los padres nos llevó a sacarles un poco del camino marcado, y tener la suerte de dar con un lugar de ensueño para ver el Glaciar Tasman |
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| Subiendo a Armstrong me saqué una de esas fotos que quedan superbien en el Facebook, si lo tuviera |
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| Otra para Facebook |
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| Y esta para el Facebook del Bohua mayor, que también sabe pilotar aviones. Al lorito, que es cierto que lo pilotó él. En un vuelo que se llama "U-Fly", en español "Tú-Vuelas". |
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| Mount Aspiring, con el "Nariz del Papa" y el Glaciar Kitchener a la derecha (desde el avión) |
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| La Tierra tiene un Mar, el Mar Tasman, que tiene una isla, La Isla Sur de Nueva Zelanda, que a su vez tiene un lago, el Lago Wanaka, que a su vez tiene una Isla, la Isla Mou Tapu, que a su vez tiene una isla en el centro. |
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| Haciendo el gamba en la niebla "Gambas en la Niebla", la segunda parte de "Gorilas en la Niebla" |
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| La bajada en la niebla del intento de ascenso al Shark Tooth Peak |
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| Mi amiga Petra disfrutando de la bajada, ya con menos niebla y en color, desde el intento al Sharks Tooth Peak |
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-Dudas existenciales-
"¿Pues no que mamá ha ido al baño hace una hora y no ha vuelto?"
"¿Son eso gorilas en la niebla?"
"¿Has cerrado el gas?"
"¿Se te ha pasado el cumpleaños de la abuela?"
"¿Hemos pagado la última ronda?"
"¿Se está llevando el coche la grúa?"
Se aceptan más sugerencias de la preocupación que nos acechaba a los Bohúas en este barco
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Aquella del paso de cebra es tu profe de historia....
ResponderEliminar;-) un fuerte abrazo
ResponderEliminarCómo molan tus andaduras y las fotos ni te cuento! Un beso primo y felicidades! Que tu cumple no ha andado muy lejos de estas fechas! :*** Tu prima Ana
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