No
subestimes lo que un camino por el río te puede ofrecer. Lo que un
camino por el río te puede herir, cansar o hacer desfallecer. La
mañana se presenta muy helada. El aparcamiento donde empieza Copland
Track está a media hora conduciendo desde Franz Josef. El comienzo,
con temperaturas mucheo más bajas que en la ardua y calurosa Europa,
se presenta dichoso y húmedo. Un Rough Creek nos separa del otro
lado, donde divisamos el dichoso triangulito naranja que marca aquí
los senderos. Esas líneas rojas y blancas de las montañas de España
y algunas partes de Europa, que aquí se traducen en triangulitos
naranjas clavados o pegados a los árboles. El arroyo que nos separa
del alegre y llamativo equilátero no es tan arroyo. Bueno, sí es
arroyo, pues te puede arroyar cierta y fácilmente a simple vista,
aunque solamente te cubra hasta las rodillas. Su falta de color
muestra su transparencia cristalina, llenándonos de fría sed.
Después de saltar pedras, pedruscos y troncos, sorteamos las
diversas ramificaciones que nos separan de la otra orilla. Y nos
disponemos a caminar hacia nuestro destino. Son las 10 de mañana.
Empieza la serio.
Echamos
una delicada mirada atrás, al otro lado del río, comprobando que
Fury todavía sigue allí. ¿Habré apagado las luces? Fee me mira
como si me fuera a matar. Todavía estoy acostumbrado al Toledo y al
Córdoba, que pitaban al abrir la puerta. De hecho, en el Niva
también me las dejaba puestas. El agua del río que nos separa del
aparcamiento nos da frío. Todo es escarcha alrededor. Es mejor echar
a andar para alejarnos del frío y del aparcamiento, en dirección a
nuestro destino. La Welcome Flat o Los Llanos de Bienvenida. Sí, la
verdad es que suena un poco a entre Señor de los Anillos y La Gueera
de las Galaxias. El camino se adentra, húmedo y embarrado, en la
selva que ya no me sorprende. Aunque al ver las hojas de los árboles
llenas de escarcha todavía intriga pensar cómo un bosque que en mi
mente siempre ha sido tropical puede estar calado de blanco como un
pino soriano. El camino serpentea, ladeado por esta amalgama de
plantas selváticas que nos separan del Río Karangarua. Todavía no
nos cruzamos con el Copland River, que le da nombre al valle
siguiente, si no que seguimos la estela del Karangarua, tímido entre
la vegetación, y a veces invisible.
Desapercibidamente
el abandonamos el Karangarua virando discretamente al Este, y nos
topamos, después de tres horas de camino, con la belleza y la
angostura del Valle Copland. Debido a deslizamientos de tierra el
camino se dirige hacia la orilla del río “y vi que estabas muy
sola”, resbalando sobre las rocas, divisando una roca en forma de
perrito perruno y esbarándonos* (término valldeavellanesco referido
a “resbalar”) hasta encontrar de nuevo el camino. Diverso arroyos
cruzan nuestro sendero entre los árboles, y al no encontrar lecho
por el que fluir, fluyen por el propio camino dándonos la
oportunidad de probar nuestras tan maravillosas (y no tanto) botas de
montaña.
Ni una
pista de fauna salvaje. Ni los pájaros cantan, ni los árboles se
levantan. Ni un ruido en este camino que de tan selvático se vuelve
monótono. Que de tan tremendamente bello se vuelve eterno. Que de
tan verde se camufla para no volver a prestarle atención. Que de
tan... de tan largo se nos olvida que de camino se encuentra
Architect Hut. Se trata de un refugio que le encantaría a Pepo en un
“vámonos este fin de semana a un refugio de Soria”. “Pepo,
tengo una casa en Soria”. “Ya, ya, pero vamos a un refugio”.
Bueno, de esos refugios, pero mucho mejor. Un par de colchones en una
litera, una estufa, un váter. Estos kiwis se lo montan bien en este
aspecto. No verás un camino sin indicar, sin nombre, ni mal cuidado.
Creo que todo el dinero de los impuesto de la cerveza y el tabaco,
que son entre 20% y 60% dependiendo del producto, han puesto letreros
y triangulitos naranjas en todos los caminos. Y también les ha dado
para construir refugios en todos lados. La verdad es que de esta
manera todo está más accesible para más gente. No son cifras
desorbitadas las que se barajan cuando se habla de permisos de
pernoctación o refugios, lo que hacen que se puedan mantener gracias
a la ayuda del DOC (Department of Conservation), sus trabajadores y
voluntarios.
Tras
pasar Architect Hut nos dirijimos, cruzando algún que otro puente
colgante más, hacia nuestros Llanos de Bienvenida. No me había
parado a traducirlo hasta que me he puesto a escribir este post. La
altura se va notando en nuestro camino y en nuestras piernas. El
camino es arduo y, como he dicho antes, a ratos monótono, pero deja
paso a unas vistas espectaculares de los valles que de vez en cuando
surgen a izquierda y derecha más allá de los puentes colgantes.
Puentes de alambre que le dejan a uno el pecho de cartón. Es
complicado mantener el equilibrio encima de ellos para tomar las
fotos, solamente se puede pasar de uno en uno, y siempre me viene a
la cabeza esa escena de Indiana Jones cuando se rompe el puente
colgante, recordándome que me tengo que agarrar a él y me daré de
bruces contra las rocas.
Nos
adentramos de nuevo en la selva, y con ella en conversación sobre la
escarcha, la nieve y cómo una selva es jungla, si todas las selvas
son junglas, o si esto es selva, jungla, ambas, o solo selva. Es
“rainforest” en inglés, eso seguro. Y sin darnos cuenta llegamos
a Welcome Flat Hut. Y con ellos llega nuestro regalo de bienvenida
que, además de un sandwich de queso, son unas charcas se agua
caliente naturales. 4 graditos fuera. Nos damos prisa para cambiarnos
y ponernos el bañador y corremos a las piscinas. Una canadiense y un
australianos nos dan la bienvenida al puechero natural. 41 grados
dentro del agua. Nos escaldamos la piel mientras entamblamos
conversación. Nunca había estado en nada parecido. El refugio está
a un minuto, escondido entre la maleza y las vistas... Daré paso a
las fotos más adelante, como siempre. Cambiamos de charca, y la
siguiente está demasiado fría. Cambiamos de charca de nuevo y
encontramos la perfecta. El agua cubre hasta por encima de la
patorrilla. Perfecta para tumbarse y mantener la cabeza fuera. Me
pregunto por qué... Ah! Esas piedras del tamaño de un plato están
en la orilla para apoyar la cabeza. Tienen el tamaño perfecto. Fee y
yo nos tumbamos, observando las montañas y alimentándonos del sol
que está a punto de ponerse. El agua mana vapor con el cambio de
temperatura. Nuestra olla nos cuece a fuego lento y nosotros nos
dejamos. Cuando empieza a oscurecer es demasiado tarde para quedarse
más rato. No es por la hora, es por el hambre. Hems llegado y hemos
ido de cabeza al agua. Hambrientos nos depedimos de las charcas con
la falsa ilusión de que volveremos de noche a ver las estrellas. No
ocurrirá. Nos tirá para atrás el paso frío del refugio calentito
a las charca calentita. Cobardes!
La
chimenea aglutina a los refugiados. Una familia de kiwis. No de
animales, si no de kiwis-locales; otra kiwi de Franz Josef; la
canadiense, el australiano, un quebequiano y una brasileira.
Chimenea, cena, libro, conversación. Retirada tras retirada; té
tras té, nos quedamos tres gatos... bueno, el quebequiano, la
brasileira y yo, un gato, de cháchara. Ambiente de refugio. Siempre
me atrae. Buenas historias, recomendaciones musicales,
cinematográficas... Me recuerdan a aquel refugio en el Toubkal de
Marruecos. Los pies eternamente congelados. Y todavía nos queda el
peor paso, que es subir a las fresquísimas habitaciones del piso de
arriba, en el que los conductos de la chimenea no has sido
distribuidos de manera muy inteligente, por lo que solo calientan el
pasillo. Pero, de todas maneras, en un refugio de 30 camas muy bien
equipado. Y yo duermo muy bien equipado, vestido hasta las cejas
encerrado en mi saco. Y duermo del tirón. Tanto que al día siguente
no nos da ni tiempo a un bañito por tener que volver y cuadrar los
tiempos antes del anochecer.
| Welcome Flat Hut |
Imágenes muy refrescantes.Con el calor que estamos pasando por aquí. Uff!!!
ResponderEliminarJaja y no me cansre de proponer fin de semanas en refugios.como tu has dicho noches a la luz del fuego y patxarran para charlar.besos desde el caluroso verano iberico.que envidia nos das con esas estampas de frio!
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